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Andor: Represión y rebelión

Portada de Andor, en Disney+.
Portada de Andor, la historia humana de cómo comienza la rebelión contra el Imperio.

Andor, la nueva serie de Star Wars, toma la estela de Rogue One pero va mucho más allá de la misma. Se aleja de las grandes aventuras espaciales, de la Fuerza, de los personajes famosos y carismáticos, para contarnos una historia de gente cotidiana que se ven lanzados a un mundo brutal. Es una historia, en última instancia, sobre el poder de la opresión y la resistencia a la misma, dura y oscura como Star Wars no suele ser, donde el precio de las cosas nunca es barato ni lo que ocurre es blanco o negro. Es una serie inteligente, donde los personajes actuan con inteligencia pero además trata al espectador como alguien inteligente, capaz de seguir una historia lenta pero compleja, donde cada pieza va encajando con las demás progresivamente. Y está sustentada en unas interpretaciones brillantes y unos guiones espectaculares que hacen que una situación cotidiana como tres personas hablando en un salón se convierta en una escena extremadamente tensa por todo lo que está en juego, el contexto, lo que se dice y lo que se calla. Todo ello hace que sea especialmente interesante como análisis de nuestra realidad, del funcionamiento de nuestras sociedades y de las personas que en ellas viven.

A la hora de entender Andor, hay que empezar por el punto de partida: el tema central de la serie. Y, advertencia desde ya, en este post va a haber spoilers, así que recomiendo ver primero la serie para haceros vuestras propias ideas antes de leer las mías. Dicho lo cual, vamos al meollo, a esa galaxia muy muy lejana que, esta vez, se siente muy muy cercana.

La tesis central de Andor, como reflejan muchos de sus diálogos y las acciones de sus personajes, pero especialmente la lectura del manifiesto rebelde en el último capítulo, es que el ejercicio del poder y la brutalidad es un enorme esfuerzo. Que ningún régimen represivo puede hacerlo sin tener un coste y que ese coste lentamente se va acumulando, día a día, hasta hacer de la situación insostenible. El miedo de una población solo puede conseguir la estabilidad de un régimen durante un tiempo determinado, antes de que la gente se de cuenta de que ya no les queda nada por perder y ocurra la revolución o la movilización general. Es la historia del final de la mayoría de las dictaduras, cuando eventualmente la gente deja de tener miedo y sale a las calles con sus demandas, pagando el precio que haya que pagar para defenderlas y conseguir el cambio que quieren.

El miedo es una emoción muy fuerte, sin duda, pero funciona mejor cuando se deja intuida que cuando se ejecuta. Alien es más terrorífica que la mayoría de películas porque nunca sabes realmente qué puede hacer el alienígena, qué aspecto tiene, qué capacidades. El terror surge así a lo desconocido, a lo imprevisible, a lo invisible. “El Imperio”, como dice el discurso final, “se beneficia de la oscuridad”. El desconocimiento, la imposibilidad de vigilar a los vigilantes, etc. se convierten así en herramientas potentísimas del poder, porque no dan un objetivo claro a la revolución. Como dicen en otro momento de la serie, “nos han estado ahogando tan lentamente que no nos hemos dado ni cuenta”. Cuando el miedo funciona de ese modo (que es como lo utiliza por ejemplo Vox en sus discursos sobre cómo España se rompe, o cómo los inmigrantes nos quitan el trabajo) es muy efectivo, porque cada persona puede proyectar en el mismo lo que más tema y, al mismo tiempo, como nunca se materializa más que vagamente, siempre da la sensación de estar a la vuelta de la esquina.

Un buen trozo de Andor, de hecho, es el camino a recorrer para hacer la brutalidad manifiesta. La trama entera de Aldhani no va de obtener un montón de dinero para financiar a la rebelión, sino, como se ve en la conversación entre Luthen y Mon Mothma, es una forma de obligar al Imperio a reaccionar de una forma abierta y brutal. Cosa que el Imperio inmediatamente hace. Así, el miedo pasa de ser algo sutil y latente, presente en todas partes y ninguna, a algo abierto y público, que la gente puede sentir en sus carnes. Al hacerlo, el poder se estabiliza, pues la represión y la brutalidad son herramientas muy potentes, pero al mismo tiempo empieza a sangrar, empieza a mostrar las fallas, porque “el uso abierto de la represión es una señal de debilidad, no de fuerza”, como señalan en otra gran conversación de la serie, durante la parte de la prisión. Y lentamente, todas esas goteras empezarán a acumularse.

