Tribulaciones de la Clase Ociosa

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¿Un Ejército Europeo? - Tribulaciones de la Clase Ociosa

¿Un Ejército Europeo?

November 7th, 2010

José Ignacio Torreblanca comentaba en su artículo “Superpotencias de Bolsillo” cómo Reino Unido y Francia acababan de firmar un pacto no dentro del marco de la Unión Europea que organizase y coordinase sus ejércitos. Al margen de su valioso análisis sobre el propio funcionamiento de la construcción Europea (es un artículo que vale la pena leer) creo que es un buen punto de partida para la discusión acerca del sentido o no de un ejército europeo.

Alemania, Francia, España… todos los países europeos mantienen sus propios ejércitos independientes unos de otros para la defensa del país. Infantería, marina, aviones, mecanizados, todos listos para la protección del territorio estatal. Pero, ¿contra quien? Básicamente, contra nadie. No me malinterpretéis, no quiero decir con esto que el Ejército no tenga sentido, sino que los modelos tradicionales de ejército no tienen sentido. ¿De qué sirve un gran número de regimientos de infantería si todos los países colindantes son aliados? ¿Y los tanques sin capacidad de despliegue rápido? Básicamente, sirven para consumir inversión pública de modo poco productivo.

Por otro lado, la Unión Europea tiene las Fuerzas de Intervención Rápidas y el Eurocorps, pero ambos cuerpos están infradotados. Y aunque su planteamiento de guerra es mucho más acorde con las necesidades del presente (intervención humanitaria, movilidad global, etc.), son incapaces de cumplir misiones por sí mismos por completo debido a su escasez de recursos. Con algo más de dinero, podrían conseguir mucho más, y con ello mejoraría la presencia global de la Unión Europea así como la importancia de los países que la componen.

Ahora, sumemos dos más dos: recursos despilfarrados inútilmente más necesidad de recursos útiles suman, ¡un nuevo modelo militar! Imaginemos ahora, pues sólo de momento cabe en la imaginación, un Alto Mando Europeo que coordinase a los ejércitos de los diferentes países. No implica anularlos, sino simplemente coordinarlos de modo que no se dupliquen gastos, ni se invierta en cosas inútiles. En un modelo así, por ejemplo, Reino Unido podría dedicarse a la defensa del Atlántico, en lugar de a la defensa de su propio espacio; España e Italia podrían potenciar marinas que permitan la seguridad y cooperación en el Mediterráneo; Francia y Alemania, fuerzas de intervención rápidas aerotransportadas. Y todo esto coordinado de modo que barcos españoles pudiesen transportar sin problemas aviones alemanes, y que Generales franceses pudiesen solicitar el apoyo de portaviones ingleses. Todo ello redundaría en la reducción de los ejércitos de cada uno de los Estados, reduciendo con ello el gasto, e incrementando la efectividad global de todo el conjunto. ¿Puede haber algo mejor que aumentar la eficacia a la vez que la eficiencia de una operación? Cualquier economista diría que no.

Pero, lamentablemente, no estamos hablando de economía. Hay una pieza en la ecuación que rompe su simple y perfecta belleza: la soberanía estatal. El poder político se define precisamente por poseer el monopolio de la fuerza legítima en un país (ejércitos, policía, etc.). Si se les quita el concepto de ejércitos de defensa estatal para poner en su lugar ejércitos de defensa colectiva, lo que muchos ven es cómo sus Estados se debilitan y ceden competencias y poder a la Unión. Y eso a los euroscépticos los pone malos. Sin embargo, seguirse aferrando ciegamente a valores y formas de entender el mundo del siglo XIX-XX no nos va a llevar a ningún sitio.

Un ejército europeo no tiene por qué minar la autoridad de los Estados, sino que la pone en el lugar que debe corresponderle: el de la interconexión con los demás. Uno no es menos por colaborar con otros, como cualquier entrenador de fútbol le diría a sus jugadores “chupones”, porque al final la victoria que cuenta es la del equipo. Lamentablemente, sigue habiendo jugadores que prefieren brillar individualmente en equipos que pierden partido sí y partido también.

Costán Sequeiros Bruna

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