Tribulaciones de la Clase Ociosa

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Feminismo: ¿Juntos o Enfrentados? - Tribulaciones de la Clase Ociosa

Feminismo: ¿Juntos o Enfrentados?

February 13th, 2014

Es cierto que no saco a menudo el tema del feminismo en el blog, y la razón para ello es sencilla: no me considero ni de lejos alguien experto en el tema. Al contrario que otros asuntos sobre los que he leído más y tengo una opinión más clara, en esta cuestión hay mucha gente más cualificada que yo para hablar, y creo que les corresponde a ellos hacerlo. Sin embargo, tras leer el famoso post del blog de Feministas Ácidas, creo que me toca escribir una respuesta correspondiente mostrando por qué creo que se equivocan.

Empezaré por hacer una distinción, que creo que es importante, entre lo que considero dos visiones distintas y opuestas de lo que es el feminismo, pero que a menudo son englobadas juntas porque aparentemente luchan contra lo mismo: el final del patriarcado.

Por un lado, tenemos el feminismo como tal, que considero la lucha contra la abolición de todas las desigualdades fruto de las diferencias de género en el seno de la sociedad: igualdad de derechos, de oportunidades laborales, de respeto. No implica que hombres y mujeres sean iguales, sino que sus diferencias deben ser respetadas, pero sin que impliquen la sumisión de ninguno de ellos al otro. El principio sobre el que se basa esto es la justicia, porque la sumisión de cualquier persona a otra es injusta.

Del otro lado está lo que, para este post, voy a llamar el hembrismo, que normalmente significa la lucha por invertir la relación de dominación: de la dominación del hombre, a la dominación de la mujer. A menudo se argumenta que sólo así se consigue la justicia, y que así los roles podrán reconstruirse desde una historia común de dominación y de sumisión aunque haya sido en distintas épocas, pero el precepto que rige esto sin embargo no es otro que la venganza.

Así, el hembrismo trata de aplicar la justicia del Antiguo Testamento, o de la Ley de Hammurabi, cuando esta decía que “si tú matas a mi hijo el castigo es que yo mate a tu hijo”. Sin embargo, la justicia ha cambiado mucho desde los tiempos bíblicos, y desde el siglo XX ha evolucionado hacia un paradigma donde lo que se busca no es el castigo, sino la reconstrucción del delincuente y su reinserción en la sociedad como persona útil a la misma. Y por este camino nunca logra eso, porque el odio y la violencia sólo engendran odio y violencia. Como dijo Gandhi: “ojo por ojo y el mundo acabará ciego”.

Pero, diréis con algo de razón, ¿qué tiene esto que ver con la denuncia de las Feministas Ácidas con respecto a los machitos que van con ellas a las manifestaciones feministas? La respuesta es que tiene mucho que ver, porque igual que hay dos formas en que se puede entender el feminismo, hay dos formas en que se pueda entender la presencia de los hombres en esas manifestaciones.

Por un lado, están aquellos que sólo van a “hacerse la foto”. Es típico de los partidos y figuras políticas, que aparecen sólo para decir lo comprometidos que están con la causa pero que realmente han hecho poco por la misma. Buscan así apropiarse del mensaje del movimiento social, o como mínimo de unirlos a su imagen, de modo que su mensaje se junte a ellos y les traiga votos en las elecciones inminentes (siempre hay elecciones inminentes para un político). En la crítica a la presencia de esta gente en las manifestaciones feministas, o cualquier otra, estoy completamente de acuerdo, pues es un cinismo mayor estar sólo como figurante sin realmente ser parte del movimiento social ni defender (cuando, además, tienen los medios para hacerlo) sus reivindicaciones.

Sin embargo, por otro lado, hay una participación genuina de hombres que consideran que la situación de sumisión de la mujer es injusta. Porque no sólo las mujeres pueden ser feministas, igual que los primeros en defender la abolición de la esclavitud públicamente no eran los esclavos (que no tenían voz).

Y aquí voy a hacer un pequeño salto argumental, antes de regresar a esta breve y simple cartografía. El feminismo, como movimiento social e ideológico, busca una redefinición de la forma en que el género se emplea en cada sociedad. Entiendo por género la construcción social en que cada sociedad articula la diferencia biológica entre hombre y mujer (reducible, si queréis, a la expresión más básica codificada en su genoma). El género, sin embargo, no es biología, sino lo que la construcción que cada sociedad hace sobre esa biología: las sexualidades aceptadas o no, las labores que corresponden a unos u otros, el poder que tienen, etc. Toda esa diferenciación de género es contingente, y depende de cada sociedad articularla de una u otra forma, variando así en el tiempo y en el espacio.

