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Andor: Represión y rebelión

Portada de Andor, en Disney+.
Portada de Andor, la historia humana de cómo comienza la rebelión contra el Imperio.

Andor, la nueva serie de Star Wars, toma la estela de Rogue One pero va mucho más allá de la misma. Se aleja de las grandes aventuras espaciales, de la Fuerza, de los personajes famosos y carismáticos, para contarnos una historia de gente cotidiana que se ven lanzados a un mundo brutal. Es una historia, en última instancia, sobre el poder de la opresión y la resistencia a la misma, dura y oscura como Star Wars no suele ser, donde el precio de las cosas nunca es barato ni lo que ocurre es blanco o negro. Es una serie inteligente, donde los personajes actuan con inteligencia pero además trata al espectador como alguien inteligente, capaz de seguir una historia lenta pero compleja, donde cada pieza va encajando con las demás progresivamente. Y está sustentada en unas interpretaciones brillantes y unos guiones espectaculares que hacen que una situación cotidiana como tres personas hablando en un salón se convierta en una escena extremadamente tensa por todo lo que está en juego, el contexto, lo que se dice y lo que se calla. Todo ello hace que sea especialmente interesante como análisis de nuestra realidad, del funcionamiento de nuestras sociedades y de las personas que en ellas viven.

A la hora de entender Andor, hay que empezar por el punto de partida: el tema central de la serie. Y, advertencia desde ya, en este post va a haber spoilers, así que recomiendo ver primero la serie para haceros vuestras propias ideas antes de leer las mías. Dicho lo cual, vamos al meollo, a esa galaxia muy muy lejana que, esta vez, se siente muy muy cercana.

La tesis central de Andor, como reflejan muchos de sus diálogos y las acciones de sus personajes, pero especialmente la lectura del manifiesto rebelde en el último capítulo, es que el ejercicio del poder y la brutalidad es un enorme esfuerzo. Que ningún régimen represivo puede hacerlo sin tener un coste y que ese coste lentamente se va acumulando, día a día, hasta hacer de la situación insostenible. El miedo de una población solo puede conseguir la estabilidad de un régimen durante un tiempo determinado, antes de que la gente se de cuenta de que ya no les queda nada por perder y ocurra la revolución o la movilización general. Es la historia del final de la mayoría de las dictaduras, cuando eventualmente la gente deja de tener miedo y sale a las calles con sus demandas, pagando el precio que haya que pagar para defenderlas y conseguir el cambio que quieren.

El miedo es una emoción muy fuerte, sin duda, pero funciona mejor cuando se deja intuida que cuando se ejecuta. Alien es más terrorífica que la mayoría de películas porque nunca sabes realmente qué puede hacer el alienígena, qué aspecto tiene, qué capacidades. El terror surge así a lo desconocido, a lo imprevisible, a lo invisible. “El Imperio”, como dice el discurso final, “se beneficia de la oscuridad”. El desconocimiento, la imposibilidad de vigilar a los vigilantes, etc. se convierten así en herramientas potentísimas del poder, porque no dan un objetivo claro a la revolución. Como dicen en otro momento de la serie, “nos han estado ahogando tan lentamente que no nos hemos dado ni cuenta”. Cuando el miedo funciona de ese modo (que es como lo utiliza por ejemplo Vox en sus discursos sobre cómo España se rompe, o cómo los inmigrantes nos quitan el trabajo) es muy efectivo, porque cada persona puede proyectar en el mismo lo que más tema y, al mismo tiempo, como nunca se materializa más que vagamente, siempre da la sensación de estar a la vuelta de la esquina.

Un buen trozo de Andor, de hecho, es el camino a recorrer para hacer la brutalidad manifiesta. La trama entera de Aldhani no va de obtener un montón de dinero para financiar a la rebelión, sino, como se ve en la conversación entre Luthen y Mon Mothma, es una forma de obligar al Imperio a reaccionar de una forma abierta y brutal. Cosa que el Imperio inmediatamente hace. Así, el miedo pasa de ser algo sutil y latente, presente en todas partes y ninguna, a algo abierto y público, que la gente puede sentir en sus carnes. Al hacerlo, el poder se estabiliza, pues la represión y la brutalidad son herramientas muy potentes, pero al mismo tiempo empieza a sangrar, empieza a mostrar las fallas, porque “el uso abierto de la represión es una señal de debilidad, no de fuerza”, como señalan en otra gran conversación de la serie, durante la parte de la prisión. Y lentamente, todas esas goteras empezarán a acumularse.

