Tribulaciones de la Clase Ociosa

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La Importancia de la Demografía - Tribulaciones de la Clase Ociosa

La Importancia de la Demografía

September 15th, 2014

Desde hace muchos siglos, los gobiernos, Reinos y Estados han dedicado infinidad de esfuerzos a contar cuantos habitantes tenían sus territorios. Hoy en día contamos con censos muy acertados de las poblaciones más estables de muchos países del mundo y, aunque la inmigración ilegal/oculta pueda distorsionar la imagen, el resultado sigue siendo una imagen bastante acertada de la población del mismo. Y a raiz de esta imagen han sonado numerosas alarmas en todas partes, alertando de los riesgos que plantea la demografía para nuestras sociedades como las conocemos. Pero, ¿cómo puede ser que haya riesgos simplemente por el número de habitantes?

Para empezar, la clave es que ningún Estado ni Reino tiene sentido sin la población que lo habita. El número de habitantes determina cuánta gente puede trabajar en la industria o los servicios, condicionando así directamente la capacidad económica del país; también condiciona cuánta gente puede ser reclutada para el ejército, y con eso su capacidad militar, lo cual impactará directamente en su capacidad diplomática; y la cantidad de científicos que produce es la clave para el avance científico del país. Estos son sólo algunos ejemplos, pero sirven para ilustrar el punto.

Por supuesto, ninguna de estas categorías está únicamente determinada por la población, es cierto; así, el nivel tecnológico del país determina la productividad de cada trabajador, la eficacia de cada soldado y las posibilidades de investigación de cada científico. Pero qué duda cabe que de poco sirve tener un nivel tecnológico muy alto si no hay una población que lo pueda emplear.

Sin embargo, la demografía no se reduce únicamente a contar ciudadanos, sino a ver quienes son. No es lo mismo que haya muchos hombres que muchas mujeres, por ejemplo, ya que esta relación determina cuántos hijos se pueden producir. Ni que haya mucha población joven y capaz de trabajar que mucha población mayor, demasiado cansada como para hacerlo. O que nazcan más personas de las que mueren, o al contrario mueran más de las que nazcan.

Estas cosas, y más, condicionan la estructura poblacional de un país y, con ello, gran parte de sus posibilidades de desarrollo. Así una población envejecida va a suponer un alto gasto en salud y en pensiones que tendrá que cubrir una población en edad de trabajar más escasa; y que nazcan menos niños del número de sus padres (osea, un hijo o menos por pareja) implica que la población va a descender si no se reciben inmigrantes.

El resultado de todas estas ecuaciones son los cálculos de las posibles dinámicas que siguen las sociedades de cara al futuro, porque los procesos demográficos son procesos a largo plazo: un niño requiere 18 años para llegar a ser adulto, pero sabemos a ciencia cierta que irá cumpliéndolos a un ritmo constante de 1 cada año a menos que la desgracia se cierna sobre él. Y una mujer tiene una cantidad concreta de años de fertilidad, entre su primera regla y la menopausia, que también condiciona la cantidad de niños que nacerán. Y así con todo.

Por eso, en demografía existen muchas proyecciones de futuro y, con ellas, se habla de la transición demográfica que se produce en las sociedades del primer mundo y, cada vez más, en las del mundo en vías de desarrollo. Este es el proceso por el cual, a medida que la sociedad se desarrolla y las mujeres se incorporan al mercado laboral, la cantidad de nacimientos se va reduciendo; parejo a esto, debido a los avances en medicina, la gente cada vez vive más años. El resultado es que la población envejece cada vez más, y queda menos gente en edad de trabajar que debe mantener a una población creciente de gente dependiente.

Y ese es el primer riesgo que la demografía pone sobre la mesa cuando habla de nuestro futuro. Si no es por el aporte migratorio que rejuvenece nuestras sociedades, nuestro modelo de sociedad de bienestar se encuentra con que cada vez hay menos contribuyentes que sostienen un estado social que cada vez requiere más fondos para atender a una población dependiente mayor. Lo cual requiere nuevas fórmulas de recaudación y una mayor eficacia a la hora de tratar la Hacienda y la productividad de las empresas… o bien recortes que eventualmente destruyan eso que tanto ha costado construir. Es cierto que los recortes son una solución al problema, pero sólo en la medida en que aceptemos perder un Estado social que ha sido nuestro mayor logro en toda la historia.

Otro riesgo que plantea la demografía es el desequilibrio mundial de la población. Hoy en día, la población de Estados Unidos está estancada, mientras que Europa pierde población. La china y la rusa se mantienen aunque envejecen rápidamente, y la india pronto seguirá ese camino. En cambio, la población africana sigue creciendo rápidamente, pese a las guerras y las epidemias, y presiona por entrar en la fortaleza europea igual que la población latinoamericana quiere cruzar la frontera con Estados Unidos. Esta presión migratoria es la base de flujos muy fuertes y crecientes de los países pobres a los ricos, y la respuesta de las políticas destinadas a reforzar las fronteras y el crecimiento de la xenofobia ante el miedo a la “invasión” cuando, en realidad, la aportación de población joven e inmigrante es necesaria para muchos países.

Estas y muchas otras cuestiones (como las pandemias, los tratamientos de fertilidad y los métodos anticonceptivos, los cambios en el estilo de vida y el mercado laboral, etc.) inciden todas directamente en la demografía y esta en la posición de cada país en el mundo. Porque, como dije al principio, el tamaño demográfico de un país condiciona su economía, su ciencia, su poderío militar…

Vivimos en un mundo donde las cuestiones demográficas son cada vez más importantes y plantean preguntas vitales. ¿Cómo conseguimos mantener un Estado de Bienestar viable? ¿Cómo favorecemos la integración laboral de la mujer sin que perjudique demasiado la natalidad? ¿Cómo combatimos el envejecimiento y las pandemias de modo efectivo? Muchas de estas preguntas, sin duda, se pueden resolver con las herramientas que tenemos… pero muchas otras van a requerir nuevas herramientas, nuevas ideas, nueva sociedad y nueva política. Estamos, como siempre, ante un mundo que cambia y un mundo que nace, con todo lo que ello implica.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de los retos que plantea la demografía?

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