Tribulaciones de la Clase Ociosa

Un blog de sociología y ciencia política donde revisar el funcionamiento de la sociedad, las noticias de actualidad española e internacional, así como el análisis de las múltiples dimensiones de eso que llamamos sociedad

Una sociedad de narradores

September 28th, 2021
Imagen explicativa de lo que es un narrador en un cuento
El narrador cuenta la historia del mundo a todos los que escuchan

Desde las ciencias sociales a menudo se han propuesto distintas teorías para intentar entender el mundo en que vivimos y tratar de identificar sus dinámicas principales. Desde la economía se ha llamado al mundo actual una sociedad neoliberal, o de capitalismo tardío. En sociología se la ha llamado la sociedad de la información, donde el centro de todo es el uso y manejo de la susodicha. También se la ha llamado la sociedad del riesgo, acentuando cómo las acciones en el presente a menudo se basan en tratar de prevenir problemas futuros. O se ha dicho que es una sociedad líquida, donde lo que predomina es el cambio y la desaparición de estructuras sólidas. Se ha hablado de sociedades de civilizaciones en choque, de sociedades que han llegado al final de la historia y se preparan ya para el final de la ideología, y al contrario, de sociedades de fuertes valores ideológicos en conflicto. Y muchas más. Hoy voy a proponer quizás una aproximación más micro, la de una sociedad de narradores, de cuentacuentos.

Pero empecemos por el principio. En el pasado ya he hablado sobre cómo la sociedad es intersubjetiva, debido a que no existe una realidad objetiva que todo el mundo vea. Al contrario, cada persona ve el mundo de un modo, su subjetividad. Allá donde los puntos de vista de mucha gente coincide surgen acuerdos sociales y culturas organizadas en torno a esas ideas, que definen que esa sociedad es de tal modo, o que tiene esos valores. Entonces esas subjetividades crean una serie de puntos en común sobre los que asientan esa intersubjetividad, esa percepción compartida de lo que es el mundo en el que viven. Y luego las subculturas lo que vienen es a crear variaciones internas de esos acuerdos, enfatizando ciertos valores, debilitando otros, etc.

Es aquí donde entra la visión del poder de Foucault, cuando dice que el biopoder (el tipo de poder dominante en la actualidad) se basa no en el castigo y la represión sino en la creación de identidades. Nos enseñan a pensar y a sentir de ciertos modos a través de la educación (desde la familia, al colegio, etc.) y, con eso, improntan nuestras identidades para hacernos ver el mundo de cierto modo, acorde en principio con la cultura en la que vivimos. El biopoder se basa así en esa gestión de los sueños, los deseos, etc. que tiene la gente, y en la gestión de los modos legítimos de alcanzar esos sueños. Y aquí podemos apoyarnos en Merton, cuando habla de la desviación en sociedad. Él dice que la sociedad fija unos objetivos para ser una persona “exitosa” en sociedad, y establece unos mecanismos para llegar a ellos. En el momento en que aceptamos esos fines y esos caminos nos conformamos a la sociedad, mientras que aquellos que aceptan unos y no los otros, o no aceptan ningunos, son desviados. Por tanto, vivimos en un mundo donde el poder establece nuestras identidades y donde se define como desviados a aquellos que no siguen las vías establecidas para llevar una “buena vida”.

De este modo llegamos al primer punto de nuestra sociedad de narradores: que nuestras vidas son historias. En concreto, son las historias que nos contamos, a nosotros y a los demás, acerca de quienes somos, por qué somos como somos, que eventos nos han marcado, etc. Construimos nuestro personaje, nuestra identidad, en base a esa historia, y según recordemos o no ciertos eventos, enfaticemos o no ciertos valores, etc. vamos contando como somos. Y es que la memoria es engañosa, no recuerda las cosas como son, olvida las que no interesan y deforma muchas otras, para ajustarse a la historia que nos estamos contando. Y, según cambiamos nuestra forma de ser, reajusta y reescribe los propios recuerdos para encajar con esa nueva narrativa, para que no haya disonancias cognitivas, sino que tengamos la sensación de que hay una continuidad, que siempre hemos sido como somos ahora.