Escena de una conversación donde Nemik dice "El ritmo de la represión supera nuestra habilidad para comprenderlo".
Conversación sobre el manifiesto, donde se habla de cómo la velocidad a la que se produce la represión es demasiado rápida para que la gente pueda entenderla y salir del shock.

Y aquí hay que volver a las conversaciones sobre el manifiesto, pues en torno a él se articulan varias otras ideas interesantes. Cuando llegamos a la represión, lo que dice el manifiesto es que el poder no se mantiene por un único acto de represión, sino por infinidad de ellos. Tantos que ya no son un escándalo, que se convierten en algo cotidiano. Cuando el poder reprime abiertamente busca la sensación de que somos víctimas potenciales en todo momento. En una escena sacada casi directamente de la película Brubaker de Robert Redford, lo primero que ocurre al llegar a la prisión es un acto de brutalidad innecesaria, solo para que la gente entienda que esa es su vida a partir de entonces. El poder se manifiesta para conseguir que la gente se sienta desempoderada, vulnerable en cualquier lugar, bajo control e incapaz de rebelerse. Los adentra en el estado de shock del que habla Naomi Klein, desarticulando la sociedad, estableciendo el reino del sálvese quien pueda.

Para esto el poder, como bien muestra Andor, va a usar todos los medios de represión, pero también los de vigilancia. Construyendo un panóptico digital donde los ciudadanos pueden ser vigilados en todo momento con cámaras, grabaciones, espías, delatores… eso lo vemos claramente en la parte protagonizada por el Imperio, como va facilitando que los ciudadanos se vuelvan unos contra otros, como rompe voluntades y controla lo que ocurre con un potentísimo servicio de inteligencia dedicado a espiar a su propia población y mantenerla controlada. Hoy en día vivimos en ese panóptico digital, como muestran las escuchas de la NSA a los ciudadanos norteamericanos y europeos, la presencia de cámaras en las calles, la posibilidad de pinchar teléfonos…

Otro elemento muy relevante es el poder emancipador de la muerte. Al fin y al cabo, es lo más valioso que se nos puede quitar, no en vano el uso legítimo de la fuerza es el centro de poder de la política y del Estado desde tiempos de Hobbes. Si entendemos que el Estado se cobra una vida de un modo legítimo (por ejemplo, porque en un país se acepte la pena de muerte para ciertos crímenes) entonces no pasa nada. El problema surge cuando esta se hace de un modo ilegítimo (se descubre que el ejecutado no era culpable, se hace sin juicio, etc.), entonces da pie a un escándalo. Pero, como señala Andor, las brutalidades se hacen tan a menudo que dejan de ser escándalo. O, si se prefiere una cita de Stalin, “una muerte es una tragedia, un millón es una estadística”. Una muerte de alguien querido nos deja en estado de shock, sorprendidos, desempoderados, vulnerables. Pero cuando ocurre una y otra vez, lo que pasa es que nos insensibilizamos y nos damos cuenta de que el poder ya nos ha quitado lo más valioso que tenemos, de modo que no tenemos ya nada que perder.

Por eso, en tantas revoluciones, como ocurre en Andor, los funerales juegan un papel central. Porque son la manifestación de que todo ese dolor colectivo por el que están pasando los ciudadanos no es legítimo y, además, es algo que pasa a todo el mundo. Las Madres de Mayo en Argentina, el suicidio de Mohamen Bouazizi en Túnez o la actual muerte de Mahsa Amini en Irán. Todos ellos son ejemplos de cómo la muerte enseña a los vivos que ya no tienen nada que perder, que la situación es insostenible y el cambio necesario. Es la llama de la revolución en Ferrix al final de Andor, porque ha sido la llama de mil revoluciones reales a lo largo de la historia de la humanidad.

Escena de la prisión de Andor, con todos en posición de "On Program", completamente vulnerables.
La brutalidad y crudeza de las escenas de la prisión de Andor no se alejan de la realidad de muchas prisiones, no en vano en Estados Unidos todavía es legal la esclavitud en algunos estados para crear mano de obra barata en las prisiones.

