Tribulaciones de la Clase Ociosa

Un blog de sociología y ciencia política donde revisar el funcionamiento de la sociedad, las noticias de actualidad española e internacional, así como el análisis de las múltiples dimensiones de eso que llamamos sociedad

La Guerra de los Mundos y la importancia del contexto

May 23rd, 2020
La Guerra de los Mundos es una obra maestra fruto de su tiempo, el siglo XIX.
La Guerra de los Mundos es una obra maestra fruto de su tiempo, el siglo XIX.

Publicada originalmente en 1898, esta novela de H. G. Wells pronto se convirtió en un clásico de un género que estaba siendo inventado por aquella época, con obras como Frankenstein de Mary Shelley. La ciencia ficción estaba naciendo, y dando de la mano dos conceptos que creaban nuevos tipos de historias: la ciencia y la ficción.

Así, la buena ciencia ficción se basa en introducir una serie de premisas de ficción en el interior de una visión científica del mundo. Con eso no se refiere a que toda novela de ciencia ficción se base en desarrollos científicos, Neuromante por ejemplo no trata de ese tema, sino que se basa en una comprensión del mundo tal y como es en el momento en que se escribe. Y esta pieza es clave, La Guerra de los Mundos se escribe a finales del siglo XIX. Aviso, ya de antemano, que voy a hacer algunos spoilers de la novela a la hora de analizarla aquí, entiendo que habéis tenido más de un siglo para leerla, pero si no queréis spoilers no sigáis leyendo.

¿Cómo era el mundo tal y como lo entendía la gente de finales del siglo XIX en Inglaterra? Pues, básicamente, ellos eran el centro del mismo. Reino Unido era la gran potencia, tanto a nivel tecnológico, como económico y militar. Y la Guerra de los Mundos refleja esto porque, a diferencia de la mayoría de las adaptaciones cinematográficas que ha habido, la historia transcurre en Inglaterra. Y la gente que aparece en ella se comporta como un autor de aquella época entendía que la gente se comportaría ante una crisis de tal magnitud, llevando a cosas importantes en la novela como la cuestión de la fe (tan bien retratada en el personaje del párroco) o de la enajenación ante el trauma (como muestra el soldado que cava el túnel) pero, sobretodo, la desesperación. Las filas de miles de ciudadanos británicos huyendo como mendigos de una guerra perdida… algo que se ha dado una vez tras otra con todas las guerras reales que hemos vivido y las mareas de refugiados que surgen de ellas.

Y es que uno de los pilares fundamentales de la novela no es la historia de la guerra en si, de la lucha contra los alienígenas, de la resistencia, etc. No es la parte heroica o trágica de las batallas perdidas. Al contrario, es una historia sobre la gente normal, los civiles atrapados en una catástrofe de tal magnitud que su mundo deja de tener el sentido que siempre había tenido. Una historia que si bien tiene un contexto de ficción, es la realidad de cualquier población civil que se haya enfrentado a situaciones como son las guerras entre humanos.

Además, era un mundo que no se preocupaba por el espacio. No habían llegado a la Luna, no había cohetes aún… no se preocupaban de que en Marte pudiese haber vida. La sociedad de la Inglaterra victoriana vivía vuelta hacia el interior, hacia su grandeza, a las pequeñas cosas de la vida, a su importancia y alcance mundial. La Guerra de los Mundos es precisamente una denuncia de esa forma de ver el mundo, en que nos consideramos tan importantes y tan centrales, ya que hay cosas que ni toda nuestra grandeza pueden solucionar.

No en vano, el arma más poderosa de la época era el buque de guerra inglés, representado en la novela en el Thunder Child. Y pese a todo su poderío militar y tecnológico, frente a las máquinas de guerra marcianas, el buque no puede conseguir más que una victoria pírrica antes de ser hundido sin piedad llevando con él las últimas esperanzas de poder defender la tierra. Pero, irónicamente, la vida de la propia tierra sería la que la defendería. Si bien con la llegada de los marcianos se va extendiendo por la tierra la vegetación roja que hace que Marte tenga ese color, el planeta se defiende y, allá donde los hombres no pueden vencer, las que triunfan son las bacterias que acaban matando a los marcianos que, muchos siglos antes, ya habían eliminado todas las enfermedades que existían en su mundo.

