Tribulaciones de la Clase Ociosa

Un blog de sociología y ciencia política donde revisar el funcionamiento de la sociedad, las noticias de actualidad española e internacional, así como el análisis de las múltiples dimensiones de eso que llamamos sociedad

Orwell: vigilancia en la sociedad del siglo XXI

January 20th, 2021
Orwell nos plantea el debate entre vigilancia y libertad en la sociedad moderna.
Orwell nos plantea el debate entre vigilancia y libertad en la sociedad moderna.

Orwell es, sin duda, un videojuego muy interesante. El punto de partida es que nos contratan como investigadores en La Nación para resolver unos atentados que tienen lugar en nuestro primer día y para ello ponen a nuestra disposición el programa Orwell. Este lo que hace, básicamente, es acceder a las redes sociales, páginas webs, y otros elementos digitales para extraer información, hacer perfiles y agregarlos. Al hacer esto, vamos juntando las pistas de lo que está ocurriendo, y avanzamos una historia que se va desarrollando con cada día de juego ante nuestros ojos. Es un juego cortito, de hecho da la sensación de que se acaba cuando está llegando a su mejor momento, que con su peculiar estética consigue transmitir muy bien las sensaciones de que estamos observando una sociedad real desde un panóptico digital.

Pero desde un punto de vista social, del mensaje, el desarrollo de Orwell va mucho más allá de la investigación de los atentados, para ser una muy interesante reflexión sobre varios puntos centrales de nuestro mundo actual: el dilema que enfrenta vigilancia e intimidad, y el que se refiere a libertad y seguridad.

El muy recomendable libro de Lessig El Codigo 2.0 aborda la primera de las dos cuestiones centrales de Orwell de modo muy interesante, así que vamos a empezar por ahí. La vigilancia, el tema central de Orwell, se basa en la exposición de la actividad de los habitantes de una sociedad ante el poder, de modo que este pueda vigilar lo que hacen hasta en el último detalle. En el extremo opuesto está la intimidad, los ámbitos donde las personas tienen la capacidad de permanecer opaca a la vigilancia exterior. Una sociedad de vigilancia total es una sociedad donde el poder lo puede ver todo, una sociedad totalmente transparente ante los que están arriba, mientras que una sociedad de total intimidad es una sociedad totalmente opaca a quienes están en el poder.

La disyuntiva entre ambas situaba el equilibrio en un punto intermedio: el Estado necesita cierta capacidad de vigilancia, pero al mismo tiempo los ciudadanos tienen cierto derecho a la intimidad. Este equilibrio se estableció en el siglo XVIII cuando las revoluciones que dan pie a las democracias modernas tuvieron lugar como oposición a un poder opresor (el Rey en el caso francés, la corona británica en el caso americano). Por tanto, al principio eran muy conscientes de que el poder tenía que tener límites a la hora de vigilar a sus ciudadanos y crearon cosas como el derecho a la intimidad, la propiedad privada, la necesidad de órdenes de registro para investigar una casa, etc.

Orwell nos muestra la gran cantidad de información que se puede obtener de nosotros en las redes sociales.
Orwell nos muestra la gran cantidad de información que se puede obtener de nosotros en las redes sociales.

Orwell se nutre precisamente de esto. Buena parte de la investigación que es el centro del juego se realiza buscando información en perfiles públicos como el equivalente a Facebook, páginas de citas, páginas de empresas o universidades, etc. Al hacernos investigar usando estas herramientas, invita a una interesante reflexión sobre cómo nosotros como personas podríamos ser investigados del mismo modo, sin necesidad de órdenes judiciales ni nada por el estilo. De hecho, escándalos como el de Oxford Analytics ya han mostrado que esto no es un espacio de ficción ya, sino que con la información pública de redes sociales y demás ya se pueden hacer perfiles políticos muy eficaces, y diseñar campañas para hacer objetivo a la gente más “vulnerable” a cambiar de opinión para que lleguen a la conclusión que queremos.

Pero si avanzamos el tiempo a este siglo XXI en el que se ambienta Orwell, lo que encontramos es que la tecnología de la vigilancia ha avanzado mucho más que la tecnología de la intimidad: móviles permanentemente geolocalizados, redes sociales, cámaras de CCTV, big data, etc. Todo eso y mucho más hace que el ciudadano esté muy expuesto al poder, a menudo sin ser consciente de ello, y pocos son los ciudadanos que se protegen con herramientas de criptografía, con un uso cuidadoso de las redes sociales, etc.