Lo cual nos lleva de nuevo a las emociones. El miedo es una herramienta potentísima cuando se usa de modo sutil, y muy potente pero temporal cuando se usa de modo abierto. El modo en que una dictadura se perpetua en el tiempo, como cualquier sistema político, no se basa en el miedo sino en la esperanza. Los gobiernos deben servir para hacer que la vida de la población sea mejor, cuando eso ocurre los mismos se vuelven estables porque la gente quiere vivir en esos sistemas. Dictaduras como la soviética (especialmente en sus primeras fases) o el actual Partido Chino son buenos ejemplos de esto, porque no solo usan el miedo sino que están creando riqueza, mejorando las condiciones de vida de la población. Al hacerlo, la gente puede considerar que perder ciertos derechos y libertades está justificado, a cambio de todo lo que están recibiendo.

Aquí entra otro de los elementos de Andor que tan relevantes son en la actualidad: el papel del conflicto entre seguridad y libertad. Hay muchas conversaciones y mensajes, especialmente entre los que son partidarios del Imperio, de que es aceptable la represión y el control porque está trayendo una estabilidad y una seguridad a la galaxia que no sería posible de otro modo. Esta dicotomía ha sido explotada hasta la saciedad en la sociedad actual, por ejemplo con la Patriot Act de George Bush justo después del 11-S, donde se “reformaron” un montón de derechos fundamentales de los americanos en nombre de garantizar su seguridad tras el atentado. Pero esa ley se encontró con una enorme resistencia y ha sido abolida con el tiempo, porque la gente usualmente escoge libertad por encima de seguridad, especialmente en entornos donde una cantidad razonable de seguridad ya ha sido garantizada. En esos casos, como el norteamericano, el sacrificio de la libertad a cambio de esa seguridad se ve como un sacrificio demasiado elevado y se produce el movimiento de respuesta y protesta.

Para que ese cambio sea viable y aceptable en una sociedad hace falta que tengan verdaderamente la sensación de que la seguridad se ha perdido, que son vulnerables ante amenazas de todo tipo, internas y externas. Que cualquiera podría sufrir un atentado terrorista como el de las Torres Gemelas, aunque viva en la mitad de Wyoming. El Imperio usa esto continuamente para consolidar su posición, y lo hace muy efectivamente a través del uso de las palabras adecuadas: la rebelión son ataques terroristas, partisanos, independentistas. Y pueden ocurrir en todos los sitios. Después del ataque a Aldhani el Imperio reprime y cobra impuestos en toda la galaxia, allá donde haya “actividad partisana o rebelde”. Como ellos definen qué se considera esas dos cosas, tienen libertad para reprimir en todos sitios y, al hacerlo, transmiten el mensaje de que se debe no a los buenos ciudadanos de ese planeta, sino a los rebeldes que viven entre ellos. Si haces eso en un planeta donde no hay actividad rebelde, una parte de la población se volverá contra si misma, intentando identificar esos rebeldes y terminar así con la amenaza a su seguridad que estos plantean.

Por supuesto, esto lleva al uso abierto del poder y la represión del que hablábamos antes, y los regimenes que sobreviven alternan entre situaciones de presión y situaciones más laxas. Sino la gente se insensibiliza, se da cuenta de que no les queda nada que perder y se rebela. Así, el movimiento represivo de Bush fue eventualmente sustituido por una restitución de esos derechos y un paso atrás, cuando se consideró que ya no eran necesarios o aceptables.

A menudo, sin embargo, las situaciones que hacen explotar la mecha de una situación ya tensa de antemano, son situaciones que no dependen de grandes planes sino de una información que llega a donde no debe. La muerte de George Floyd en Estados Unidos fue el pistoletazo de salida para el potentísimo movimiento Black Lives Matter y no fue un acto premeditado del gobierno represivo, sino una de las muchas instancias en que la brutalidad policial funcionó como siempre lo había hecho… pero fue grabada en una cámara. La revolución de Farix en Andor sigue esta línea, no empieza por un gran acto de control, sino por la tortura del padre de un muchacho que lleva una bomba a un funeral en venganza… daba igual cómo fuera ese funeral, incluso sin el fantástico discurso inspiracional del medio, la situación se hubiera salido de control porque el muchacho llevaba la bomba consigo de todas formas y quería venganza.