Escena de una conversación donde Nemik dice "El ritmo de la represión supera nuestra habilidad para comprenderlo".
Conversación sobre el manifiesto, donde se habla de cómo la velocidad a la que se produce la represión es demasiado rápida para que la gente pueda entenderla y salir del shock.

Y aquí hay que volver a las conversaciones sobre el manifiesto, pues en torno a él se articulan varias otras ideas interesantes. Cuando llegamos a la represión, lo que dice el manifiesto es que el poder no se mantiene por un único acto de represión, sino por infinidad de ellos. Tantos que ya no son un escándalo, que se convierten en algo cotidiano. Cuando el poder reprime abiertamente busca la sensación de que somos víctimas potenciales en todo momento. En una escena sacada casi directamente de la película Brubaker de Robert Redford, lo primero que ocurre al llegar a la prisión es un acto de brutalidad innecesaria, solo para que la gente entienda que esa es su vida a partir de entonces. El poder se manifiesta para conseguir que la gente se sienta desempoderada, vulnerable en cualquier lugar, bajo control e incapaz de rebelerse. Los adentra en el estado de shock del que habla Naomi Klein, desarticulando la sociedad, estableciendo el reino del sálvese quien pueda.

Para esto el poder, como bien muestra Andor, va a usar todos los medios de represión, pero también los de vigilancia. Construyendo un panóptico digital donde los ciudadanos pueden ser vigilados en todo momento con cámaras, grabaciones, espías, delatores… eso lo vemos claramente en la parte protagonizada por el Imperio, como va facilitando que los ciudadanos se vuelvan unos contra otros, como rompe voluntades y controla lo que ocurre con un potentísimo servicio de inteligencia dedicado a espiar a su propia población y mantenerla controlada. Hoy en día vivimos en ese panóptico digital, como muestran las escuchas de la NSA a los ciudadanos norteamericanos y europeos, la presencia de cámaras en las calles, la posibilidad de pinchar teléfonos…

Otro elemento muy relevante es el poder emancipador de la muerte. Al fin y al cabo, es lo más valioso que se nos puede quitar, no en vano el uso legítimo de la fuerza es el centro de poder de la política y del Estado desde tiempos de Hobbes. Si entendemos que el Estado se cobra una vida de un modo legítimo (por ejemplo, porque en un país se acepte la pena de muerte para ciertos crímenes) entonces no pasa nada. El problema surge cuando esta se hace de un modo ilegítimo (se descubre que el ejecutado no era culpable, se hace sin juicio, etc.), entonces da pie a un escándalo. Pero, como señala Andor, las brutalidades se hacen tan a menudo que dejan de ser escándalo. O, si se prefiere una cita de Stalin, “una muerte es una tragedia, un millón es una estadística”. Una muerte de alguien querido nos deja en estado de shock, sorprendidos, desempoderados, vulnerables. Pero cuando ocurre una y otra vez, lo que pasa es que nos insensibilizamos y nos damos cuenta de que el poder ya nos ha quitado lo más valioso que tenemos, de modo que no tenemos ya nada que perder.

Por eso, en tantas revoluciones, como ocurre en Andor, los funerales juegan un papel central. Porque son la manifestación de que todo ese dolor colectivo por el que están pasando los ciudadanos no es legítimo y, además, es algo que pasa a todo el mundo. Las Madres de Mayo en Argentina, el suicidio de Mohamen Bouazizi en Túnez o la actual muerte de Mahsa Amini en Irán. Todos ellos son ejemplos de cómo la muerte enseña a los vivos que ya no tienen nada que perder, que la situación es insostenible y el cambio necesario. Es la llama de la revolución en Ferrix al final de Andor, porque ha sido la llama de mil revoluciones reales a lo largo de la historia de la humanidad.

