Tribulaciones de la Clase Ociosa

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Crítica de Libro: Soft Power - Tribulaciones de la Clase Ociosa

Crítica de Libro: Soft Power

November 15th, 2011

Escrito por el experto en el tema, Joseph S. Nye, en el año 200, este libro es una perfecta introducción al análisis de este tipo de poder para los que no lo conocen, y al mismo tiempo una enorme fuente de profundidad para los que quieren entrar más a fondo en el tema. Es claro, conciso, sencillo, profundo y complejo, lleno de matices pero bien explicado, lo cual lo convierte en una lectura interesante, deliciosa, ágil y enriquecedora.

Pero, ¿qué es el soft power? Básicamente, el poder habitualmente se ha definido como la forma de conseguir que otros hagan lo que uno quiere (aunque esta definición ya está siendo rebatida y expandida, tomémosla como punto de partida). Para ello, el poder por excelencia siempre ha sido el poder físico, hacia el interior por medio del control de la violencia (sistemas judiciales, policía, etc) y hacia el exterior por medio de los ejércitos. Es el llamado hard-power.

Sin embargo, a medida que la red internacional se va haciendo más y más compleja, con más matices, actores y necesidades, el poder duro se vuelve cada vez más incapaz de dar salida a todas esas necesidades. Los ejércitos no pueden luchar contra los riesgos del cambio climático, las discusiones sobre la propiedad intelectual, o las redes internacionales del crimen organizado. Para ello hay que recurrir a otros tipos de poder, como el económico, pero en especial el soft-power.

Este consiste en conseguir que otros hagan lo que uno quiere, no porque se les obligue, sino porque se les convence de que ellos también tienen que hacer eso porque comparten situación, necesidades, o percepción del mundo. Por tanto, es un poder que se basa no en la imposición, sino en la capacidad de liderazgo y de generar vínculos cada vez más fuertes entre actores.

La clave a la hora de crear soft power estriba en la percepción. Se trata de acercar nuestros valores, objetivos e ideas a los demás, para explicarles los beneficios de las mismas y con ello, convencerlos de que los hagan suyos. Para esto, como es obvio, la clave es cómo ven ellos esos valores y objetivos, de modo que podamos operar con ellos, buscando establecer puntos en común, explicando las dudas y aclarando las confusiones. Por tanto, a diferencia del hard power, en el soft power es tan importante escuchar como hablar, porque sólo oyendo al otro podemos exponer nuestras posiciones, pues esa es la naturaleza del diálogo.

Por supuesto, el soft power tiene mucho que ver con la propaganda y la publicidad, pero no es lo mismo. A diferencia de ellas, donde la clave del proceso es convencer a todo coste, la clave del soft power es la capacidad de parecer creíble, porque sólo la credibilidad da capacidad de convencimiento real. Si la gente cree que sólo muestras las bondades de tu lado y ocultas las malas, te mirarán con recelo. Así, durante la Guerra Fría, en las redes de soft power americanas se introdujeron elementos críticos al sistema americano, que analizaban tanto sus cosas buenas como malas, y esa percepción de que mostraban “todo el cuadro” era lo que lo convirtió en un buen sistema, aunque posteriormente lo hayan ido abandonando.

¿Cómo se extiende el soft power? Básicamente, por cualquier medio de intercambio cultural: cine, música, Internet, intercambios educativos, museos, idiomas, etc. Todo ello sirve para proyectar la imagen de cada país en el exterior, y al hacerlo, contribuye a decir quienes son, qué son, qué quieren, y por qué eso es deseable. Es, por tanto, un poder que a menudo surge de un modo mucho más horizontal y democrático, y que depende no sólo de convencer a los líderes de los países, sino incluso a todas las poblaciones de los mismos. Y es que el soft power opera condicionando a toda la gente, y como toda la gente tiene poder, entonces es efectivo, aunque obviamente a menudo resulte más lento que el hard power.

¿Quienes tienen soft power? Obviamente, todos los Estados tienen este tipo de poder, aunque todos ellos en distintos grados. Los Estados Unidos son unos titanes en este tema, en gran parte por el enorme peso de sus marcas empresariales, de su cine, etc. Pero también por el enorme impacto que tiene su política internacional a la hora de transmitir sus propios valores al mundo. Esto es bueno si se usa bien, pero ha sido también un enorme problema para el país, ya que la Administración Bush y su forma unilateral de actuar dañaron mucho la imagen de los Estados Unidos en el mundo.

La gran fuerza de soft power en el mundo es Europa, que invierte muchísimo más en todos los aspectos de este tipo de poder. La propia UE es un ejemplo de soft power institucional, porque su funcionamiento interno no debe basarse en la capacidad de coaccionarse unos a otros, sino en la de alcanzar acuerdos, y el propio deseo de Europa del Este de integrarse en la UE y aceptar nuestros valores y formas de entender el mundo es un testamento claro de esto. El problema del soft power europeo es que no se encuentra coordinado, sino que cada país lo hace por su cuenta, a menudo contradiciéndose unos a otros o chocando. Esto hace que este poder tenga mucho menos efecto del que debería. Y, obviamente, las tendencias autoritarias que estamos viendo en el interior de la UE, con una Merkel y un Sarkozy decididos a construir su Europa y no nuestra Europa son una enorme amenaza para la misma, probablemente al nivel del impacto de Bush en la americana.

Por tanto, resumiendo, allá donde el mundo opera sobre paradigmas realistas de la explicación de las relaciones internacionales, el hard power tiene preferencia. Sin embargo, allá donde el mundo ha ido evolucionando en direcciones más constructivistas, el soft power ha ido ganando posiciones hasta que, cada vez más, se ha vuelto un elemento central de las relaciones internacionales. Hasta el punto de que, hoy en día, el hard power mismo está condicionado por el soft power (por ejemplo, a la hora de conseguir crear coaliciones para las guerras, o conseguir la sanción de la ONU) en una medida en que nunca lo había estado en el pasado.

Costán Sequeiros Bruna

Y a ti, ¿qué te parece este libro?

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