Escena de Andor en la que están entrenando para el heist en Aldani.
El entrenamiento en Aldhani nos muestra como en Andor, cada uno de los que llegan a la rebelión lo hacen por sus propias razones.

Y aquí llegamos a uno de los puntos finales que interesan, una conversación que ocurre durante la trama de Aldhani en que uno de los personajes dice “cada uno lleva su propia rebelión dentro”. Que, en ese contexto, significa que cada uno tiene sus propias razones para decir basta. Uno lo hace porque mataron a su familia, otro por las cosas que se vio forzado a hacer, otro porque perdió a su amor… da igual las historias concretas, cada uno tiene una razón personal que les lleva a estar ahí. Y, cuando esas razones se van compartiendo cada vez más, la gente tiene razones como colectivo para ir a la rebelión. En Mandalorian vemos a Cara Dune como una miembro de la rebelión y no hace falta saber por qué se unió a la misma cuando nos dice que es de Alderaan. Al fin y al cabo, en esa misma escena pero en el Episodio IV, Leia le dice a Tarkin que “cuánto más apriete el puño, más sistemas estelares se saldrán de su control”.

Ese es el centro de la revolución. Una revolución no se basa en ideales, en altas concepciones de políticas o del futuro mejor. Todos esos son importantes, pero vienen después. El comienzo es la sensación de cada persona de que no tienen nada que perder, que la situación es insostenible, cuando encuentran sus razones individuales para llevar su propia rebelión interior. Y, cuando miran alrededor y ven que eso mismo anida en el corazón de los demás, entonces se moviliza todo. La destrucción de Alderaan estaba destinada a sembrar el terror en la galaxia cuando los demás planetas supiesen que eso les podía ocurrir si se rebelaban… pero lo que hizo fue alimentar a la rebelión al crear millones de personas que de pronto tenían razones para alzarse contra el opresor, como le ocurre a Cara Dune.

Ese es el modo en que ocurre el cambio social en sus extremos, primero con la conciencia individual de que la situación es insostenible, y después al darse cuenta de que esa conciencia se ha vuelto grupal. Es necesariamente una historia de pérdida y sacrificio, como Andor tan bien muestra, con gente que pierde a sus seres queridos o incluso aquellos, como Luthen en su famosa escena, donde “sacrifica toda su humanidad por un amanecer que él nunca llegará a ver”. Al fin y al cabo, la pérdida es una de las cosas más estresantes y traumáticas que podemos sufrir en vida y, al serlo, nos hace replantearnos individual y colectivamente nuestras vidas y el significado de las mismas.

Por todo eso es que Andor no se centra en los grandes personajes, en los jedis o los sith, e incluso los personajes importantes como Mon Mothma aparecen de un modo extremadamente humano. Porque, al final, las revoluciones no se empiezan desde los grandes héroes y figuras famosas, sino en cafeterías y tiendas, en plazas y mercados. Entre la gente común, la gente oprimida y desesperada que se atreve a mirar al poder y decirle que ya basta.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de Andor y su interpretación de la rebelión?

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Feminismo en la pantalla: el caso de la Guerra de las Galaxias

Imagen con todos los personajes principales de las tres trilogías de la Guerra de las Galaxias
Analizar el mensaje feminista en el universo de la Guerra de las Galaxias requiere un viaje a través de la historia del cine.

En muchos sentidos, la Guerra de las Galaxias es un ejemplo bastante claro de mucha de la trayectoria del feminismo y cómo ha sido retratado en los medios de comunicación culturales de masas. No es una historia comprehensiva de todo lo que ha ocurrido, pero sí que refleja algunos de los puntos más o menos centrales, tanto en lo bueno como en lo malo. Y por eso (y que acabo de terminarme el Libro de Boba Fett), aquí lo he escogido como ejemplo para hablar de ese tema. Conste ya desde el principio que no voy a meterme a hablar de teorías del feminismo o sus ideas, eso ya se ha hablado en otros lugares y momentos; lo que aquí vamos a hablar es del modo en que se representan los personajes femeninos en la pantalla y cómo eso sirve para transmitir ciertos valores a la sociedad.

