Tribulaciones de la Clase Ociosa

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Sobre la Definición de "Español" - Tribulaciones de la Clase Ociosa

Sobre la Definición de “Español”

September 5th, 2007

España como concepto tiene una historia cuanto menos turbulenta. Como nación única se gestó a finales del siglo XV y principios del XVI. Antes de eso, en la actual España convivían una serie de reinos diferentes, entre los que destacaban Castilla y Aragón. Se fundieron con el matrimonio de los Reyes Católicos y ellos decidieron iniciar un proyecto de unificación de la península en la medida de lo posible. Conquistaron Granada, último reducto moro. La siguió Navarra, en el norte. Sometieron a la levantisca nobleza gallega por completo, eliminándolos y sustituyéndolos por nobles castellanos. Sólo se les escapó Portugal, independiente desde el siglo XI. Aragón y Castilla pasaron a ir de la mano, en manos de un único Rey, su hijo Carlos I. Sin embargo, por aquel entonces no era España, sino que Carlos I era “Rey de Castilla, Rey de Aragón, Rey de las Américas…”, una lista muy considerable de títulos, a fuer de ser exactos.

El concepto de nación, y con ello de nacionalismo, surge mucho más tarde, cuando surge el concepto de Estado en el siglo XVIII. Para ello, el conjunto de coronas dispersas son aglutinadas ante el único nombre que las abarca todas, y que se remonta a tiempos romanos: Hispania. Y a partir de ahí se comienza la creación de la identidad española, como se crean todo el resto de las identidades. Y, con todas, me refiero no sólo a la francesa e inglesa, sino a la vasca, catalana, y gallega.

Así pues, cuando surge la identidad gallega (que es la que mejor me conozco y, por tanto, usaré como ejemplo) allá en el siglo XIX, esta ya es una identidad que es vista como parte de España. No surgió en tiempos anteriores y pretéritos, sino que se inventaron cuando ya existía la unión política. Obviamente, contemplaba una serie de diferencias notables, que van desde el idioma a la cultura. Al mismo tiempo se genera en la identidad española una serie de cambios, unos deseados y otros no, como consecuencia de que hay una identidad adicional desarrollándose en su territorio y reclamando la defensa de unos patrones culturales que difieren en algunas cuestiones de la española. Así que se adapta.

Todo esto para decir que me extraña mucho cuando alguien se sorprende cuando, a la pregunta de qué identidad tengo, respondo que español. “Pero ¿no te consideras gallego?” me preguntan a continuación, con los ojos abiertos y ligeramente suspicaces al ver en mi a otro españolista. Cuesta explicarles sin embargo, que para mi no hay diferencia entre una cosa y la otra. Claro que soy gallego y defiendo mi cultura y valores, mis diferencias, mis especificidades. Pero es que ser gallego es una identidad pareja a ser español, va englobada dentro de la otra, igual que lo va la andaluza o la madrileña.

Que la mía tenga más historia, más diferencias y más especificidad no hace eso menos cierto. Eso hace que merezca una serie de cambios y protecciones para salvaguardar su identidad propia parcial, pero no por ello hay que rechazar la otra. No, no soy ningún traidor a Galicia por considerarme español, sólo se puede ser de esta manera, nos guste o no. Y, con el tiempo, probablemente pase lo mismo con la identidad Europea (mucho tiempo, no hablo de lo que veremos en nuestras vidas). La historia de la raza humana en general es una lucha por la unión, por la unificación. Países más grandes, uniones de países, uniones continentales… caminamos hacia el supraestado de Ulrich Beck, nos guste o no. No se trata de que surja una única nación estado que cubra el globo con su única identidad. No, se trata de la generación de un Estado de Estados, que los combine y defienda su identidad, colabore con ellos en sus especificidades y luche por unirlos en sus cosas e intereses en común.

Un vasco o catalán o gallego no debería tratar de independizar su Comunidad Autónoma. No, lo que se trata es de conseguir que sea aceptada y respetada por las demás en pie de igualdad. Y que un extremeño se sienta orgulloso de que exista la identidad gallega y la defienda porque, aunque no sea la suya, también lo es en la medida en que es parte de la identidad española. Se trata de que no luchemos por separarnos, sino que colaboremos en las cosas que tenemos en común y aportemos al conjunto la riqueza de todas las cosas que nos diferencian, porque es en la diferencia donde la mente humana más se enriquece. Si sólo vemos “lo gallego” todos los días, nos perdemos muchas ideas, conceptos, posibilidades, que se han ido desarrollando en otras partes y que pueden enriquecernos sobremanera.

Por eso el viajar por el mundo te cambia, por eso aprender idiomas te cambia. Por eso convivir con el otro te cambia. Puede ser difícil, tener problemas, y que sintamos que el Otro amenaza lo nuestro específico. Pero la respuesta no es darse la vuelta y marcharse, sino enseñarle a él también a amar lo nuestro específico, y amar nosotros al mismo tiempo lo suyo específico.

El cómo lograr eso, sin embargo, lo dejaremos para otro momento, que esto ya va muy largo. Pensad en ello, de todas formas, y seguro que se os ocurren mil maneras, todas ellas válidas.

Costán Sequeiros Bruna

Estos son los comentarios que tenía en el antiguo blog, eliminando los comentarios amenazantes de “yo”:

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post 9-4

Y tú, ¿qué opinas?

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