A lo que voy con esto, regresando a la tipología y al post original, es que el género es una construcción no de las mujeres, sino de toda la sociedad. Si el movimiento feminista quiere redefinir el género (bien bajo la perspectiva feminista o hembrista), tiene que cambiar la forma en que el conjunto de la sociedad considera que deben manejarse las diferencias biológicas subyacentes. No basta con concienciar a las mujeres, sino a todo el mundo, en el intento de que los cambios en las percepciones produzcan cambios sistémicos que modifiquen las relaciones de producción, el código legal, las formas de interacción, etc. Se trata así de cambiar las subjetividades de las personas, para con ello producir cambios intersubjetivos que modifiquen el mundo.

Obviamente, en esta lucha, los hombres que van a hacerse la foto sirven de poco, si acaso de algo. Su cinismo y oportunismo político no duran, y carecen de la fuerza necesaria para ir cambiando la forma en que el mundo funciona porque al día siguiente estarán en otra causa con tal de salir en los periódicos. Pero los hombres que si que van a la manifestación porque consideran que esa manifestación es justa, y que comparten los valores que la sostienen, son tan importantes como las mujeres a la hora de llevar a cabo la lucha social por el cambio de percepción y mentalidad de la misma.

Obviamente, no estoy diciendo que cuando un hombre va a esa manifestación esté solicitando para si el derecho a decidir si la mujer aborta o no. Pero es que los hombres también pueden estar de acuerdo con que sea la mujer la que tiene que decidir al respecto porque es ella la más afectada, porque es su vida y su útero (por usar el slogan).

Entonces, si tenemos un tipo de hombres beneficiosos para el movimiento y otro nocivo, lo mismo podemos tener con las mujeres. Las hembristas, en la medida en que luchan por tomar el poder del que carecían, siempre serán enemigas del hombre en la medida en que este no va a querer ser sometido. Más allá de la justicia poética de imaginar que se restaura el equilibrio al someter al hombre tantos siglos como este haya sometido a la mujer, la realidad es que no es así, porque ni los hombres son los mismos ni las mujeres lo son. Es una ficción útil sólo como mecanismo de revancha, e inevitablemente lleva a un enfrentamiento entre ambos que sólo puede acabar cuando uno de los dos lados imponga su dominio sobre el otro y reiniciemos el ciclo de desigualdades e injusticias en el que hemos vivido inmersos hasta ahora.

Sin embargo, el feminismo no hembrista si puede beneficiarse enormemente de la colaboración de los hombres afines ideológicamente a la hora de reconstruir la ideología de la sociedad e ir destruyendo las desigualdades a la hora de concebir y construir el género. Juntos siempre se tiene más fuerza que separados, y juntos es cómo se puede conseguir una solución real, en la medida en que involucra a ambas partes de la sociedad en la construcción de algo nuevo en lo que ambos estén de acuerdo, en lugar de enfrentarse por mantener vivo lo antiguo, el dominio de unos sobre otros (sean hombres o mujeres los que estén arriba).

Vivimos en un tiempo de muchos cambios, un nuevo mundo está naciendo cada día, y realmente tenemos la opción de poner los pilares de sociedades nuevas, más justas, donde las diferencias de poder sean menores. Sin embargo, eso sólo es posible si dejamos de lado aquello que nos divide innecesariamente, y construimos juntos cosas con las que todos estemos de acuerdo, que sean más justas y menos desiguales. El conflicto hembrista/machista/postureo no nos lleva más que a mantener las desigualdades con otros nombres, pero de la alianza entre feministas y “feministos” puede salir algo fuerte, realmente capaz de cambiar la sociedad y reformarla.

Costán Sequeiros Bruna

PD: gracias a mis amigos Héctor Puente y Yuridia Moncholi, pues al debate con ellos corresponden gran parte de las ideas aquí expresadas, ya que ellos conocen el tema mucho mejor que yo. Sin embargo, ellos no son responsables de las palabras aquí expresadas, que sólo recogen mi opinión.

Y tú, ¿qué opinas de este conflicto?

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