Pero para hablar de feminismo en la Guerra de las Galaxias hay que empezar antes de Star Wars, incluso antes de la gran pantalla. La Guerra de las Galaxias es lo que se conoce como una space opera, un subgénero de la ciencia ficción, con muchos exponentes clásicos en la historia. Si vamos hacia el origen del género, con obras como John Carter de Marte, vemos que la imagen tradicional que se da de la mujer es la de un personaje secundario, objeto de amor o deseo por parte del protagonista y sin agencia en la historia. Algo típico de los primeros años del siglo XX, al fin y al cabo esas novelas eran hijas de su época.

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Nuevas formas de comunicación a través de la narrativa en tiempo real

Hoy comparto con vosotros la conferencia que hemos dado Marta Fernández, Héctor Puente y yo en el Congreso Internacional: Comunicación y Pensamiento. Si bien yo no salgo en el video, porque mi trabajo en este caso es detrás de las cámaras, creo que a algunos os puede interesar esta aproximación al tema de cómo las nuevas tecnologías que se están desarrollando permiten nuevas formas de manejar la narrativa en tiempo real en series, videojuegos y otros productos culturales. Espero pronto poder compartir con vosotros la versión en texto, en vez de video, que vamos a publicar en el congreso, en la que esperamos poder meternos más en profundidad en estos temas y sus implicaciones culturales y sociales.

Y tú, ¿qué opinas de las opciones que las nuevas formas de comunicación ofrecen a la narrativa en tiempo real?

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The Comey Rule (La Ley de Comey)

The Comey Rule nos introduce en un interesante momento histórico de EEUU.
The Comey Rule nos introduce en un interesante momento histórico de EEUU.

The Comey Rule nos cuenta la historia de James Comey, quien fue director del FBI desde el comienzo de la presidencia de Obama hasta principios de la de Trump. Si bien su historia se centra especialmente en el periodo de la investigación de los emails de Hillary Clinton y cómo eso influyó en las elecciones de 2016 que harían que Trump ganase, el centro de la serie es una discusión muy interesante sobre la ley, el respeto, la interferencia rusa en las elecciones, etc. Para contar esta historia, que en el fondo tiene pocos “hechos interesantes” a nivel cinematográfico, pocos momentos épicos y que además cubre largos periodos de tiempo, especialmente el último año de Comey en el FBI, la serie se sostiene durante sus cuatro horas en un conjunto de actores que están simplemente soberbios, en una puesta en escena muy trabajada y en un papel suave pero apropiado de la música. Todo esto hace que nos metamos de lleno en lo que nos está narrando, y nos deja espacio a cada uno para llegar a nuestras propias conclusiones.

Y es que, en este sentido, The Comey Rule pone sobre la mesa muchas cuestiones importantes no solo para entender ese momento histórico sino para todas las sociedades del mundo. El primero de cuyos puntos, quizás el más importante, es la cuestión de los valores. Comey sale descrito como la clase de persona que tiene unos valores muy fuertes (la independencia del FBI, el deber de proteger a los ciudadanos, hacer lo correcto…) que guían sus acciones y las de la institución a su cargo durante el tiempo que en ella está. Y, durante buena parte de ese tiempo, esos valores son eficaces en granjearle el apoyo de los miembros del FBI e incluso del Presidente Obama.

Sin embargo, el centro de la historia surge porque, en realidad, en el mundo moderno los valores normalmente chocan contra la eficacia política. La cuestión de los emails es uno de los momentos que mejor lo reflejan: todos en el FBI saben que es un mal asunto meterse a investigarlo, que es una bomba que no se puede manejar bien dentro del plazo de unas elecciones que ya están en marcha. Es, a nivel objetivo, un error estratégico… y, sin embargo, es lo correcto. La política es la base sobre la que se construye el mundo en el que vivimos, es mucho más que simplemente las instituciones de gobierno, y buena parte del territorio político es un territorio ideológico donde los valores se enfrentan entre si por alcanzar una hegemonía en la ideología de una sociedad (es la base del funcionamiento de la sociedad civil).

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La Unidad

La Unidad aborda mucha de las complejidades de un fenómeno como el terrorismo.
La Unidad aborda mucha de las complejidades de un fenómeno como el terrorismo.