Imagen de un narrador contando una historia
Narramos nuestra vida a nuestro entorno y a nosotros mismos como una historia

Cuando nos relacionamos unos con otros, normalmente lo que hacemos es contarnos historias, más grandes o más pequeñas, pero historias al fin y al cabo. Si nuestra mejor amiga en la terraza de un bar nos pregunta “¿Qué tal ha ido la semana, ha pasado algo interesante?” lo que haremos será tomar el papel de narradores y contarles la historia de lo que ha pasado o no esa semana: “pues verás, el lunes cuando llegué al trabajo…”. Y es que los seres humanos estamos hechos de historias, por eso nos encantan las novelas, las películas, los videojuegos, porque son historias para consumir, para sentir, y para vivir esas experiencias que no tenemos en la vida normal. Porque, a través de las historias que nos cuentan desde fuera sentimos cosas, aprendemos cosas, vivimos cosas. Y eso se impronta en nuestras identidades, como decía Foucault, cambiándonos. Así es fácil recordar ese libro concreto que, cuando lo leísteis, os dejó marca. O esa película que aún a día de hoy, tantos años después, recuerdas tan bien porque os emocionó.

Vale, pero diréis, con razón, que una sociedad no solo son los individuos que viven en ella, es su historia, sus instituciones, sus leyes, su economía, sus infrastructuras… y tantas otras cosas. Justo la idea para este post, que llevaba tiempo rondándome la cabeza, surgió de leer la introducción a “El Valor de las Cosas”, un fenomenal libro de Mariana Mazzucato sobre economía. En ella muestra cómo la economía, el valor que asignamos a un objeto de cara al comercio, no es un valor real centrado en el uso y beneficio objetivo de ese objeto, sino que es fruto de la historia de lo que nos dicen que vale. Los narradores, en este caso los publicistas por ejemplo, lo que hacen es crear esa ficción que dice que las cosas valen lo que valen, independientemente del valor real en la economía. Unas zapatillas Nike no valen tanto más que cualquier otra zapatilla por su calidad o porque nos vayan a hacer correr mejor, sino por la marca (de la que tanto habla Naomi Klein) que, en el fondo, es la historia de por qué Nike es diferente al resto de zapatillas.

Las leyes y las instituciones de una sociedad, por ejemplo, son fruto de los acuerdos sobre los que se cimentan esas sociedades. Más allá de los choques de las élites por el poder, el poder no se sostiene de modo legítimo si no es aprobado y aceptado por la mayoría de la población. Por eso es tan importante para el biopoder el control de las identidades de las personas, para asegurarse de que todas ellas aceptan el mundo como es y, con ello, a los que tienen el poder. Pero precisamente como esas leyes e instituciones son consecuencia de esos acuerdos, en realidad lo que hay detrás de ellas son una multitud de historias distintas que convergen para darles forma: los discursos de los políticos y los movimientos sociales, las tradiciones heredadas de tiempos pasados, las identidades nacionales que nos dicen cómo somos, etc. Todo ello son multitud de narradores que, a lo largo de los siglos, se han dedicado a difundir y vender esas historias de cómo es el mundo en el que vivimos y, con ello, dar forma a las instituciones que nos gobiernan.

Podríamos seguir así con todo el resto de aspectos de la sociedad, pero entendéis a qué me refiero. Y rápidamente podríais hacer la crítica de que esto es todo muy postmoderno, que deja todo al espacio de lo subjetivo, que no existe ninguna estructura permanente o realidad objetiva. Y yo soy más bien tirando a estructuralista, el extremo opuesto al postmodernismo. ¿Cómo se encaja esto?

