Tribulaciones de la Clase Ociosa

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Los Hechos Sociales - Tribulaciones de la Clase Ociosa

Los Hechos Sociales

October 22nd, 2013

Emile Durkheim fue quien acuñó este término, allá en los comienzos de la sociología como ciencia (no en vano es uno de sus padres fundadores). Un hecho social, por tanto, podría definirse de modo rápido y resumido como “algo externo al individuo e impersonal que condiciona sus acciones”. Pero, dicho así, suena muy denso, veamos unos ejemplos, primero para clarificar.

Vas conduciendo tu coche, llegas a un semáforo, y ante la luz roja te detienes. No hay ningún policía a la vista, las calles están desiertas porque son las 4 de la mañana, y la luz en sí no tiene ningún efecto físico que detenga el coche. Y, sin embargo, ahí estás, parado y esperando. Este es un hecho social: algo exterior (la luz, que simboliza una norma o ley en este caso) impersonal (no hay policías ni nadie que nos condicione) y que sin embargo condiciona nuestra forma de actuar.

A menudo, los hechos sociales pueden y suelen darse en las interacciones humanas. Si empiezas en tu nuevo trabajo, tratarás probablemente a tu jefa con respeto, no sólo porque sabes que ella te puede despedir y que te interesa llevarte bien con ella para tener vacaciones, sino también porque existen acuerdos sociales que te impulsan a seguir modelos de interacción concretos como es el de la relación entre jefas y empleados.

Basta con que mires a tu alrededor y verás decenas de formas en que la sociedad condiciona la forma en que nos comportamos e interactuamos unos con otros, aún cuando técnicamente el condicionamiento no venga de la otra persona en sí, o no haya figuras de autoridad a mano.

Estos hechos sociales son parte vital de la estructura de la sociedad, del modo en que esta funciona. No sólo surgen del poder que se encuentra arriba, sino también de los consensos en forma de valores, éticas, modales, etc. que la sociedad se impone a si misma. Su poder no deriva de las leyes en sí, ni del castigo, o de los impactos que puedan tener en nuestras relaciones con los demás, sino que surgen de nuestro propio condicionamiento y voluntad, en uno de los aspectos del policía interior (lo cual, desde luego, no niega el hecho de que violar los hechos sociales suele tener consecuencias de muchos tipos).

Si tomamos esto, y nos vamos al presente, encontramos una analogía muy interesante en la forma en que funcionan los ordenadores. Como Lawrence Lessig señala en “El Código 2.0”, la base de funcionamiento de una estructura informática se basa en el código de la misma, que posibilita ciertas acciones y niega otras. Podemos hackear el código para conseguir hacer cosas inesperadas, desde luego, pero requiere esfuerzo y a menudo tendrá consecuencias de distintos tipos.

El conjunto de los hechos sociales durkheimianos es lo que compone el código de una sociedad, lo que decide qué se puede hacer y qué no, y el que impone las consecuencias de dichos actos. El código en si puede ser de muchos tipos, más democrático o menos, más horizontal o vertical, más explícitio o implícito… pero siempre construye el marco de posibilidades legítimas e ilegítimas que se nos ponen delante para nuestras acciones en el mundo.

Es, en gran parte, la infraestructura sobre la que se construye la superestructura, que diría Marx. El poder puede imponer muchos de sus elementos, desde luego, pero a la vez también se ve condicionado por todos aquellas piezas que hayan sido introducidas en el código por otras fuentes como la sociedad civil, el desarrollo tecnológico, o las simples interacciones entre las personas. Es con todas esas piezas que se construye la episteme de cada una de las épocas.

Por tanto, la clave de un futuro mejor o peor yace en qué elementos tomamos para nuestra infraestructura y qué código construimos. Si hacemos uno que tolere unas acciones, esas tendrán lugar y no otras, y si tomamos otras decisiones serán otras las sociedades que surjan. Debemos tratar de enfrentarnos con los hechos sociales que no queremos para nuestro mundo, y tratar de crear e introducir hechos nuevos que sí creamos beneficiosos. Sólo así, el código de nuestra sociedad comenzará a parecerse un poco más a lo que nosotros queremos que sea.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas del código de nuestra sociedad?

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