Las series españolas han ido ganando calidad en todos los sentidos con el paso de los años. La Unidad se une a esta colección de series recomendables no solo por su buena factura sino porque nos invitan a reflexionar sobre temas relevantes del mundo en el que vivimos. En este caso, lo hace narrando una historia ficticia sobre la unidad de contraterrorismo de la policía española, que es una unidad muy real y con bastante buena reputación (no en vano España tiene una larga, aunque trágica, historia de lucha contra el terrorismo).

Como entretenimiento, sin duda La Unidad es recomendable. Hace un muy buen trabajo de recrear el aspecto de la profesión y darle a la vez un cierto toque humano detrás, sostenido sobre unas interpretaciones sólidas y una buena dirección. Quizás el constante uso de un filtro algo apagado la hace algo cansina a nivel estético, pero nada grave en una serie que en general resulta bastante redonda.

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Critica de serie: The Expanse

Los protagonistas principales de The Expanse
Cartel promocional de The Expanse, con sus protagonistas principales.

The Expanse es, probablemente, una de las mejores series de ciencia-ficción que se han hecho. Adaptando una serie de novelas de James S. A. Corey (que no he leído aún, así que no puedo comparar), se nota muchísimo esta influencia en el sentido de que el guión va muy cuadrado de principio a final, sin los típicos saltos y problemas que suelen tener las series con el paso de una temporada a otra. Las interpretaciones de los actores empiezan algo flojas, pero van mejorando muchísimo con el paso de las temporadas, y la estética, efectos especiales y demás están a un altísimo nivel. Y una serie que además tiene una multitud de registros narrativos, desde la parte más de cine negro al drama político, de la épica espacial a la historia de amor, etc. la serie se mueve con mucha soltura en muchos distintos estilos que la dotan de una gran complejidad que, sin embargo, no se siente forzada.

Pero en este blog, lo que nos preocupa son otras cosas. Primero de todo, un elemento interesante, es el hecho de que es ciencia-ficción dura: la física funciona como debe, hasta donde la conocemos, y el resultado es una serie que se siente perfectamente creíble. Y más allá, cuando The Expanse plantea un mundo, lo hace teniendo en cuenta los elementos que la ciencia sabe de nuestro sistema solar y más, construyendo con eso sus personajes y entornos como bien podrían ser. Uno de los aspectos clave es el papel que la gravedad tiene, porque la gente que no ha nacido en la Tierra no tiene el cuerpo preparado para la gravedad terrestre (la marciana, por ejemplo, es un tercio la de la Tierra) lo cual tiene un impacto enorme en el guión y desarrollo de la serie (aunque la parte estética que implica se la han olvidado, probablemente por cuestión de presupuesto). Y los combates espaciales realmente muestran el impacto de la física, cómo realmente se mueven las naves en el espacio (que no es como en Star Wars), o cómo el peligro de descompresión o de exceso de aceleración son problemas reales que manejar.

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Crítica de serie: Mindhunter

Mindhunter es una serie muy interesante para ver el desarrollo de la criminalística.
Mindhunter es una serie muy interesante para ver el desarrollo de la criminalística.

Mindhunter es la nueva serie policiaca de Netflix es una serie poco habitual en el género, en la medida en que no va tanto de los casos que se encuentran los protagonistas como del desarrollo de la unidad de perfiles criminales y de asesinos en serie. En ese sentido, tiene más en común con series como Masters of Sex que Ley y Orden, o CSI; no en vano, como Masters of Sex, Mindhunter está inspirada en una historia real, en unos libros escritos por la persona en la que está claramente basado el protagonista. Un buen drama, pues, centrado más en el desarrollo de los personajes que en los casos que abarcan, y que plantea momentos bastante interesantes narrativamente, y personajes tratados con más profundidad de la habitual (los asesinos). Una dirección que cumple bien, unos buenos tiempos e interpretaciones, unos guiones y desarrollos que no siguen estrictamente lo esperado en una serie policial hacen todo ello de Mindhunter una serie que sin duda es muy interesante.

Pero más que como serie policiaca, Mindhunter es interesante desde una perspectiva sociológica y social. Y no solo porque salgan varios autores sociológicos mencionados, desde Durkheim a Goffman en diversos puntos de la misma, que también. El verdadero jugo social se encuentra principalmente en los primeros capítulos, cuando describe muy detalladamente un mundo en cambio.