Escena de la prisión de Andor, con todos en posición de "On Program", completamente vulnerables.
La brutalidad y crudeza de las escenas de la prisión de Andor no se alejan de la realidad de muchas prisiones, no en vano en Estados Unidos todavía es legal la esclavitud en algunos estados para crear mano de obra barata en las prisiones.

Lo cual nos lleva de nuevo a las emociones. El miedo es una herramienta potentísima cuando se usa de modo sutil, y muy potente pero temporal cuando se usa de modo abierto. El modo en que una dictadura se perpetua en el tiempo, como cualquier sistema político, no se basa en el miedo sino en la esperanza. Los gobiernos deben servir para hacer que la vida de la población sea mejor, cuando eso ocurre los mismos se vuelven estables porque la gente quiere vivir en esos sistemas. Dictaduras como la soviética (especialmente en sus primeras fases) o el actual Partido Chino son buenos ejemplos de esto, porque no solo usan el miedo sino que están creando riqueza, mejorando las condiciones de vida de la población. Al hacerlo, la gente puede considerar que perder ciertos derechos y libertades está justificado, a cambio de todo lo que están recibiendo.

Aquí entra otro de los elementos de Andor que tan relevantes son en la actualidad: el papel del conflicto entre seguridad y libertad. Hay muchas conversaciones y mensajes, especialmente entre los que son partidarios del Imperio, de que es aceptable la represión y el control porque está trayendo una estabilidad y una seguridad a la galaxia que no sería posible de otro modo. Esta dicotomía ha sido explotada hasta la saciedad en la sociedad actual, por ejemplo con la Patriot Act de George Bush justo después del 11-S, donde se “reformaron” un montón de derechos fundamentales de los americanos en nombre de garantizar su seguridad tras el atentado. Pero esa ley se encontró con una enorme resistencia y ha sido abolida con el tiempo, porque la gente usualmente escoge libertad por encima de seguridad, especialmente en entornos donde una cantidad razonable de seguridad ya ha sido garantizada. En esos casos, como el norteamericano, el sacrificio de la libertad a cambio de esa seguridad se ve como un sacrificio demasiado elevado y se produce el movimiento de respuesta y protesta.

Para que ese cambio sea viable y aceptable en una sociedad hace falta que tengan verdaderamente la sensación de que la seguridad se ha perdido, que son vulnerables ante amenazas de todo tipo, internas y externas. Que cualquiera podría sufrir un atentado terrorista como el de las Torres Gemelas, aunque viva en la mitad de Wyoming. El Imperio usa esto continuamente para consolidar su posición, y lo hace muy efectivamente a través del uso de las palabras adecuadas: la rebelión son ataques terroristas, partisanos, independentistas. Y pueden ocurrir en todos los sitios. Después del ataque a Aldhani el Imperio reprime y cobra impuestos en toda la galaxia, allá donde haya “actividad partisana o rebelde”. Como ellos definen qué se considera esas dos cosas, tienen libertad para reprimir en todos sitios y, al hacerlo, transmiten el mensaje de que se debe no a los buenos ciudadanos de ese planeta, sino a los rebeldes que viven entre ellos. Si haces eso en un planeta donde no hay actividad rebelde, una parte de la población se volverá contra si misma, intentando identificar esos rebeldes y terminar así con la amenaza a su seguridad que estos plantean.

Por supuesto, esto lleva al uso abierto del poder y la represión del que hablábamos antes, y los regimenes que sobreviven alternan entre situaciones de presión y situaciones más laxas. Sino la gente se insensibiliza, se da cuenta de que no les queda nada que perder y se rebela. Así, el movimiento represivo de Bush fue eventualmente sustituido por una restitución de esos derechos y un paso atrás, cuando se consideró que ya no eran necesarios o aceptables.