Al fin y al cabo, la importancia del contexto de la novela: se escribió mucho antes de que se hubiesen inventado los trajes espaciales, o químicos, que hacen que hoy en día nuestros astronautas no deban preocuparse de eso. De hecho, tan tarde como 1950, cuando Ray Bradbury escribe las Crónicas Marcianas, los colonizadores humanos que llegan al planeta rojo lo primero que hacen es bajar de sus naves y abrir unas bebidas, sin ningún tipo de protección porque no eran conceptos que se hubiesen inventado.

La novela de la Guerra de los Mundos está ambientada en el siglo XIX, a diferencia de todas las adaptaciones que, como mínimo, la sitúan a comienzos del XX.
La novela de la Guerra de los Mundos está ambientada en el siglo XIX, a diferencia de todas las adaptaciones que, como mínimo, la sitúan a comienzos del XX.

La Guerra de los Mundos comienza con una comparación sobre cómo los marcianos nos estudian desde Marte, del mismo modo que nosotros estudiamos a las bacterias, sin que estas se den cuenta. Y al final, son las bacterias las que nos salvan la vida y la existencia. El mensaje es esa crítica, de nuevo, a la centralidad con la que nos vemos a nosotros mismos, cuando la realidad de nuestra existencia es un frágil equilibrio con el entorno en el que vivimos, con las bacterias que hay en el mismo. No es una novela ecologista, pero sin duda se podría entender de ese modo bajo los valores actuales, aunque por entonces no les preocupasen en absoluto la polución y el calentamiento global. Y en cambio si se puede entender como una novela anti colonialismo, porque la potencia extranjera tecnológicamente avanzada que conquista a los primitivos es una realidad de la época (solo que, en vez de alienígenas, son los propios británicos conquistando colonias).

Y esta es la razón por la que el contexto es tan importante. Cada novela de ciencia-ficción se hace desde el modo en que se entiende el mundo, las preocupaciones y concepciones, de la sociedad que las hace. La Guerra de los Mundos se preocupa por la Inglaterra victoriana igual que Neuromante se encarga de la globalización y el auge del neoliberalismo, o el Fin de la Infancia se preocupa por la división y la guerra fría. Y cuando sus contextos cambian, la historia pierde sentido, como ocurre cuando tenemos una civilización marciana que invade la tierra en el siglo XX y las historias americanizadas correspondientes (a diferencia, por ejemplo, de la versión musical de Jeff Wayne, mucho más fiel a la novela). Y este problema es central, porque todas las adaptaciones que ha habido a la pantalla siempre quieren “modernizar el texto”, adaptarlo a las sensibilidades contemporáneas… y, al hacerlo, pierden el sentido original y la grandeza que tiene la novela.

La Guerra de los Mundos es, por todo ello, una historia centrada en poner sobre la mesa la relatividad de la importancia y magnificencia con la que nos vemos a nosotros mismos. Y la realidad que es la fragilidad que rodea todo lo que damos por sentado. No es la historia de la gran salvación de la raza humana, de nuestros avances o la conquista del espacio, sino la historia de todas las maravillas y peligros que encierra un universo que es mucho más grande que nosotros, tanto fuera (Marte) como incluso dentro (las bacterias).

Y es que hace más de un siglo de la publicación de la novela y seguimos regresando a ella con el tiempo, con nuevas adaptaciones como la reciente de la BBC. Y lo hacemos porque, como en toda buena ciencia-ficción La Guerra de los Mundos habla de cosas humanas, de cómo somos, de cómo éramos, de cómo nos enfrentamos a la pérdida, al caos, a la impotencia. De las consecuencias de la caída de la seguridad del mundo conocido al entrar lo desconocido de lleno y de lo pequeños que en realidad somos y lo mucho que desconocemos. Y eso, aunque se hiciese desde las sensibilidades del siglo XIX, son cosas atemporales.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de La Guerra de los Mundos?

Coronavirus, relato social y un futuro mejor

May 2nd, 2020
El coronavirus, la historia y el poder de la crisis y su narrativa.
El coronavirus, la historia y el poder de las crisis y su narrativa.