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Crítica de serie: The Boys

The Boys cartel publicitario.
Cartel publicitario de The Boys, mostrando a los “superhéroes”

Recientemente estrenada por Amazon, The Boys es la nueva serie de superhéroes. Una buena historia con una perspectiva más oscura sobre los superhéroes, en un mundo muy cínico. Buenas interpretaciones, un buen guión bastante bien atado, y algunos giros muy bien planteados, con más profundidad de la esperada en los personajes además. Sin embargo, personalmente, la encuentro menos rompedora de lo que muchos dicen, aunque sin duda vale la pena verla.

Pero sociológicamente, su discurso pese a ser algo exagerado, tiene muchos puntos de interés. Especialmente, como ocurrió antes con Luke Cage, en el modo en que construye su propio mundo. En este caso, un mundo mucho más cínico y oscuro que el de las series de Netflix, pero con interesantes reflexiones que observar.

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Crítica de series: Bandersnatch y Maniac

Cartel publicitario de Maniac

En muchas ocasiones, el mundo del ocio y el entretenimiento se han sumergido de distintas maneras para explicar distintos tipos de demencia o el funcionamiento del cerebro. Un buen ejemplo de esto es el excelente Hellblade, un juego que se adentraba en el funcionamiento de la psicosis. Maniac y Bandersnatch lo hacen ambas, desde distintos puntos de vista y con distintos objetivos, pero igualmente son interesantes.

Maniac coge la estela de otras obras a la hora de usar la imaginación para mostrar el funcionamiento de la mente. Si les quitamos toda su trama y su acción, una película como Sucker Punch es básicamente una representación de cómo la capacidad para perder la cordura puede proteger a una persona en una situación terrible (ya decía Lovecraft que la demencia es la mayor clemencia que existe en la realidad). O Inception, si se le quita su historia, es básicamente una representación del modo en que la mente trata de defenderse.

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Reflexiones personales

Innovación y riesgo: cine y series

innovación en el cineA menudo, en el discurso establecido globalmente sobre lo que “es deseable”, la innovación aparece siempre pintada en tonos muy positivos. Innovar es bueno, cambiar es bueno, sacar cosas nuevas es bueno. Y no lo pintan como bueno con matices, sino que se describe normalmente como universalmente bueno: las mejores empresas son las innovadoras, y cosas por el estilo.

Sin embargo, toda innovación incluye un riesgo muy importante, porque puede funcionar o no. Puede ser lo que el público quiere, o lo que no quiere. Lo cual implica que bajo todo el discurso de la innovación como algo positivo, se esconde siempre el riesgo a que la idea no funcione. Así, muchas de las grandes empresas del mundo no son innovadoras, las compañías petrolíferas por ejemplo, sino que se dedican a hacer lo mismo o quizás irle añadiendo pequeños cambios menores, como hacen a menudo las empresas que fabrican coches.

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Crítica de serie: Electric Dreams

A priori, Electric Dreams tiene mucho que ver con Black Mirror. Si Black Mirror es de Netflix ahora, Electric Dreams es la respuesta de Amazon a un modelo similar: una serie de ciencia ficción, de capítulos independientes entre si. Y en la superficie en efecto hay muchos paralelismos. Pero el hecho de que sean adaptaciones de relatos de Philip K. Dick (uno de los mayores genios de la ciencia-ficción clásica) hace que tengan un matiz importante y en general jueguen con conceptos claves para K. Dick. Y que vayan desde el ambiente más ciberpunk, a relatos en presentes alternativos o space opera distante en el tiempo no cambia el hecho de que su discurso central es muy potente y cohesionado.

Así, si bien el discurso sobre la tecnología está muy presente en Electric Dreams como lo está en Black Mirror, aparecen desde el principio cuestiones claves para K. Dick como es la definición de la realidad, el peso de la comunidad, la percepción, etc. Así, muchas de las historias no tienen tanto que ver con una nueva tecnología, sino cómo esta pone en tela de juicio el mundo que damos por sentado, rompiendo barreras que aparentemente no tendría sentido dudar.

