Tribulaciones de la Clase Ociosa

Un blog de sociología y ciencia política donde revisar el funcionamiento de la sociedad, las noticias de actualidad española e internacional, así como el análisis de las múltiples dimensiones de eso que llamamos sociedad

La moción de censura de Vox

October 23rd, 2020
La moción de censura de Vox no buscaba realmente cambiar el gobierno.
La moción de censura de Vox no buscaba realmente cambiar el gobierno.

Estos días hemos asistido a lo que oficialmente es el intento por parte de Vox de derribar un gobierno y sustituirlo por otro, siguiendo los caminos democráticos para ello. En contra de lo que se dijo en su momento de golpismo y demás en torno a la moción de censura que pone fin al anterior gobierno popular, es una vía perfectamente válida y perfectamente democrática (al menos, si consideramos lo que tenemos una democracia y no la partitocracia que he defendido a menudo que es). Sin embargo, esta moción es extremadamente diferente a la anterior en el punto clave: el objetivo a alcanzar.

En España, la moción de censura es de caracter constructivo. Esto no significa que el debate tenga que ser civilizado o con ideas propositivas de caminos para mejorar, sino que lo que se vota es la sustitución de un gobierno por otro específico. En este caso, la sustitución del PSOE por Vox. Si se tratase de una moción que llevase simplemente a la convocatoria de nuevas elecciones, el análisis sería muy diferente, pero no es el caso.

Esto lo que implica es que, desde antes de siquiera empezar el primer minuto de debate, sabemos el resultado del mismo: Vox no tiene los escaños para ganar la moción de censura ni viabilidad alguna de conseguir los apoyos necesarios para ello. La moción de censura, entonces, no se puede analizar o entender en términos de éxito/fracaso en relación con derribar el gobierno, eso no importa porque ya sabemos que no va a ocurrir, sino que la lógica va por otro lado.

Y vamos a empezar por lo que dijo Pablo Iglesias a la hora de analizar lo ocurrido: la moción de censura no es al gobierno, es al PP. Es una lucha por parte de Vox para tomar el control de la oposición al menos ante la imagen pública, forzando al PP a retratarse como esa “derechita cobarde” que se pone del lado del PSOE en vez de oponerse a él. Por mucho que Garriga Vaz comenzase la moción de censura diciendo que no es un acto de marketing, en buena medida es exactamente eso. Entonces cojamos primero ese punto de partida.

Moción de censura como campaña de marketing

Abascal propone una moción de censura cuyo objetivo es controlar a la derecha, no al partido en el gobierno.
Abascal propone una moción de censura cuyo objetivo es controlar a la derecha, no al partido en el gobierno.

Para entender el resultado de este ámbito, como en cualquier otro, hay que entender primero los objetivos que los actores se han fijado. Vox quiere destronar al PP como la principal fuerza de la oposición ante la opinión pública, la del cambio que necesita España para defenderse de verdad ante la dictadura de los progres como no se cansó de decir el propio Abascal. Un discurso lleno de mensajes sobre el miedo (a la diferencia, al cambio… azuzada con referencias a criminalidad y demás) así como la defensa del Estado Nación (por ejemplo, en contraposición a Europa) y de ciertas instituciones (la policía, el Rey…). Todo para retratar al gobierno como fallido, como alijo de extremistas destinados a destruir el país, y que solo Vox tenía el valor épico de atreverse a confrontar en el Parlamento, pues la izquierda se estaba apropiando de las instituciones (jueces, CIS, etc.) para llevar adelante su agenda ideologizadora sobre género y otras ideas (encajando aquí con el miedo) y otras teorías conspiratorias (como Soros, o datos falsos sobre cuestiones como criminalidad, etc.). Con todo lo cual enganchar con una idea del retorno a unas posiciones realistas en relaciones internacionales, disfrazadas como una lucha contra el multilateralismo y las instituciones internacionales fuertes (por cierto, Abascal, el sueño fundacional de la UE es ser federalista, está recogido en la Declaración Schumann que da comienzo a la CECA) que resuena, como muchas partes de su discurso, con el populismo de Trump. Alguien al que no solo expresamente admiran como dice Abascal en algún punto, sino de quien han copiado el manual de cómo hablar en público a base de mentiras, falsedades y descalificaciones: que si todo es ETA, que si las FARC, que si China…

Pero todo eso es el discurso oficial y previsible de Vox. Si la realidad del enfrentamiento es con el PP, es mucho más interesante la réplica que Abascal le dio a Casado en la segunda sesión, al decirse “sorprendido” de lo que el PP estaba defendiendo y su equidistancia. Vox busca retratarse como el cambio de verdad que necesita España ante un gobierno terrible y destructivo lleno de traidores (la intervención de Rufián enumerando el número de veces que Abascal usó esa clase de palabras es bastante elocuente al respecto). Un cambio profundo en el cual no valen las medias tintas, la derecha tiene que ser derecha de verdad, y no faltaron las nostalgias de la dictadura e incluso alguna referencia al Reich.