La Historia muestra que a menudo, las crisis más fuertes, son herramientas potentes de construcción de un futuro diferente del esperado. Sea el coronavirus o sea cualquier otra, las crisis ponen en tela de juicio el entramado de cada sociedad, poniendo de relieve sus deficiencias, problemas y dificultades. En respuesta, nuevas medidas se pueden tomar para garantizar que esas situaciones no se repitan, llevando a cambios en la sociedad. No se trata, así, de que las crisis sean uno de los motores del cambio social, pero si que actúan como catalizadores y aceleradores del mismo.

Uno de los mayores logros de la segunda mitad del siglo XX para la construcción de una paz ha sido la Unión Europea. Si bien esta crisis ha mostrado que los países siguen compitiendo entre si aunque sean miembros de la Unión, lo cierto es que ya no competimos de modos tan violentos y terribles como hemos hecho en los siglos pasados, e incluso a veces logramos articular respuestas comunes a ciertos problemas, aunque sea tarde y mal.

Riqueza, impuestos y desigualdad: neoliberalismo a examen

April 29th, 2020
Impuestos, explotación y riqueza de los ricos.
Los impuestos y la relación con el bienestar social.

Hacía tiempo que no me encontraba de cara con el argumento neoliberal clásico, pero hoy lo he hecho porque Diego Davila dejó un interesante comentario al respecto en la página de facebook. Allí ya le respondí en versión abreviada, pero la verdad es que es un tema que merece un post completo para analizar el discurso, sus errores y aciertos. Lo que muestra y lo que oculta, y la tergiversación clave de lo que son los impuestos y la igualdad social. Entonces vamos a comenzar por reproducir su comentario, en respuesta a este link, porque así tenemos una base sobre la que partir.

A menos impuestos. más empresas y mas ricos, a mas empresas y mas ricos, mas puestos de trabajo, mas trabajo mas dinero, mas dinero mas bienestar social.

La necesidad de formación permanente

February 25th, 2020
Los ciclos de actividad económica requieren una formación continua.
La economía cambia a toda velocidad, demandando formación continua.

El mundo avanza a una velocidad apabullante. Durante milenios, la economía se basaba en lo que hoy en día llamamos el sector primario: agricultura, ganadería, pesca… A partir del Renacimiento y, sobre todo, desde la Revolución Industrial el sector primario dejó de ser el centro para ser suplantado por el sector secundario: la industria. Para mediados del siglo XX ya dominaba el terciario (servicios) y para finales de ese siglo ya estábamos transitando hacia el cuarto (la información) como anunció Castells. El primer sector dominó durante milenios, el segundo principalmente siglo y poco, el tercero unas pocas décadas… el mundo cambia a toda velocidad.

Y es aquí donde entra la necesidad de formación permanente. En buena parte del siglo XX se impuso la idea de que había que formarse, que podíamos estudiar una carrera y luego viviríamos bien. Sobre esto se articuló la promesa de que si estudiábamos viviríamos mejor que nuestros padres, que estudiar era una sólida inversión de futuro. Cuando terminases la carrera tendrías un título y una formacion lista para una vida de trabajo estable y bien remunerado.

Las tres principales fuentes de cambio social

January 17th, 2020
El Imperio Romano es un gran ejemplo de cambio social en toda su complejidad.
El Imperio Romano es un gran ejemplo de cambio social en toda su complejidad.

Si miramos hacia atrás en el tiempo, es inevitable ver que el mundo ha cambiado mucho. Solo contando el breve tiempo en que hemos estado en la Tierra como homo sapiens sapiens, nuestro modo de funcionar, vivir, sentir, trabajar, hacer, competir, colaborar, crear… todo, ha cambiado dramáticamente un montón de veces. Las sociedades resultantes de la combinación de todas esas cosas se vuelven irreconocibles a si mismas según pasa el tiempo y cambian sus valores, sus instituciones, sus ambiciones. Ese es el resultado del cambio social.

Vivimos hoy en día en un mundo de cambio social acelerado, donde proceso se da cada vez con más frecuencia, en intervalos más y más cortos. Si la vida de un campesino medieval probablemente fuera muy similar a la de su padre y abuelo, nosotros podemos notar cambios dramáticos en la nuestra simplemente mirando 10 años hacia el pasado. Para ello, el cambio se genera históricamente (de un modo breve y simplificado) por tres vías distintas.

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