Tribulaciones de la Clase Ociosa

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¿Por qué no me Gusta Podemos? - Tribulaciones de la Clase Ociosa

¿Por qué no me Gusta Podemos?

May 29th, 2014

Podemos logoEl post de hoy va a ser bastante más personal de lo habitual porque, en vez de intentar exponer un análisis de la situación, lo que voy a hacer es dar mi opinión (razonada) pero sólo es eso, una opinión. Y sobre una cosa de gustos. Pero muchos me han preguntado o han comentado a favor de Podemos tras los resultados de las elecciones del Domingo y a mi me toca hacer de abogado del diablo y atacar al partido de Pablo Iglesias porque, realmente, me parece un paso atrás.

¿Qué es Podemos? Básicamente, este es el partido político que mejor ha logrado encauzar el desencanto ciudadano con la política tradicional que, acertadamente, culpan de la situación actual. Y es algo que me parece perfecto, porque es un desencanto y una indignación que debe ser encauzada para conseguir un cambio en el sistema que realmente es necesario. O, sino, seguiremos a merced de un sistema que está favoreciendo el aumento de la desigualdad y la destrucción de los servicios públicos.

Entonces, si estoy de acuerdo en su razón de ser, ¿dónde está el problema? Básicamente, el problema es Pablo Iglesias Turrión. No necesariamente a título individual (aunque hace años que no me convence) sino su forma de hacer política y la que ha construido en torno a si mismo. Empecemos por ese punto, “en torno a si mismo”. Por mucho que diga lo contrario, Podemos es un partido personalista: la casa de Turrión es el domicilio del partido, su cara está en las papeletas de voto, etc. Pablo Iglesias Turrión ES Podemos, no a la inversa. De hecho, aunque técnicamente sólo existe desde hace unos pocos meses, en realidad la campaña de Podemos ha sido mucho más lóngeva que las demás, a base de la aparición de Iglesias en tertulias de televisión donde demostrar lo bien que habla y enfrentarse a los ideólogos de la derecha denunciando lo que la gente realmente está sufriendo. En cierta medida, los medios de comunicación le han convertido en un tribuno del pueblo, la voz de la gente.

El problema es que un tribuno no es un buen político porque siempre está sometido al mayor de los peligros de la democracia: el populismo. Populismo es decir lo que la gente quiere oir, no necesariamente lo que es correcto. Estamos habituados al populismo de derechas de los partidos extremistas o de Berlusconni, pero también podemos encontrar un populismo de izquierdas sin lugar a dudas, y este es el que encarna Pablo Iglesias.

El populismo es un peligro para cualquier democracia porque es la base de la antipolítica. La política es el campo de conflicto y lucha de las ideologías, donde distintas visiones de la sociedad se enfrentan entre si en busca del apoyo de la sociedad que es la que dirime cual seguir. Puede ser una división a favor o en contra del Estado (la diferencia básica entre republicanos y demócratas en Estados Unidos) o en cómo construir el Estado (izquierda y derecha en Europa), pero siempre será un conflicto donde ninguno realmente tiene más razón que el otro, sino que busca convencer de la idoneidad de su posición.

El problema del populismo es que no tiene una posición como tal, sino que su ideología se modifica según soplen los vientos para seguir atrayendo la atención y el voto. No me malinterpretéis, el PPSOE ha caído en un creciente populismo precisamente por desdibujar las diferencias de uno y otro y acercarse tanto (causa principal de la gran crítica al PSOE desde la izquierda de verdad, al PP no se le critica tanto porque hasta Vox no había alternativa en la derecha).

Ante esta situación, el político de verdad debería tomar la posición opuesta. Un político de verdad, así, es el que tiene una visión de la sociedad concreta, una ideología en la que verdaderamente cree, y está dispuesto a defenderla. Y a base de debate, de argumentar y negociar, irá avanzando lentamente en convencer a los demás de la idoneidad de sus razones y en alcanzar el objetivo. En lugar de dejarse convencer y mover por los vientos, él atrae a una serie de seguidores, dejando que otros políticos atraigan a los demás y, del encuentro, surja la discusión y el debate político de verdad, el que no se basa en insultos y descalificaciones sino en la contraposición de ideas sobre cómo debe ser la sociedad que queremos construir entre todos.

Cualquiera que lea estas frases sin duda se dará cuenta sin problemas de la baja opinión que tengo de la mayor parte de los políticos actuales: veletas, con nula capacidad oratoria y de debate (por favor, ¡que nuestro Presidente del Gobierno dio una rueda de prensa por televisión para no tener que interactuar con la prensa!), sin convicción en más idea que la de mantener el escaño, su sueldo y poder… No son políticos de verdad, son mercenarios de la política y, como buenos mercenarios que son, van donde sopla el viento del pago.

Pues bien, va siendo hora de que tiemblen, Pablo Iglesias les ha demostrado que es un mercenario mucho más exitoso que todos ellos. Se vende mejor al pueblo con una cara carismática, capacidad de debate y un programa electoral lleno de vaguedades que suenan bien pero realmente no dicen nada concreto. Es el epítome del populismo en el que caen las democracias ante la falta de calidad de sus políticos, donde una idea vaga se describe de modo que suene lo mejor posible al mayor número de personas y, con ello, atraer su voto.

¿Por qué no me gusta Podemos? Porque es el partido construido únicamente en torno al justo resentimiento de la población y al mensaje bonito al respecto. Pero no hay seriedad, no hay profundidad en su pensamiento ni en su acción. Es un Beppe Grillo que sabe hacer las cosas mejor que el italiano, con más conocimientos de política pero con el mismo fondo. Había otras alternativas de cambio en estas elecciones, de hecho había muchas, pero la que se llevó los votos fue la que consiguió conectar con el pueblo no a base de decir lo que creía, sino de actuar como reflejo de lo que recibía del pueblo.

Pablo Iglesias Turrión y Podemos no son un partido de verdad, todavía, sólo son un megáfono de la sociedad. Está bien que exista ese megáfono, pero su lugar no es el Parlamento Europeo, sino construyendo opinión pública en los medios de comunicación. Turrión quiso dejar de ser Tribuno de la Plebe para ser Cónsul y, de momento, lo único que tenemos son cinco escaños de humo fácil de vender en el Parlamento Europeo. A ver qué hace con ellos.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de Podemos?

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