Tribulaciones de la Clase Ociosa

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¿Somos únicos? - Tribulaciones de la Clase Ociosa

¿Somos únicos?

September 1st, 2015

unico 1Basta ver cualquier película dirigida a adolescentes para ver continuamente la exaltación de la individualidad que ahí se hace; pero es sólo uno de los ejemplos más claros de cómo la sociedad nos anima continuamente a ser únicos, a ser diferentes a los demás, a ser originales. No vale ser una réplica de los demás que te rodean, hay que buscar algo que nos diferencie de todos ellos y nos haga brillar, por tonto que pueda parecerles a los demás.

Este mensaje, tan visible en las historias para adolescentes, está presente en multitud de ámbitos diferentes. Muchas son las campañas publicitarias, por ejemplo, que indican que comprar un producto te hace diferente (Apple, por ejemplo, jugaba con eso), los programas de talentos donde cada uno muestra lo que sabe hacer, etc. Lo diferente es visto como bueno y esparcido a los cuatro vientos como el camino a seguir.

Sin embargo, si se empieza a escarbar, loq ue se ve es que en realidad no nos animan a ser diferentes. Lo que se entiende por ser diferente se basa en vestir una ropa y no otra, en hablar de un modo concreto o haber comprado tal cosa. En ningún momento se nos anima a ser tan diferentes como para pensar por nosotros mismos ni a que tengamos valores contrarios al sistema. Así, eres especial y diferente si compras Apple en vez de Microsoft, pero si eres comunista en vez de capitalista eres “un soviet” molesto y problemático, nada diferente del “resto de rojos revoltosos”. Ser diferente es algo que se compra.

En realidad, todo lo que se basa es en un juego de etiquetas: comprar cierto tipo de productos te hace parte de un colectivo y dentro de ese colectivo eres único porque eres diferente a los miembros de los otros grupos. Si eres de una subcultura ya eres único, igual que si perteneces a una élite o a un club de lectura.

unico 2Así, cada persona está compuesta por innumerables etiquetas que la sociedad le ha puesto y ella ha aceptado. Marido, esposa, hija, abuelo, trabajadora, parado, amigo, vecina, enemiga, tendero… cada persona posee un enorme abanico de ellas y selecciona de entre todas ellas en base a cada interacción y el papel que quiera jugar en ella. El abanico de todas esas etiquetas es algo decidido socialmente que indica los rasgos “válidos” y se afirma que cada colección concreta es única: eres irrepetible porque nadie nunca tendrá exactamente todas las mismas etiquetas que tú… aunque tengáis un 99 % de coincidencia entre ellas, ¡ese 1% restante te hace único!

Aquí es donde entra el poder. La sociedad teje una serie de arquetipos de personas y nos seduce para que queramos entrar en ellas. El poder no se basa ya en el dominio y la imposición sino que, como señalaba Foucault, se basa en el control de la vida por medio del control de los deseos y de las experiencias. Así, no se trata de ser únicos de verdad, sino de caer dentro de uno de esos moldes y a la vez creernos especiales y diferentes para tener nuestro propio espacio en nuestro grupo, nuestra autoestima, etc.

Sin embargo, ser verdaderamente diferente y único es algo que en general la sociedad no lleva demasiado bien porque implica que, de un modo u otro, estás contraviniendo los valores imperantes, rechazando los arquetipos que te han ofrecido y, por ello, resistiéndote al poder. Ser único está bien, pero ser anticapitalista no; es bueno ser diferente, pero no una mujer libre independiente y trabajadora; es genial que marques diferencias, pero no que seas homosexual; usar Nike en vez de Adidas te pone por encima del resto, luchar por un cambio en el sistema político sólo te hace ser un sucio revolucionario; hacer que piensar por ti mismo está bien, en resumen, pero no está bien de veras pensar por uno mismo.

El resultado es que aquellos que han escogido etiquetas que la sociedad no considera como válidas son rápidamente tildados de enfermos, de locos, o de monstruos de un modo u otro. Lo cual es irónico, teniendo en cuenta lo mucho que la sociedad supuestamente nos anima a ser diferentes y lo mucho que nos castiga por intentar serlo de verdad. Rechazo, malas miradas, abusos, discriminación… ese es el precio por ser de veras diferente.

unico 3Y, además, pone sobre la mesa una cuestión que también es importante. ¿Cuán importantes son esas diferencias? De acuerdo, esta persona tiene una orientación sexual diferente a la mía, ¿eso lo hace diferente de mi verdad? ¿Y su ideología? ¿Religión? ¿Estado civil? ¿Cuenta corriente? ¿Cuales de las innumerables diferencias son importantes y cuales no?

La sociedad te dirá que hay las diferencias importantes buenas (consumir una cosa u otra) y las diferencias importantes malas (las de fondo) pero, en realidad, ningunas de ellas son diferencias de verdad. Es mentira que somos únicos, no lo somos ni de lejos, somos personas que comparten la inmensa mayoría de los rasgos de su personalidad, obtenidos a base de una educación familiar, del trato con los demás, de la formación en las instituciones educativas, etc. Para encontrar a alguien realmente diferente hay que viajar fuera de una sociedad (bien fuera en el espacio, por ejemplo viajando a otro país culturalmente diferente, o en el tiempo, comparándose con grupos de otras épocas), porque las diferencias internas dentro de cada sociedad son menores.

Sin duda, las sociedades actuales son más variadas que las pasadas, pero esas variaciones son en gran medida menores, basadas en hábitos de ocio o consumo, ideologías normalmente dentro de lo establecido, etc. Lo que pasa es que estas diferencias la sociedad busca exagerarlas para premiar a los que han escogido acertadamente y castigar a aquellos que han escogido ideas que son contrarias a la sociedad, pero no es realmente por el hecho de ser diferente, es por el hecho de ver el poder y resistirse.

Así que, en realidad, la respuesta a la pregunta que abre este post es que no, no somos únicos ni lo seremos nunca. Y aquellas diferencias que creemos que nos hacen únicos en realidad son atrezzos de nuestras actuaciones (como la ropa) o diferentes personalidades que en realidad no son diferentes de nosotros mismos (como la orientación sexual). Ni unos son innovadores, ni los otros son monstruos, al final todos somos hijos de nuestro tiempo y lugar.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas sobre ser único?

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