En respuesta, Casado quiso darle un giro al PP que, tras las últimas campañas, ha estado derivando cada vez más a una derecha más extrema. Así que, en una intervención bastante clásica, Casado aprovechó la moción de censura para reivindicar la posición de centro-derecha para el PP, ahora que Ciudadanos casi ni existe. En este sentido, este cambio puede servir para intentar atraer votantes de Ciudadanos, pero al mismo tiempo ha jugado perfectamente dentro de lo que Vox quería, que era ese mensaje más blando y neutral que luego ellos poder atacar como “derechita cobarde”. O, en este caso, equidistante. Si Casado, con su intervención, ha logrado o no reunir de nuevo en el PP el voto que Vox y Ciudadanos fraccionaron en la derecha (y que él mismo reivindicó como propio) es algo que aún faltan años para constatar, pero sin duda ese era su objetivo.

La alianza en el gobierno da una respuesta previsible en la moción de censura.
La alianza en el gobierno da una respuesta previsible en la moción de censura.

En frente, en la campaña del gobierno y coalición, el discurso estaba claro: pluralidad, respeto a la diferencia, amor frente a odio, servicios públicos, reconocimiento al personal sanitario, gasto público, feminismo, etc. El recetario habitual de los discursos de izquierda, amparados en la situación de emergencia que pasa el país. Como la moción de censura en realidad no iba contra ellos, sino que era una lucha en la derecha, la izquierda aprovechó para hacer meeting de campaña, como quien dice, sin que realmente hubiese margen para la sorpresa aquí. Dijeron lo que se esperaba, especialmente en el caso de Sánchez que se notaba el peso de los discursos preparados en vez de la verdadera capacidad para debatir, y se ampararon en su gestión y objetivos de gobierno para dejar que la derecha se pelease entre si. El resultado es que la izquierda pudo aprovechar la moción de censura para dar una imagen de unidad en torno a un proyecto en marcha, contrarrestando así la imagen de las numerosas brechas y desencuentros que se han ido dando en el interior de la misma desde que se formó.

Y es que en este sentido, la derecha se lo puso fácil. Los ataques desde el otro lado eran los esperados, que si comunistas, que si liberalismo de mercado, que si la bandera y el Rey… La retahila frecuente que uno se encuentra a lo largo de las intervenciones parlamentarias desde que el gobierno se formó, y que son el pan nuestro de cada día a estas alturas.

Moción de censura como conflicto por el control de la sociedad civil

Pero hay otra forma de entender todo esto, radicada no en lo que ocurre en la Cámara sino lo que esto proyecta al exterior. Una de las piezas importantes de esta moción de censura es que, cronológicamente, no tiene sentido. Vox no puede ganar, así que no tiene sentido una moción de censura temprana para formar un gobierno alternativo que dure varios años. Al mismo tiempo, no tiene sentido como maniobra electoral, porque no hay elecciones nacionales a la vista. Tampoco tiene sentido contextual, el contexto es una situación de crisis sanitaria que demanda la unidad de las distintas facciones en el poder para tratar de buscar una solución a la pandemia, no una lucha interna política que divida las posibilidades de conseguir una respuesta eficaz. Ni siquiera como estrategia para presentar su candidato a Cataluña (al que sí trataron de destacar) pues resulta irrelevante en este momento. ¿Entonces, por qué se hace?

La clave es la movilización. Naomi Klein muestra en su libro La Doctrina del Shock, cómo las grandes crisis desmovilizan a la ciudadanía. Cuando su propia supervivencia se ve amenazada, la gente a menudo recurre a centrarse en sobrevivir y enfrentarse a la amenaza, dejando de lado cuestiones menos apremiantes. Así es cómo se introdujeron las medidas neoliberales aprovechando las diferentes dictaduras de Latinoamérica, o en Nueva Orleáns tras el Huracán Katrina.

Vox aprovecha la moción de censura para movilizar su electorado.
Vox aprovecha la moción de censura para movilizar su electorado.