Todo esto, por supuesto, engarza con el segundo debate: libertad contra seguridad. Si nos vamos a una sociedad de total libertad, lo que surgiría es la posibilidad de que la gente usase su libertad para aprovecharse y abusar de los demás (la clásica crítica, errónea por cierto, que se le hace al anarquismo). En el extremo opuesto, una sociedad de total seguridad requiere que sus ciudadanos estén totalmente expuestos al poder, a la jerarquía y el control, de modo que nadie pueda hacer nada que sea perjudicial para los demás. Ambas caras son totalmente irreconciliables, como el debate anterior, debido a que nunca se podrá tener total seguridad sin eliminar la libertad, ni total libertad sin poner en riesgo la seguridad.

El equilibrio tradicional/histórico colocaba el énfasis más en el lado de la libertad (al fin y al cabo, “libertad, igualdad y fraternidad” era el lema de la revolución francesa, y “the land of the free” es parte central del imaginario americano). Esto es así precisamente por su origen como oposición al poder y el despotismo. Pero con el paso de los años, esto ha ido cambiando. El 11-S y eventos similares han jugado un papel importante en esto, igual que los atentados islamistas que han tenido lugar en Europa, como el de Charlie Hebdo por seguir con Francia como ejemplo.

La libertad requiere empoderamiento para funcionar, la seguridad requiere miedo para asentarse. Una revolución es un acto de empoderamiento, por eso se inclina siempre hacia la libertad, pero el desarrollo y progreso de la sociedad tiende a hacer aparecer el miedio: a perder lo que se tiene, a que las cosas cambien, a un futuro amenazante, etc. Los eventos que aumentan el miedo rápidamente crean la opinión de que hace falta seguridad para evitar que se repitan, porque esa es una de las reacciones clásicas al shock. Por eso Orwell sitúa su narrativa en la investigación de unos atentados terroristas, para que precisamente salga a relucir la importancia del miedo a la hora de discutir sobre seguridad y vigilancia.

Los medios de comunicación tienen un papel central en esto. El modelo de negocio de un periódico, por ejemplo, se basa en tener anunciantes, lo cual requiere lectores. Un lector potencial no compra un periódico cuya portada dice “todo sigue igual que ayer”, pero probablemente se vea interesado por una portada que diga “Urgente, ¡algo terrible acaba de pasar!”. Así, que las ambulancias lleguen todas bien un día normal no es noticia y no sale en los periodicos porque no vende, pero si sale cuando los hospitales se ven saturados por una emergencia como el COVID. Por supuesto, muchas buenas cosas son noticia, como quien gana un premio o que el numero de parados ha bajado, pero las buenas noticias normalmente existen dentro del reino de las cosas “esperadas”, del “sentido común” de modo que a menudo son invisibles o menos importantes que las cosas malas que rompen ese reino de lo previsible.

Orwell muestra cómo la vigilancia hoy en día está presente en todo momento y lugar.

De modo que es mucho más frecuente que la sociedad se mueva hacia el vector miedo, que al vector esperanza, especialmente en la sociedad del riesgo actual donde grandes peligros nos amenazan constantemente, como el cambio climático o las crisis económicas. Esto hace que el equilibrio entre libertad y seguridad se vaya desplazando de la libertad inicial hacia la seguridad en la que actualmente nos encontramos.

Orwell muestra esto de forma muy interesante, precisamente porque nos hace reflexionar en torno a la legitimidad de ciertas acciones. Buena parte de la trama gira en torno a un movimiento social, Thought, planteando continuamente este debate: ¿son ciudadanos ejerciendo su derecho al libre pensamiento y protesta, o son terroristas que amenazan nuestra seguridad? Y según las acciones que vamos tomando en el juego (a veces no tan claras como uno desearía, eso hay que reconocerlo) vamos moviendo la narrativa en torno a cómo vemos esas cosas y qué consecuencias tienen nuestras acciones.

Porque eso es muy importante en Orwell. En linea con juegos como Papers, Please o This War of Mine, el juego nos obliga a tomar las decisiones morales que consideramos que hay que tomar en la situación, y por tanto evaluar nuestro papel y el de la sociedad en su conjunto. Cuestiones como ¿es toda protesta de la sociedad civil válida o acaso hay límites? ¿Un sistema de vigilancia digital como Orwell nos garantiza seguridad o es una puerta a abusos por parte del poder? ¿Qué desigualdades genera y cuales soluciona? ¿Qué papel tiene el factor humano detrás de la máquina? ¿Qué se considera una amenaza, qué se considera trivial? ¿Cuan expuestos estamos ya a la vigilancia que el juego muestra?

Todos estos temas y más se dan cita en las 10 horas más o menos que puede llevar acabar el juego pero, sin duda, invitan a plantearse esas mismas cuestiones mucho tiempo después de haber visto el final, cuando miramos por la ventana o caminamos por la calle. Porque el mundo de Orwell no es de ciencia-ficción, el mundo de Orwell es lo que tenemos a nuestro alrededor todos los días, lo que llevamos en el bolsillo, lo que usamos para hablar con nuestros amigos…

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas sobre Orwell, y sobre la disyuntiva de vigilancia social y seguridad?

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