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Reflexiones personales

Los Límites de la Libertad

Quizás, de todos los temas por los que se ha debatido en política, el de la libertad sea uno de los que más ríos de tinta haya vertido. Desde los antiguos discursos griegos a favor y en contra de los tiranos o de la democracia, a la redefinición de la libertad en la Edad Media, la posterior reconstrucción en la Ilustración, y su conversión en pieza central del discurso del individuo y del Estado a partir de entonces. Hoy en día, pocos discursos, debates y autores escapan a discutir el significado y los límites de la libertad, y a lo largo de los años este es un tema que ha aparecido muchas veces en este blog. Pero, tras tanto tiempo, es hora de retomarlo y volver a analizarlo.

La libertad absoluta es una quimera. Así de simple, y de terrible. En el momento en que existe una sociedad, en que existe el otro, es imposible actuar con libertad total, porque los actos tienen consecuencias. En el momento en que aparecen las consecuencias, aparece la previsión: si hacemos tal cosa, pasará tal otra, o eso esperamos. Y esta previsión actúa como un límite para la libertad, porque habrá consecuencias deseadas y otras no, y a veces nuestras acciones no podrán seguir ciertos cursos ante el temor a las consecuencias. Es el caso, por ejemplo, con el asesinato y la pena de cárcel.

Pero no sólo la libertad se ve limitada por la previsión de consecuencias. Se ve controlada también por nuestra historia. Como en una partida de cualquier juego de tablero, cada movimiento que hacemos crea un universo nuevo y destruye otras opciones. Si hemos abierto la partida de ajedrez con cierto peón, esto impide otros caminos. La historia de nuestras vidas hace lo mismo con nosotros, a medida que vamos tomando decisiones nuestro campo de libertad se va acortando y limitando cada vez más. Somos, así, esclavos de nuestro pasado, y las percepciones y condicionantes que él crea en nuestro presente.

Es así que nuestra libertad no es lo mismo que nuestra capacidad de decidir, porque podemos decidir dentro de ciertos límites a nuestra libertad, en un abanico concreto de opciones. Nuestra libertad presente queda limitada y atada por nuestro futuro y nuestro pasado. Esta capacidad de actuar en el tiempo es una de las características principales del ser humano, y cada vez nuestro futuro pesa más, como muestra la teoría de la Sociedad del Riesgo de Ulrich Beck.

¿Existe algún momento en que la libertad sea total? En el mundo real, no. Pero hay un momento, teórico, en que la política si crea ese marco de posibilidades para un Estado: el momento en que se negocia y redacta una Constitución. Aunque a nivel individual la libertad siga atada por el mundo que la rodea, en ese momento teóricamente es posible negociar cualquier cosa: los derechos, los deberes, las instituciones… los límites estructurales a la libertad que luego se aplicarán sobre todos los ciudadanos. Es un momento ficticio, desde luego, pero es lo más cercano que se llega a la libertad total.

Pero, ¿es acaso malo que nuestra libertad esté limitada? Probablemente, la respuesta es que no, porque esta limitación sobre nuestra libertad la aceptamos a cambio de que la libertad de otras personas se vea limitada de igual modo. Es un pacto social que firmamos tácitamente al aceptar vivir en sociedad, y que permite que todos juguemos con las mismas reglas de juego o que, si se rompan, haya mecanismos que se puedan usar para restablecerlas (otra cosa es que el poder desigual de los ciudadanos permitan a unos abusar más que otros…). Pocos discutirían, así, que sea bueno que la libertad de asesinar libremente esté limitada por el derecho a la vida, por ejemplo.

Por tanto, ¿qué significa que hablemos tanto de libertad y discutamos sus límites? Primero, en muchos casos, se trata de simple demagogia para legitimar un sistema (por ejemplo, “la tierra de los libres” que aparece en el himno norteamericano), o para atraer votos. Pero, más allá de ese populismo, debatir sobre la libertad es importante para la sociedad democrática moderna y para cualquiera con derechos, porque pone sobre la mesa qué límites estamos dispuestos a aceptar o no a nuestra libertad. Aceptamos no poder matar, pero no aceptamos por ejemplo que no se nos deje hablar libremente. Todos los derechos y libertades están, por tanto, sujetos al debate y al análisis crítico, porque todos ellos pueden legitimarse y deslegitimarse, y un derecho deslegitimado bien puede ser cambiado. ¿Queremos mantener que la propiedad de los bienes no sea libre? ¿Y que el Estado decida la educación de nuestros hijos?

La libertad es una quimera, pero su función política sigue siendo muy importante. Es una eutopía inalcanzable, si, pero nos sirve como faro para discutir en qué dirección queremos caminar y qué cosas podemos sacrificar. Nos marca por qué vale la pena luchar, y qué vale la pena defender. En el fondo, nos traza la hoja de ruta política, o una de ellas, para saber lo que queremos ser y, en el camino, encontrar quienes somos.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de la libertad?

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