Sin embargo, Vox no tiene el poder para poder aprovechar la crisis actual para intentar imponer sus medidas, así que no la puede instrumentalizar de ese modo. Y curiosamente, la crisis actual aunque ha desactivado socialmente a muchos colectivos, también ha dado un mayor vigor a otros, como muestran las diferentes reacciones a la sanidad pública que tuvimos al inicio del encierro: aplausos contra cacerolas. Esta crisis no es una crisis a la que la gente se pueda enfrentar de ninguna manera, no puedes luchar contra ella, es un virus. Así que no ha producido la desactivación social que otras crisis han tenido sino que, al contrario, ha dado tiempo para que la gente (encerrada en casa) pueda pensar, discutir, enfadarse, preocuparse, etc. Porque, sin duda, hay motivos sobrados para todas esas emociones.

Vox se alimenta, como todos los partidos, de ciertos elementos identitarios en la población. Por mucho que Abascal intente defender que la izquierda ha sustituido el conflicto de clases desactivado como describe Fukuyama (ignorando que Fukuyama, en su tesis del fin de la historia, ha sido contradicho y demostrado como erróneo por sectores enormes de la ciencia política que muestran que vivimos en uno de los periodos más ideológicos de la historia) por un conflicto identitario entendido por adscripciones como género, orientación sexual, etc. Ignorando a drede que cuando él comienza sus meetings con Cara al Sol está apelando a la identidad de sus potenciales votantes, del mismo modo que cuando Podemos habla en femenino en sus discursos.

Las emociones que alimentan a los distintos partidos son, sin embargo, muy diferentes. Los partidos del centro, PP y PSOE principalmente, se alimentan del deseo de estabilidad, de continuidad, de tranquilidad. Unos con sus discursos económicos centrados en el bienestar de las empresas y la reducción fiscal, los otros con el discurso más social de reformas progresistas pero moderadas. Ambos juegan con cambiar las cosas pero lentamente, pasito a pasito, nada radical. En la medida en que la sociedad española se vea dominada por ese abanico de emociones, normalmente sus discursos serán eficaces a la hora de movilizar al electorado y ganar escaños y proyección pública.

Podemos se nutre de la indignación de la que surgió inicialmente el partido, que se encontraba ya en la base de Izquierda Unida. La idea central es que el mundo actual perpetúa una serie de desigualdades que hay que combatir, pero construye sobre ese discurso deslegitimador del status quo una propuesta basada en la esperanza: podemos crear un mundo mejor. En la medida en que la sociedad española perciba que el mundo necesita un cambio pero un cambio progresista y fuerte, donde todos unidos podamos reorientar el barco de lo común en la dirección correcta y nueva, su mensaje resonará con el electorado.

Finalmente, Vox le ha robado su espacio emocional tradicional a la derecha: el miedo y la ira. En cierto sentido, como dijo Casado, Vox necesita a la izquierda porque le da un enemigo contra el que movilizarse, un enemigo al que destruir porque los cambios de la izquierda dan miedo a ciertos sectores del electorado (que si España se rompe, inmigración, feminismo…). Cambios que mucha gente no quiere, como la globalización o el europeísmo, y que generan miedo y malestar. Un malestar que el PP por ejemplo manejó como herramienta principal durante muchos años, creando por ejemplo la forzosa y creciente confrontación con Cataluña y que tanto rédito ha dado a los propios nacionalistas catalanes como Rufián reconoció; esta labor de confrontación del PP fue alimentando esas emociones de miedo e ira en la población y ahora se han transformado en potencia por un cambio más brusco, en una voz más reaccionaria. Como más de una vez han dicho a lo largo de diversas intervenciones, el PP alimentó la bestia que ahora es Vox al fomentar las emociones que ahora Vox utiliza para llegar al electorado. Ese miedo, ese odio, ese rechazo a lo distinto o a lo nuevo, se encuentran en la base de la capacidad de Vox para alcanzar a la ciudadanía.

Vox se nutre del espacio emocional que el PP lleva creando durante años.
Vox se nutre del espacio emocional que el PP lleva creando durante años.

Entonces, ¿qué significa esto en el marco de la moción de censura? Significa que uno de los objetivos a alcanzar por los distintos partidos era precisamente mandar un mensaje que cambiase y conectase con la emocionalidad de la sociedad. Porque la sociedad, al estar en crisis, pone en tela de juicio sus referentes y alimenta ciertos tipos de emociones: inseguridad, miedo, desconfianza. Cosas que conectan con unos u otros de modo desigual pero que sin duda refuerza los discursos más extremos, porque esas emociones suelen llevar a una deslegitimación del sistema y la búsqueda de reformas y cambios de calado.

