Tribulaciones de la Clase Ociosa

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¿A qué se debe el valor de las cosas? - Tribulaciones de la Clase Ociosa

¿A qué se debe el valor de las cosas?

August 3rd, 2015

valorLos economistas clásicos dicen que el valor de un objeto se encuentra en el punto donde se cruzan las dos curvas principales de la economia: oferta y demanda. Así, cuántas más personas quieren una cosa, más sube su precio, y cuántos más copias haya de esa misma cosa a la venta, más baja. Sin embargo, aunque esta apreciación es más o menos correcta en economía, lo que hace es ocultar ligeramente la base real del valor de las cosas: la escasez.

El mundo en el que habitamos es un mundo de bienes finitos: hay una cantidad limitada de móviles a la venta, una cantidad limitada de Mona Lisas, una cantidad limitada de todo lo que nos rodea. Cuánto más limitada sea esa cantidad, más valor le damos al objeto/sentimiento/idea/lo-que-sea asociado.

Pongamos un ejemplo poco tradicional de esto: el amor. Todo el mundo quiere ser amado (demanda) y, al mismo tiempo, en general la gente también quiere amar (oferta). Si la cantidad de amor ofrecido y demandado fueran los elementos principales, el amor sería algo poco valorado y fácil de conseguir: bastaría con ir a alguien que ofrezca y cogerlo, sin más. Además, como cada persona suele ser al mismo tiempo demandante y oferente de amor (osea, quiere una relación con alguien, y las relaciones suelen ser bidireccionales), debería ser sencillo de encontrar pues en principio cualquier persona soltera valdría.

Sin embargo, ¿por qué no es así? ¿Por qué es tan difícil de encontrar y se valora tanto que es el tema central de películas, novelas, sinfonías…? La razón es que el amor tiene muchos elementos adicionales a la capacidad de amar, centrados en torno a la compatibilidad de las personas: tienen que ser atractivos el uno para el otro, tener intereses que converjan, capacidad para hablar y divertirse, confianza, etc. Un montón de ingredientes concretos que cada persona tiene asignados de manera desigual: las abiertas, los tímidos, los divertidos, las inteligentes,… cada persona tiene un distinto conjunto de elementos de personalidad, lo cual hace que su compatibilidad con otras personas sea mucho más limitada.

valor 2El resultado es que, el amor de verdad (especialmente el romántico y ficticio que dura para siempre y que llamamos “amor verdadero”) es en realidad un bien muy escaso porque cada persona debe encontrar a alguien que lo ofrezca y tenga una personalidad compatible. Y, no sólo eso, sino que los patrones más deseados (inteligencia, belleza, simpatía, comprensión…) en realidad los busca mucha gente al mismo tiempo. Esto es aplicable a todo: el mundo que vivimos es uno de escasez. Los diamantes son escasos, pero también el amor, la lealtad, un Velázquez, etc.

Y es que la escasez no se basa únicamente en el objeto en concreto, sino también en la capacidad de producir más. Si yo dibujo un monigote en un lienzo, será un cuadro sin duda único, pero probablemente valga muy poco porque yo dibujo fatal. Pero, ¿esto no contradice la afirmación principal? No, porque el que sea un cuadro único no implica que sea escaso: cualquiera puede hacerlo igual o mejor y, al estar yo vivo, podría hacer muchos más monigotes. Pero un Picasso… bueno, eso es otra historia por completo diferente porque ese cuadro no sólo es único sino que es irrepetible (Picasso está muerto) y, además, no hay más de un Picasso en toda la historia de la humanidad.

Por tanto, todas las interacciones que realizamos los humanos están a menudo basadas en un concepto de escasez o limitación. Y, de hecho, toda la economía lo que busca es modelos para gestionar y distribuir esa escasez: compra/venta a distintos precios, trueque… da igual el modelo económico que sea, siempre se encarga de asignar unos bienes escasos a la gente en base a su poderío económico (hoy en día, en base a su riqueza monetaria). Infinidad de dimensiones se pueden entender desde la dimensión de la escasez, que es central a la hora de entender el funcionamiento del mercado laboral (cuanto más fácil de reemplazar sea un trabajador, menor salario y seguridad tendrá en el trabajo, por ejemplo), las relaciones entre personas (la amistad de verdad es muy escasa y difícil de encontrar y, además, requiere un largo tiempo de elaboración conjunta, de experiencias, etc.) y muchas otras dimensiones que nos rodean.

