Tribulaciones de la Clase Ociosa

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La Historia del Capitalismo - Tribulaciones de la Clase Ociosa

La Historia del Capitalismo

September 25th, 2008

Aparentemente, se podría decir que llevamos en el sistema capitalista industrial ininterrumpidamente desde la Revolución Industrial del siglo XVIII. Obviamente a nivel global, dado que cada país ha seguido trayectorias relativamente diferentes, y por supuesto dentro del marco del Primer Mundo. Sin embargo, lo cierto es que incluso al margen de esas oscilaciones propias de cada país, hemos pasado por un mínimo de tres grandes fases, y aunque numerosos autores crean otras divisiones basados en elementos menos diferenciados, yo creo que para el alcance de este blog permanecer dentro de las tres grandes dimensiones nos llega. Al menos para un primer post al respecto.

La primera gran época es la más propia del capitalismo industrial más terrible y desaforado, y se da desde la Revolución Industrial hasta más o menos la Segunda Guerra Mundial. Es una época de tanta explotación del trabajador y tanta miseria, que como respuesta dará lugar a la aparición de los sindicatos de trabajadores que buscan equilibrar la situación. Es un momento un tanto caótico, sobretodo al principio, porque no existía una disciplina de trabajo como la conocemos ya que la gente venía de un mundo dominado por gremios de artesanos de trabajo no en cadena, y tuvieron que aprender a aceptar las reglas impuestas por el señor reloj y la cadena de montaje. Desde un punto de vista macro, esto implicó que por primera vez la gente tuvo que aprender el valor de los bienes “todos iguales” a diferencia de los objetos personalizados por los artesanos; y en el lado de los burgueses/propietarios, fue una época en que aumentó la liberalización de políticas con respecto a la empresa y de fronteras, a la sombra de teorías sobre la economía como la de Adam Smith; por tanto, lo que predominaba en este momento era el valor de uso del objeto, osea, aquello para lo que servía, más que su belleza o su simbolismo (al menos fuera de las clases altas). Es una época basada en la eficacia, osea, en conseguir que el trabajo se haga.

La segunda época da sus primeros pasos antes de la Primera Guerra Mundial, pero no se consolidará hasta después de la Segunda, y está fuertemente influida por el trauma del Crack del 29 en Estados Unidos. Es la época de mayor equilibrio entre dominados y dominantes, ya que el pacto tácito entre patronal y trabajadores y el aumento de la riqueza de las primeras naciones lleva a que los salarios puedan subir al mismo tiempo que los beneficios de la empresa, y que dio lugar al desarrollo de los Estados del Bienestar y la reducción de la conflictividad. En cierta medida, esto desarmó a los sindicatos, al menos en gran parte. Es la época en que comienzan a preocuparse por la aplicación de la ciencia a la propia cadena de montaje, y surge un nuevo término: eficiencia; esta se trata no de hacer que el trabajo se haga o no, sino en hacerlo reduciendo los recursos necesarios al maximo, y es un añadido a la eficacia. Además, a medida que el bienestar en la sociedad va aumentando, la gente comienza a valorar no sólo comprar los productos o servicios que necesita, sino también que sean de “marcas de confianza”, con lo cual le dan un cierto valor añadido a los productos de esas marcas.

Finalmente, todo esto se rompió a partir del año 73 a medida que la crisis del petróleo cambiaba las economías del mundo. De nuevo empieza la mecánica de derribar las medidas proteccionistas que el Estado había estado imponiendo, de modo que se deja cada vez más libertad al mercado y a las empresas, e incluso el dinero del Estado para sus propios servicios a menudo es enviado a empresas para que sean estas las que ofrezcan esos servicios. Los individuos empiezan a tener que valerse directamente por si mismos frente al mercado, como en los tiempos de la primera fase, pero lo que cuenta deja de ser el producto para ser por completo la marca, hasta extremos ridiculos; si a esto añadimos el auge en importancia de la Bolsa y de la especulación en general, nos encontramos con que el valor de la empresa deja de estar atado ni de cerca al valor de sus ventas y sus inmuebles (los cuales llegan incluso a ser una molestia), sino en lo que la gente creía que valía la marca directamente. Dejó de estar vinculada la economía al mundo real, sino a las predicciones del comportamiento de ese mundo real, las cuales podían ser ciertas o no llegado el momento. Se construye así una sociedad algo demencial, y definitivamente poco previsible, donde la clave de la economía es la suma de la eficiencia y de la eficacia… o mejor dicho, de que la gente crea que posees ambas, y de que la gente crea que tu marca, por ser la que es, vale más que otra que hace lo mismo. Si a esto sumamos que crecientemente lo que se demanda y gana en valor no son los bienes físicos como en épocas anteriores, sino los bienes intelectuales (webs, imaginación para abogados o publicistas, etc) y los servicios de menos relación física (banca en especial, pero también inversiones) nos encontramos con un modelo completamente nuevo; todo ello además articulado dentro del marco no nacional, sino global por completo gracias a las posibilidades de internet y de los medios de transporte de bienes por todo el mundo. Esto abre todo tipo de nuevas opciones, que encajan con las nuevas formas de administración de las empresas, que tienden a perder la forma jerarquizada piramidalmente propia de las anteriores épocas, para ir buscando una forma más plana basada en redes de grupos de trabajo (obviamente, más en los sectores más modernizados del Tercer Sector que en los del Segundo). Son empresas además que se molestan no sólo en escuchar las preferencias e intereses de sus clientes por medio de encuestas y servicios de atención al cliente, sino que en muchas ocasiones incluso abren las puertas a sus propios miembros a la hora de explorar e investigar y expandir el conocimiento de la empresa.

Como véis, aunque en realidad el capitalismo ha pervivido durante todo ese tiempo (en realidad, si incluimos el periodo no industrial, probablemente podríamos irnos tan atrás como el siglo XVI), no ha sido el bloque homogéneo que se tiende a pensar. Probablemente me he dejado muchos elementos en el tintero, pues dedicarle un párrafo a cada modelo es necesariamente limitado si no quiero aburriros, pero espero que al menos los elementos centrales hayan sido adecuadamente planteados.

Y ahora, como véis, hay una cierta relación entre cada modelo y las crisis grandes de la economía, que son claves a la hora de entender sus cambios. Por tanto, queda la pregunta, ¿esta crisis mundial por la que estamos pasando cambiará el modelo? Y si lo hace, ¿en qué sentido? Si esto es una lógica dialéctica, lo normal sería que retornase un sistema donde el Estado se vuelve interventor y protege (como se ha empezado a decir en ciertos círculos políticos), ¿o acaso hay una nueva y tercera vía? Al fin y al cabo, en todo proceso dialéctico, tras la tesis y la antítesis lo que surge es la síntesis.

Costán Sequeiros Bruna

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