Porque, en realidad, el poder de las historias es mucho mayor que el que inicialmente podría parecer. Es cierto que hay una realidad objetiva pero, lo más probable es que, en muchas de sus facetas sea incognoscible porque las personas no actuamos en base a esa realidad sino a nuestras percepciones de la misma. Pero las historias que contamos tienen muchos narradores, en estos momentos unos 7mil millones de ellos, más si incluimos a todos los narradores que nos precedieron y sin embargo contribuyen a estas narraciones por medio de cosas como la Historia (de ahí la importancia de fenómenos como el revisionismo histórico), los libros escritos o la tradición. La historia, la narración, no es algo flexible o subjetivo, es un acuerdo al que van llegando colectivos sociales muy grandes, con sus intereses para la sociedad, con sus agendas y objetivos. El choque entre movimientos sociales (abortistas contra antiabortistas, por ejemplo) es una lucha encarnizada en el campo (en términos de Bourdieu) de la cultura y la identidad, para tratar de lograr que una narrativa concreta se vuelva hegemónica en la sociedad y, con ello, cree nuevas instituciones, cambios en las leyes, formas de vivir. Y los campos, todos ellos, son estructuras sociales permanentes, espacios de conflicto y lucha por posiciones de poder, donde los diversos capitales se usan por los actores para avanzar sus propios objetivos. Pero el choque entre Nike y Addidas en el campo económico no se basa en la realidad objetiva de sus ventas o el valor de sus acciones, sino en la historia que se cuenta con ellos acerca de cual de las dos es más grande e importante, a menudo usando esos datos y muchos otros como argumentos a favor o en contra de cada historia concreta.

Y la estructura social está llena de historias que son aceptadas de modo casi inconsciente por los narradores de nuestro mundo, por ti y por mi. Cosas como que los ricos merecen tener las riquezas porque se las han ganado con su esfuerzo, riesgo e inteligencia (base de la doctrina neoliberal en economía) es la justificación de una desigualdad económica estructural en el mundo actual, y se sostiene sobre esa historia. O las injusticias de género, o raza, o cualquier otra desigualdad es una realidad estructural, inscrita en nuestras leyes e instituciones, en la forma en que nos comportamos y en las oportunidades desiguales que cada colectivo tiene, precisamente porque los narradores nos han convencido de que “eso es así y no se puede cambiar” o que “no es algo real” o que “no es importante”; o, peor aún, que “es así porque es lo que merecen”. Los campos generan habitus, comportamientos extendidos entre los actores que participan en el cambio, y ello basado en la construcción del modo en que ven el mundo, de sus identidades, de las historias que se cuentan sobre quienes son y quienes serán, y cómo deben ser y tratar a los demás.

Al final, por tanto, todo es una historia, contada por tantos narradores como personas habitan cada uno de los colectivos, los campos y las sociedades. Si la pregunta central en la historia individual de cada persona es la pregunta acerca de su identidad “¿quien eres?”, la pregunta central a nivel social es la misma. Y, en base a cómo una sociedad se ve a si misma construye toda esa serie de instituciones y leyes, empresas y partidos políticos, que la dotan de una estructura estable y perdurable en el tiempo, centrada en perpetuar esos mismos valores e ideas para garantizar su estabilidad. Pero el futuro, el final de la historia, nunca es exactamente como cada uno lo imagina. Cuando nos imaginamos el futuro, una tarea central por ejemplo para la ciencia-ficción, construimos ese futuro en base a cómo proyectamos el mundo del presente y lo que imaginamos que podría surgir. Y a partir de ahí creamos las historias de lo que queremos o no queremos para el futuro, sea en forma de un discurso político o de una novela distópica que nos advierta sobre el peligro futuro. Se crea una historia. Y al crearse esa historia y difundirse socialmente, cambia la sociedad del presente, porque de pronto surgen nuevas ideas, nuevas advertencias, nuevos caminos posibles para el futuro que entran en las narraciones que nos hacemos en el presente sobre el mundo que está por venir.