Pero, sin embargo, desde finales del siglo XX han entrado en escena elementos que aparentemente no entrarían en esta ecuación. Primero está el debate sobre todos los elementos “infinitos” como el aire respirable o la luz solar; estos son valorados poco por las personas que, generalmente, no se suelen parar a pensar en ellos salvo que los vean amenazados. El empeoramiento de la calidad del aire es, sin duda, una amenaza porque implica un aumento de la escasez a la hora de encontrar aire respirable, lo cual hace que lo valoremos más. Pero, si el aire no está amenazado, ¿carece de valor? Porque seguimos necesitándolo aunque no seamos conscientes de ello. La respuesta es que tiene un enorme valor intrínseco (mantenernos vivos), pero nosotros lo valoramos poco porque damos por sentado que lo podremos obtener en todo momento y todo lugar.

Pero hay otra situación más paradójica: la digitalización. Cuando un libro es convertido en pdf, se pueden hacer infinitas copias del mismo sin implicar una merma en el placer que cualquiera puede obtener de su lectura. Entonces, sin duda, es escaso en el sentido metafórico (no hay más Quijote que los que escribió Cervantes, por ejemplo) pero no en el real (todos podemos tener copia si queremos con un par de clicks).

valor 3Esto, que aparentemente es poco importante puede suponer un punto de inflexión inmenso en la historia de la humanidad. Hasta el siglo XXI vivimos en mundos donde lo importante era administrar la escasez y la finitud pero, a medida que avanzamos tecnológicamente, podemos ir llevando distintos elementos hacia la infinitud. ¿Libros? Todos los que quieras, sin coste alguno, cuándo y donde quieras. ¿Películas o música? Lo mismo. ¿Un cuadro? Las Lanzas de Velázquez seguirán estando en el Prado, pero puedes tener una imagen en ultra-HD colgando del salón de tu casa si tienes una pantalla donde ponerlo. Y cierto, un concierto seguirá siendo escaso para la gente que atienda físicamente, pero cualquiera lo puede ver por streaming online.

Pero, ¿y fuera del arte y los productos mentales? Las ideas siempre han sido infinitas: se crean y valoramos al creador (Marx, por ejemplo, con la idea de lucha de clases) pero luego las ideas se replican por si mismo de modo infinito a medida que la gente habla de ellas y se las transmiten a nuevas personas. Y con el desarrollo de las impresoras 3d con nuevas tecnologías y un precio cada vez menor, podemos estar pronto hablando de productos de mercado que se pueden obtener a precios irrisorios, algunos tan complejos como manos cibernéticas que reemplacen a manos perdidas, como ya hay hoy en día en modelos para impresoras 3d.

Así, lentamente, nos encaminamos a un mundo donde lo que esté producido vaya perdiendo valor porque su escasez mengua. Cualquier objeto se puede reproducir, cualquier idea, cualquier producto cultural… todos ellos, libremente accesibles a precios muy asequibles por su infinitud. Lo que seguirá siendo escaso es lo inequívocamente humano: la amistad seguirá siendo escasa porque es una relación profunda entre dos personas concretas, algo que no se replica a base de agregar más amigos en una cuenta de Facebook; y la capacidad de crear e inventar seguirá siendo infinitamente escasa y valiosa, aún cuando todo lo que esa capacidad pueda crear sea fácilmente replicable una vez entre en existencia.

Un mundo así redefine todas las nociones de valor y pone en el centro una cuestión central del transhumanismo: que en el centro de todo, como en el Renacimiento, se encuentran las personas. Ellas son lo único que no se puede replicar, que siempre será escaso porque cada una es diferente de la de al lado y ofrece oportunidades específicamente suyas. Es cierto que muchos patrones se repiten (gente extrovertida, o que le gusta el fútbol), pero la combinación concreta de todos elementos en un patrón específico es mucho más rara y, aunque no sea realmente única, ciertamente es muy escasa.

El resultado es que nos dirigimos hacia un mundo que plantea muchas cuestiones y discusiones en todo el orden social que ponen en jaque el mundo como lo hemos conocido. Desde la transparencia a la democracia y, en último caso, incluso el valor intrínseco de las cosas.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas del valor de las cosas?

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