Tribulaciones de la Clase Ociosa

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¿Interés público o privado? La campaña contra las falsificaciones

December 9th, 2019
La campaña del Ayuntamiento de Madrid contra las falsificaciones disimula los intereses que realmente tiene.
La campaña del Ayuntamiento de Madrid contra las falsificaciones disimula los intereses que realmente tiene.

Iba el otro día caminando hacia la escuela donde doy clases cuando me crucé con una marquesina que tenía uno de los anuncios de la campaña del vídeo, en contra de la compra de falsificaciones. En el momento iba con prisas y no me pude parar, pero me quedé dándole vueltas a la cantidad de cosas que están mal en esa campaña, en la cual claramente se pasan como públicos lo que en realidad son intereses privados.

El foco de la campaña está puesto en tres asuntos concretos: salud, economía/hacienda y empleo. Es una campaña del Ayuntamiento de Madrid (actualmente en manos del PP) lo cual implica que se entiende que los tres elementos se entienden como bienes de interés público. Y eso, en las tres dimensiones, es como mínimo discutible. Veamos por puntos los argumentos que se esgrimen, y cómo ellos disfrazan la realidad.

El primer punto en el que se centran es la salud. El argumento que esgrimen es que los productos falsificados no han pasado por las pruebas de calidad y salud requeridas para los originales, algo especialmente importante en cuestiones de productos químicos (como cosméticos) o relativos a la salud (como las gafas). De las tres dimensiones que aborda la campaña, esta es la única realmente pertinente para los intereses públicos, pues es innegable que la salud de la ciudadanía es un bien público de primer orden (de ahí que haya sanidad pública). Y, aún así, solo en ciertos casos, pues es improbable que por ejemplo un bolso falsificado suponga una amenaza para la salud pública.

Economía es la segunda dimensión, una que trata profundamente de disimular los intereses reales tras la campaña. Aducen que se pierden 157 millones de € en el sector comercial debido a la falsificación de productos, y sin duda me gustaría saber de dónde sale ese número. Pero aún aceptando la cantidad dada por el Ayuntamiento como válida, sigue ocultando dos cosas importantes:

-Primero, la gente compra la falsificación no porque no quiera el original, sino porque no se lo puede permitir. Son las clases más bajas las que, bajo el bombardeo de todo lo que se supone que deben comprar para demostrar su éxito en la vida, las que compran estos productos como manera de acercarse a lo que querrían ser. Esto implica que difícilmente hubiesen podido comprar los oríginales, de modo que ese dinero que va destinado a comprar falsificaciones no hubiera llegado tampoco a los vendedores originales, simplemente se habría gastado en otras partes. Se perderían los 157 millones igualmente, y la gente se quedaría sin la pequeña satisfacción de tener algo similar a lo que realmente les han inculcado que quieran.

Pérdidas económicas como argumento para defender sus intereses
Pérdidas económicas como argumento para defender sus intereses.

-Segundo, porque hay una cuestión que ignoran a drede de mercado y libre competencia; así, es irónico que viviendo en un mundo neoliberal como a ellos les gusta, no entiendan que no es una cuestión de los poderes políticos hacerles las campañas a las grandes corporaciones. Al final, siempre se quiere que los poderes públicos se encarguen de aquellos intereses que las corporaciones no quieren pagar de sus bolsillos pero cuyos beneficios si quieren. Y es que esa es la realidad: los productos que se falsifican son los de las grandes marcas, como Nike, que ya de base han inflado enormemente los precios porque sus productos “son de marca”. Eso es lo que da sentido a las falsificaciones, ya que otras empresas son capaces de producir bienes similares a un precio infinitamente inferior, demostrando que el precio real de esos productos dista mucho de ser el que las marcas fijan. Es obvio que el precio superior de las marcas cubre costes que ellas tienen y los productos falsificados no (pruebas de sanidad, investigación y desarrollo, impuestos, publicidad…), pero aún teniendo esto en cuenta la realidad es que esos precios siguen siendo muy superiores a lo que corresponde realmente a la producción de esos productos que, además, se ha externalizado a países pobres para abaratar aún más. Si a las grandes corporaciones les gusta tanto el libre mercado y eso como propugnan, que acepten la base de las leyes económicas de libre mercado: la competencia, la oferta y la demanda – si quieren vender más, que bajen los precios.

La dimensión económica entronca con la fiscalidad. Según el Ayuntamiento, la venta de productos falsificados supone de 13,2 mil millones de € en toda la UE. Empecemos por el principio, Hacienda es una de las responsabilidades del Gobierno, no de los Ayuntamientos, y el hecho de que se usen datos agregados de la Unión Europea es claro que busca usar un número muy grande para que la campaña publicitaria sea impactante, o bien ocultar que desconocen cual sería la cantidad que corresponde a España.