Un político sobre el vacío, sostenido por un montón de gente que no se aparta y le deja estar en el poder
La sociedad solo se sostiene con sus injusticias debido a que la historia dominante nos dice que es como debe ser

Y, como el cambio social, desde todas sus fuentes, es constante y se acelera a medida que avanza el tiempo y la tecnología, la realidad es que el futuro es siempre cambiante porque continuamente entran en el debate social distintos aspectos novedosos y diferentes que deben ser discutidos. Al surgir estos temas, como el cambio climático o las pandemias que vemos hoy en día por todos lados, los narradores se ponen a entretejer esas nuevas ideas en sus discursos e historias previas, añadiéndolas en los programas políticos, en las normas de actuación y leyes de la sociedad, pero también en las conversaciones de bar o en casa con amigos. Porque todos somos los narradores del mundo en el que vivimos, y el futuro del mismo depende de qué decidamos como conjuto que queremos que sea ese futuro. Lo escribía a principios de la pandemia cuando hablaba de las lecciones que debíamos extraer de la misma, que al final todo lo bueno o malo que salga de la pandemia depende del relato social que hagamos con ella. Y eso mismo ocurre todos los días, con cada café que nos tomamos con amigos, cada charla con nuestros jefes en el puesto de trabajo, cada vez que votamos en las urnas… con cada pequeño acto que hacemos en sociedad estamos reproduciendo y perpetuando la historia del mundo como es y cómo queremos que sea, estamos haciendo de narradores y estamos construyendo el futuro real que eventualmente será presente.

Ese es el poder que todos tenemos, y probablemente sea el más grande de todos los poderes. Pena que, demasiado a menudo, no somos conscientes de que lo tenemos, y cueste demasiado cambiar las historias que nos han enseñado desde pequeños que “son ciertas”.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de nuestra sociedad de narradores?

Detroit: Become Human, un análisis social

August 2nd, 2021
Carátula de Detroit: Become Human
Detroit: Become Human tiene un poderoso discurso sobre el cambio social y la opresión.

Detroit: Become Human es un gran juego de toma de decisiones, una experiencia cinematográfica donde el jugador tiene que escoger y decidir en cuestiones muy interesantes sobre las que vale la pena reflexionar. Elementos como la filosofía, la identidad, la confianza, el amor, los sentimientos, el miedo… en resumen, como dice el propio subtítulo del juego, lo que nos hace ser humanos. Y nos lo hace vivir desde el otro lado del telón, desde el colectivo que, en el universo del juego, teóricamente no tiene nada de todo eso: los androides.

Pero, más allá de su buen guión, de los momentos dramáticos y de tensión, de la buenísima banda sonora o el excelente trabajo de los actores, Detroit: Become Human plantea algunas cuestiones sociológicas y sociales muy interesantes, sobre las que vamos a hablar aquí. Y sobre las que vale la pena jugarlo para enfrentarse “dentro de la piel de los personajes” a esos puntos y conflictos.

Riqueza, impuestos y desigualdad: neoliberalismo a examen

April 29th, 2020
Impuestos, explotación y riqueza de los ricos.
Los impuestos y la relación con el bienestar social.

Hacía tiempo que no me encontraba de cara con el argumento neoliberal clásico, pero hoy lo he hecho porque Diego Davila dejó un interesante comentario al respecto en la página de facebook. Allí ya le respondí en versión abreviada, pero la verdad es que es un tema que merece un post completo para analizar el discurso, sus errores y aciertos. Lo que muestra y lo que oculta, y la tergiversación clave de lo que son los impuestos y la igualdad social. Entonces vamos a comenzar por reproducir su comentario, en respuesta a este link, porque así tenemos una base sobre la que partir.

A menos impuestos. más empresas y mas ricos, a mas empresas y mas ricos, mas puestos de trabajo, mas trabajo mas dinero, mas dinero mas bienestar social.

La necesidad de formación permanente

February 25th, 2020
Los ciclos de actividad económica requieren una formación continua.
La economía cambia a toda velocidad, demandando formación continua.