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Explicando tu vida

La ficción, las personas y la sociedad

Ficcion y sociedadHay algo mágico en la ficción, sea en series, películas, novelas, videojuegos o cualquier otro formato. Algo que nos llega muy profundo cuando conecta con nosotros y que puede llevarnos a cambios drásticos en nuestra vida, a aprender o a sentir. Y por ello, la ficción juega un papel importante en construirnos como personas y, como resultado, como sociedad.

La primera pieza clave para esto es la empatía. Muchas de nuestras obras favoritas se basan en la capacidad que cada uno tiene de sentirse conectado con los personajes ficticios cuyas aventuras estamos presenciando. Al hacerlo, esos personajes dejan de ser simples objetos de ficción, para convertirse en personas reales con las que podemos conectar. De hecho, por ejemplo, a menudo suelo decir que Sense8 debería ser Sense9, ya que el espectador se convierte en la novena pieza del cluster, viviendo lo que todos los demás personajes viven en conexión con él.

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Crítica de serie: Sucesor Designado

Sucesor Designado es una serie que parte de un punto muy concreto: en un atentado terrorista durante el discurso a la nación, todo el Gobierno, el poder legislativo y judicial norteamericano son eliminados de golpe. Y en su lugar le toca asumir la Presidencia norteamericana al Sucesor Designado, la persona menos preparada y que se encarga de sobrevivir en caso de que algo pase.

A partir de ahí, con un buen guión y unas buenas interpretaciones, la serie se divide en dos ramas principales. Por un lado está la trama del FBI investigando la conspiración que hay detrás de los ataques, con una buena historia de investigación y espionaje; y por el otro lado está la trama presidencial, de cómo Kirkman debe aprender a ser Presidente y a reorganizar el Gobierno y echarlo a andar de nuevo.

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Crítica de serie: American Gods

American GodsCuando me encuentro ante una adaptación de una novela que me gusta, como es en el caso de American Gods, lo primero que me importa es cuán fiel es a la original: y de esta puedo decir que no sólo captura la esencia, sino que incluso en los pequeños momentos que cambian alguna cosa, lo hacen de modo excelente. Si que desarrollan más cosas que en la novela se mencionan o se narran en un par de párrafos, pero lo hacen con mucho acierto y buen gusto. El resultado es una serie de una enorme fuerza, tan lenta y pausada como la novela. Además, es tan irreverente y completa en su aproximación a la religión que me sorprende y alegra enormemente que no hayan tenido miedo en meterse a fondo con qué cree la gente y qué críticas recibirá por ello. Jalona todo ello con unas interpretaciones excelentes, una fotografía llena de momentos y escenas impactantes y algunos diálogos simplemente brutales (especialmente cuando discuten de la divinidad, o las historias de algunos dioses que tocan más las desigualdades actuales) y es simplemente impresionante y de una gran valentía.

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Crítica de serie: Black Sails

Black Sails es una serie de piratas, precuela de la Isla del Tesoro. Pero no es solo una serie de abordajes, de patas de palo, de veinte cañones por banda… tiene sin duda todo eso, pero Black Sails va más allá de contar una historia de espada y aventura. Muchos la consideran lenta, pausada, limitada… especialmente al principio es lógico, porque Black Sails no es Piratas del Caribe. Es una historia dura, complicada, con unos personajes que evolucionan entre decisiones difíciles. Es una historia que no va de piratas, sino de cambio, de lucha, de un mundo amenazado, del peso del poder, de la lealtad, etc. Es, por tanto, una historia atemporal, oscura y poderosa. Sin duda, es una historia que vale mucho la pena dedicarle el tiempo que lleva porque más allá de los combates navales y las luchas de espada y mosquete, de las frases memorables y los momentos gloriosos, es una historia de una increíble vigencia en muchos sentidos.

Es por ello que, sociológicamente, es una historia con un discurso muy poderoso e interesante de analizar. Porque, ante todo, Black Sails es una historia que articula su discurso en torno al cambio, la libertad, la revolución… entre lo nuevo y lo viejo. Y la lucha para traer ese cambio. Puede no parecerlo en la primera temporada, quizás tampoco en la segunda, pero a medida que se suceden los capítulos van tejiéndose un discurso muy bien llevado en torno al peso del poder, las herramientas del cambio, lo correcto y lo incorrecto, la lucha, el compromiso, la lealtad, etc.

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