Y aún asumiendo esa cantidad como válida, sigue siendo una cortina de humo para ocultar las realidades que importan. Las falsificaciones no suponen el verdadero problema de la evasión fiscal en el país, sino que lo son las grandes empresas, los millonarios, los bancos… que usan toda clase de herramientas como: paraísos fiscales, domiciliación en países de menor carga impositiva (Irlanda por ejemplo), contabilidad creativa, etc. a la hora de evadir impuestos. Solo en España, se calcula que evaden 50-60 mil millones de € al año, una cantidad mucho mayor al agregado de todas las falsificaciones en la UE. Cuando ha habido filtraciones, como los Papeles de Panamá, rápidamente son ignorados por la Hacienda o se limita su investigación a unos pocos nombres de famosos millonarios, cuyos fans rápidamente corren a decir que no es para tanto. Con ello, lo que se ve es que el Ayuntamiento no hace una campaña real contra la evasión fiscal que es uno de los principales problemas de buena parte de los países del mundo debido a la globalización económica, sino que defiende los intereses parciales de los más pudientes, atacando a la falsificación e ignorando que los verdaderos evasores son aquellos a los que está defendiendo.

Finalmente, queda la cuestión laboral. Según el Ayuntamiento, las falsificaciones implican que se pierden 53500 empleos al año en industria, suponemos que se refiere a la industria española y no son datos agregados europeos. Asumiendo que esos datos fueran reales, dado que las fuentes de todas estas estadísticas no sale siempre identificada, seguiría siendo una imagen perfectamente sesgada para ocultar la realidad. La realidad es que el principal tejido industrial del primer mundo se está debilitando desde hace décadas, a medida que las empresas mueven sus fábricas de los países desarrollados donde es más cara la mano de obra, a aquellos en vías de desarrollo con sueldos más bajos. La producción de la ropa de Zara en Asia es un buen ejemplo de esto. Cuando una empresa mueve sus fábricas de un país a otro no solo se van los empleos directamente generados por esas fábricas, sino todo el repertorio de servicios que había en torno a ellas (las cafeterías cercanas, empresas subsidiarias con contratos como la limpieza, etc.), haciendo que la cantidad de pérdidas laborales sea mucho mayor. Pero claro, esos empleos cambiados suponen mayores beneficios económicos a las grandes empresas, de modo que son las primeras interesadas en hacerlos, mientras que los empleos que se puedan perder por las falsificaciones a ellas les da igual (quizás incluso hasta les beneficien, más paro implica mayor competencia por los puestos laborales, lo cual favorece la precarización de los mismos), pero es un argumento potente para esconder sus intereses reales.

Pérdida de empleos como manera de argumentar sus intereses
Pérdida de empleos como manera de argumentar sus intereses.

Y todos estos argumentos, van unidos a una culpabilización del que compra estos productos. “No seas cómplice, sólo ganan las mafias” es el slogan de la campaña, un mensaje con un interés muy claro: poner el énfasis de la responsabilidad de la situación en el consumidor. Los precios no son culpa del comprador, la falta de pruebas de seguridad no son culpa del que compra estas cosas, ni lo es los empleos perdidos ni la fiscalidad perdida. La existencia de este mercado es culpa de las grandes empresas que han creado un producto inaccesible y estafan repetidamente a la Hacienda pública, ellos son los culpables de verdad. Culpar a la ciudadanía solo busca hacer sentir mal a quien no tiene más opción que consumir estos productos peores ya que no puede acceder a los mejores.

El resultado de todo ello es que el Ayuntamiento del PP ha disimulado bajo el aspecto de una campaña de interés público, lo que claramente es el interés particular de las grandes empresas. Con esto no quiero decir que todos deberíamos comprar productos falsificados ni nada por el estilo, pero si que hay que tener mucho cuidado cuando se ven campañas publicitarias que bajo el aspecto de defender el interés público, en realidad defienden otros intereses.

Y es que, puede que haya ciertos beneficios en que desaparecieran las falsificaciones (como la mejora de la salud cuando corresponde) pero la realidad es que es un mercado que existe porque las grandes empresas lo han querido. Cuando han bombardeado a la población con la idea de que tiene que comprar ciertas cosas para tener autoestima, para tener una buena vida, para tener éxito… o cualquier otra idea, lo han hecho sin tener en cuenta quienes podían y no podían pagarlo. Han creado deseos y necesidades en la población, que la población no tenía modo alguno de satisfacer debido a los precios exorbitados que ellos mismos pusieron a esos productos, y porque el valor de marca es hoy en día más importante que la venta en si. El resultado es que las grandes marcas han dejado atrás a los pequeños consumidores, y ha surgido un mercado que se encarga de proporcionar bienes que cubran parte de las necesidades que esas campañas publicitarias han generado. ¿Son la mejor opción? Sin duda no. ¿Pero es un problema público, habiendo tantas otras ramificaciones más importantes que los poderes públicos ignoran? En ese caso, me temo que no, o al menos no es un problema acuciante.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de los intereses que se esconden tras campañas como esta?

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