Pero estamos en una situación donde uno de los extremos se encuentra en el gobierno, de modo que no se puede beneficiar de la deslegitimación del sistema. Lo cual deja el espacio político/social abierto para que Vox reclame ese inconformismo, esa ira, ese deseo de cambio y lo articule en torno a su propuesta. Por eso es un conflicto en contra del PP y no contra el PSOE, porque los votantes que resuenan con las emociones y discursos de Vox no son (en gran medida) aquellos que resuenan con las emociones y discursos de la izquierda, pero sí son los que encajan con los discursos que el PP viene abanderando desde hace años. Por eso es tan importante para Vox reflejar que el PP es el lacayo del PSOE y que es incapaz de hacerle frente, que ellos son los únicos que defienden al trabajador español que levanta las persianas de sus negocios todos los días (incluso Abascal contó la historia de cómo él ayudaba a su padre a abrir su negocio ante el temor de que fuese asesinado por ETA), porque les permite tomar la hegemonía discursiva y emocional en torno a su electorado potencial y al de su competencia. Y transformar eso en movilización: en manifestaciones, en demostraciones de apoyo en redes sociales, en conflictos. Y a más conflicto y más movilización, más se polariza la sociedad, más se alimentan ciertas emociones, y más se refuerza la posición de Vox.

Conclusiones: ¿quienes son los vencedores de la moción de censura?

A simple vista, como ha reflejado buena parte de la prensa, los vencedores son todos menos Vox. Su moción de censura ha sido denegada por todos los partidos políticos de todos los arcos parlamentarios, dejando a la extrema derecha sola y aislada. Pero es que eso es irrelevante. Ya estaba sola y aislada de antes (menos cuando el PP necesita sus apoyos para formar gobiernos, como el de Madrid), así que constatar eso no refleja ni la victoria ni la derrota de nadie: todos sabíamos el resultado antes de empezar.

La medición real del éxito o fracaso de cada uno de los actores no se da en el Congreso de los Diputados y sus discursos, sino en el calado que los mismos tienen en la opinión pública. Ha sido un teatro en el puro sentido de la palabra, donde los partidos han interpretado sus papeles previsibles, y ahora solo queda ver qué tal han quedado de satisfechos los miembros del público. ¿Ha calado el mensaje de que el PP es débil para enfrentarse a los traidores que forman el gobierno? ¿Triunfó la idea de que son necesarias medidas sociales en la actualidad? ¿Quizás el mensaje de Casado de que el PP es el dique que evita que ganen los extremos?

A estas alturas, es difícil saber. Pero hay una lección que se puede sacar de la campaña electoral norteamericana (no en vano ha habido numerosas referencias populistas a Trump, especialmente por parte de Vox): en un electorado muy polarizado, hay poca gente que cambie de opinión por el devenir de esta clase de shows públicos, como los debates electorales o los rallies. Consumimos información que nos da relatos sesgados de los hechos de acuerdo con nuestras propias preferencias de antemano, de modo que a menudo perdemos el contexto porque lo interpretamos desde un marco específico. Entonces, como los votantes polarizados en buena medida no se van a mover de sus posiciones ideológicas, en muchos sentidos la clave es si se activan y movilizan o en cambio permanecen aletargados.

La clave, como siempre, son las zonas grises, por eso esta era una batalla en la derecha. ¿Se ha movido al electorado del PP hacia la derecha más extrema de Vox? ¿O ha calado el mensaje centrista y continuista de la derecha más clásica? Porque el gobierno no se jugaba nada en este evento, como mucho ha tenido un par de días para ilustrar su agenda y demostrar sus discursos previsibles ante una audiencia incrementada, pero su partida política se juega no en la moción de censura sino en la realidad de su gobierno en esta situación de crisis. Los vencedores o vencidos solo se encuentran en la derecha y yo, personalmente, creo que por mucho que Casado haya hecho mejor trabajo que Abascal en esta moción, Iglesias tiene razón cuando dice que este cambio llega demasiado tarde. Como en su momento narró Alexandre Marc cuando fue a llevar la idea de Europa a una Alemania que se entregaba de lleno a manos del nazismo.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de la moción de censura?

PD: gracias a Miguel Colodro por el debate que dio pie a este post.

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