El mundo avanza a una velocidad apabullante. Durante milenios, la economía se basaba en lo que hoy en día llamamos el sector primario: agricultura, ganadería, pesca… A partir del Renacimiento y, sobre todo, desde la Revolución Industrial el sector primario dejó de ser el centro para ser suplantado por el sector secundario: la industria. Para mediados del siglo XX ya dominaba el terciario (servicios) y para finales de ese siglo ya estábamos transitando hacia el cuarto (la información) como anunció Castells. El primer sector dominó durante milenios, el segundo principalmente siglo y poco, el tercero unas pocas décadas… el mundo cambia a toda velocidad.

Y es aquí donde entra la necesidad de formación permanente. En buena parte del siglo XX se impuso la idea de que había que formarse, que podíamos estudiar una carrera y luego viviríamos bien. Sobre esto se articuló la promesa de que si estudiábamos viviríamos mejor que nuestros padres, que estudiar era una sólida inversión de futuro. Cuando terminases la carrera tendrías un título y una formacion lista para una vida de trabajo estable y bien remunerado.

¿Interés público o privado? La campaña contra las falsificaciones

December 9th, 2019
La campaña del Ayuntamiento de Madrid contra las falsificaciones disimula los intereses que realmente tiene.
La campaña del Ayuntamiento de Madrid contra las falsificaciones disimula los intereses que realmente tiene.

Iba el otro día caminando hacia la escuela donde doy clases cuando me crucé con una marquesina que tenía uno de los anuncios de la campaña del vídeo, en contra de la compra de falsificaciones. En el momento iba con prisas y no me pude parar, pero me quedé dándole vueltas a la cantidad de cosas que están mal en esa campaña, en la cual claramente se pasan como públicos lo que en realidad son intereses privados.

El foco de la campaña está puesto en tres asuntos concretos: salud, economía/hacienda y empleo. Es una campaña del Ayuntamiento de Madrid (actualmente en manos del PP) lo cual implica que se entiende que los tres elementos se entienden como bienes de interés público. Y eso, en las tres dimensiones, es como mínimo discutible. Veamos por puntos los argumentos que se esgrimen, y cómo ellos disfrazan la realidad.

El ascensor social no funciona

September 13th, 2019
La promesa del ascensor social
La promesa del ascensor social

Hace muchos años, desde finales de la dictadura pero sobretodo con la llegada de la democracia, el crecimiento económico español era muy fuerte. Un crecimiento que aupaba a las clases bajas y medias en el ascensor social hacia una calidad de vida mejor, basada sobre el hecho de que la tarta de ganancias crecía y por tanto salía más a repartir. Políticas socialistas y redistributivas consolidaron temporalmente esto, fortaleciendo con ello una promesa central con la que mi generación ha crecido y que ha guiado las acciones de muchas de las personas de la generación que me precede: que viviremos mejor que nuestros padres.

Esta promesa de coger el ascensor y subir, se basaba en la conexión entre estudios y éxito profesional o laboral. Si una familia de clase humilde hacía esfuerzos económicos para mandar a sus hijos a la universidad a estudiar carreras como medicina o derecho, ellos viviría mejor y la familia habría medrado. Así, las tasas de acceso universitario en España fueron creciendo hasta un grado muy alto, y sin embargo, la promesa era falsa.

Crítica de serie: The Boys

August 22nd, 2019
The Boys cartel publicitario.
Cartel publicitario de The Boys, mostrando a los “superhéroes”

Recientemente estrenada por Amazon, The Boys es la nueva serie de superhéroes. Una buena historia con una perspectiva más oscura sobre los superhéroes, en un mundo muy cínico. Buenas interpretaciones, un buen guión bastante bien atado, y algunos giros muy bien planteados, con más profundidad de la esperada en los personajes además. Sin embargo, personalmente, la encuentro menos rompedora de lo que muchos dicen, aunque sin duda vale la pena verla.

Pero sociológicamente, su discurso pese a ser algo exagerado, tiene muchos puntos de interés. Especialmente, como ocurrió antes con Luke Cage, en el modo en que construye su propio mundo. En este caso, un mundo mucho más cínico y oscuro que el de las series de Netflix, pero con interesantes reflexiones que observar.

Estafa legal: el sistema de funcionamiento de las revistas científicas

February 23rd, 2019
Revistas científicas con acceso de pago

Hoy voy a usar a las revistas científicas como un modo de mostrar el viejo dicho de “hecha la regla, hecha la trampa”. Es una frase muy manida que en este caso va muy bien, pues sin duda el sistema de funcionamiento de las revistas científicas es una estafa en toda regla.

Entonces, empecemos por el principio. Para un académico, como yo, existen requisitos para poder acceder a las plazas de profesor, así como para las mejoras de las mismas. Uno de los requisitos más habituales en estas, y de más peso en los currículums académicos, es el número de artículos publicados en revistas de impacto revisadas por pares. Se supone que, si has realizado una investigación y se publica en una de estas revistas de máximo impacto (que son las que más demanda tienen) es porque es un buen trabajo y, por tanto, merece reconocimiento. A mayores, publicar en esas revistas da gran visibilidad a tu trabajo, lo cual aumenta las probabilidades de que sea citado y referenciado por otros, reforzando con ello el impacto del mismo y el peso de ese artículo en el currículum.

Una breve historia del poder en las relaciones internacionales

November 26th, 2018

Historia de la primera guerra mundialNos encontramos a principios del siglo XX, época final del dominio británico del mundo; sin embargo, bajo el brillo del recuerdo del poder de la Gran Bretaña victoriana, el poder de Estados Unidos crece a toda velocidad hasta superar a su antiguo amo. Le damos un golpecito al reloj para avanzar la historia y, tras unos treinta millones de muertos, nos encontramos en 1919 cuando, tras el terror de la Gran Guerra, se crea la Sociedad de Naciones. La idea era evitar que ocurriese de nuevo una tragedia como aquella… obviamente fracasó.

Unos ochenta millones de muertos después, con el polvo asentándose sobre Hiroshima y Nagasaki, nos encontramos con que la Sociedad de Naciones fracasó. Sobre esos cadáveres, para prevenir que algo así volviese a ocurrir, se crea la Organización de las Naciones Unidas y, con ella, se pone el pilar del orden internacional que viene desde entonces. Es 1945 y Gran Bretaña deja el centro del escenario a los Estados Unidos.

El mercado financiero es el cáncer del capitalismo

November 19th, 2018

El mercado financiero y las curvas de oferta y demandaEmpecemos por el principio: el capitalismo, como todos los sistemas económicos que han existido, es un mecanismo para gestionar la distribución desigual de unos recursos finitos. La concreción más clara de esto son las dos curvas de oferta y demanda, que estipulan dos cosas: cuantas más copias de la cosa a la venta haya, menos valor tiene; y cuanta más gente quiere comprar esas cosas, más valen. De este modo, el punto donde ambas curvas se cruzan se calcula que es el precio apropiado para ese bien, porque como el dinero que tiene cada persona para comprar cosas es limitado, a mayor sea su coste menor cantidad de gente puede conseguirlo, de modo que a medida que sube el precio baja la cantidad de gente que lo quiere comprar y, al contrario, aumenta la cantidad de gente que lo quiere vender.

Y como sistema de gestión de recursos finitos funciona, más o menos, contando con todas las injusticias que genera un sistema así, que se concretan en las desigualdades de riqueza. Sobre estas curvas se crea el sistema capitalista, donde las fábricas generan trabajo remunerado para sus empleados, pero los bienes que generan valen más que lo que cuesta generarlos, de modo que el dueño de la fábrica se queda con ese exceso como su propio beneficio, la llamada plusvalía.

La estructura social existe

October 22nd, 2018

estructura e individuoVivimos en un mundo donde, cada vez más, palabras como “yo lo siento así” o “es lo que yo creo” se han vuelto centrales. Independientemente de su coherencia, lógica o base científica, claro. Con ellas hemos llegado al entorno donde digamos lo que digamos alguien puede ofenderse y exigir que nos retractemos de nuestras palabras. Da igual que esté defendiendo que la Tierra sea plana o que eres un otherkin que “se siente gato”, todo es válido y debe ser respetado porque vivimos en un entorno intersubjetivo y posmoderno, construido por las interacciones entre las personas.

Y ojo, vaya por delante, en efecto vivimos en un entorno donde la intersubjetividad tiene un papel muy importante, y las interacciones sociales construyen buena parte del mundo. Pero no vivimos en el mundo posmoderno y relativo del que hablan los libros, ni en el entorno líquido de Bauman, ni nada por el estilo. Invisible, detrás de todo eso, hay una estructura social extremadamente rígida y sólida que sigue construyendo y reconstruyendo nuestras vidas. Da igual que creamos que lo que importa es la autorrealización o que el reiki puede curarnos, la estructura sigue imponiéndose silenciosa e invisiblemente. Y cuanto menos creamos en ella, pensemos en ella, luchemos contra ella, más fuerte es.

Innovación y riesgo: cine y series

September 24th, 2018

innovación en el cineA menudo, en el discurso establecido globalmente sobre lo que “es deseable”, la innovación aparece siempre pintada en tonos muy positivos. Innovar es bueno, cambiar es bueno, sacar cosas nuevas es bueno. Y no lo pintan como bueno con matices, sino que se describe normalmente como universalmente bueno: las mejores empresas son las innovadoras, y cosas por el estilo.

Sin embargo, toda innovación incluye un riesgo muy importante, porque puede funcionar o no. Puede ser lo que el público quiere, o lo que no quiere. Lo cual implica que bajo todo el discurso de la innovación como algo positivo, se esconde siempre el riesgo a que la idea no funcione. Así, muchas de las grandes empresas del mundo no son innovadoras, las compañías petrolíferas por ejemplo, sino que se dedican a hacer lo mismo o quizás irle añadiendo pequeños cambios menores, como hacen a menudo las empresas que fabrican coches.

Las impresoras 3D y los cambios en la economía del futuro

June 20th, 2018

Impresora 3DDesde que surgieron los primeros fablabs con sus impresoras 3D esta tecnología se ha ido desarrollando enormemente y expandiendo por distintas partes del mundo, con nuevas aplicaciones y desarrollos inesperados. En muchos sentidos, está llamada a cambiar la economía, como muestra la novela clásica La Era del Diamante de Neil Stephenson. La revolución de las impresoras 3D está llamada a terminar de reformar el sector secundario (industria) y buena parte del terciario (servicios) de nuestras economías, pues todo el mundo podrá fabricar buena parte de las cosas que necesita o bien en su casa o bien en servicios comunitarios de impresión.

De este modo, con la producción distribuida por todas partes de las ciudades, la necesidad de grandes fábricas irá crecientemente decreciendo. En su lugar crecerán nuevos servicios en los barrios, como puedan ser tiendas donde imprimir productos muy grandes para las impresoras domésticas o de atención al cliente, etc. El sector secundario se irá encogiendo, y recogiendo en torno a la fabricación de aquellas cosas que las impresoras locales no puedan, especializándose en consecuencia. Y empezará a coaligarse distintas ramas de la economía para que surja un cuarto sector: la inteligencia.

El sueño americano

May 29th, 2018

En casi toda película americana que vemos, sale mencionado en algún momento. Sale como referencia en canciones y novelas, en los debates políticos y sociales. Pero, ¿qué es el sueño americano? En su núcleo, el sueño americano consiste en una serie de leyendas entrecruzadas sobre qué significa ser americano.

Tribulaciones de la Clase Ociosa

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