A menudo, sin embargo, las situaciones que hacen explotar la mecha de una situación ya tensa de antemano, son situaciones que no dependen de grandes planes sino de una información que llega a donde no debe. La muerte de George Floyd en Estados Unidos fue el pistoletazo de salida para el potentísimo movimiento Black Lives Matter y no fue un acto premeditado del gobierno represivo, sino una de las muchas instancias en que la brutalidad policial funcionó como siempre lo había hecho… pero fue grabada en una cámara. La revolución de Farix en Andor sigue esta línea, no empieza por un gran acto de control, sino por la tortura del padre de un muchacho que lleva una bomba a un funeral en venganza… daba igual cómo fuera ese funeral, incluso sin el fantástico discurso inspiracional del medio, la situación se hubiera salido de control porque el muchacho llevaba la bomba consigo de todas formas y quería venganza.

Escena de Andor en la que están entrenando para el heist en Aldani.
El entrenamiento en Aldhani nos muestra como en Andor, cada uno de los que llegan a la rebelión lo hacen por sus propias razones.

Y aquí llegamos a uno de los puntos finales que interesan, una conversación que ocurre durante la trama de Aldhani en que uno de los personajes dice “cada uno lleva su propia rebelión dentro”. Que, en ese contexto, significa que cada uno tiene sus propias razones para decir basta. Uno lo hace porque mataron a su familia, otro por las cosas que se vio forzado a hacer, otro porque perdió a su amor… da igual las historias concretas, cada uno tiene una razón personal que les lleva a estar ahí. Y, cuando esas razones se van compartiendo cada vez más, la gente tiene razones como colectivo para ir a la rebelión. En Mandalorian vemos a Cara Dune como una miembro de la rebelión y no hace falta saber por qué se unió a la misma cuando nos dice que es de Alderaan. Al fin y al cabo, en esa misma escena pero en el Episodio IV, Leia le dice a Tarkin que “cuánto más apriete el puño, más sistemas estelares se saldrán de su control”.

Ese es el centro de la revolución. Una revolución no se basa en ideales, en altas concepciones de políticas o del futuro mejor. Todos esos son importantes, pero vienen después. El comienzo es la sensación de cada persona de que no tienen nada que perder, que la situación es insostenible, cuando encuentran sus razones individuales para llevar su propia rebelión interior. Y, cuando miran alrededor y ven que eso mismo anida en el corazón de los demás, entonces se moviliza todo. La destrucción de Alderaan estaba destinada a sembrar el terror en la galaxia cuando los demás planetas supiesen que eso les podía ocurrir si se rebelaban… pero lo que hizo fue alimentar a la rebelión al crear millones de personas que de pronto tenían razones para alzarse contra el opresor, como le ocurre a Cara Dune.

Ese es el modo en que ocurre el cambio social en sus extremos, primero con la conciencia individual de que la situación es insostenible, y después al darse cuenta de que esa conciencia se ha vuelto grupal. Es necesariamente una historia de pérdida y sacrificio, como Andor tan bien muestra, con gente que pierde a sus seres queridos o incluso aquellos, como Luthen en su famosa escena, donde “sacrifica toda su humanidad por un amanecer que él nunca llegará a ver”. Al fin y al cabo, la pérdida es una de las cosas más estresantes y traumáticas que podemos sufrir en vida y, al serlo, nos hace replantearnos individual y colectivamente nuestras vidas y el significado de las mismas.

Por todo eso es que Andor no se centra en los grandes personajes, en los jedis o los sith, e incluso los personajes importantes como Mon Mothma aparecen de un modo extremadamente humano. Porque, al final, las revoluciones no se empiezan desde los grandes héroes y figuras famosas, sino en cafeterías y tiendas, en plazas y mercados. Entre la gente común, la gente oprimida y desesperada que se atreve a mirar al poder y decirle que ya basta.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de Andor y su interpretación de la rebelión?

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Comportarse como Adultos

Portada de la película Comportarse como Adultos.
Comportarse como Adultos narra el momento más oscuro de la historia de la Unión Europea: cuando traicionó a Grecia.

Comportarse como Adultos es una buena película/biografía que narra, desde el punto de vista de Varoufakis, su breve tiempo al frente del Ministerio de Finanzas griego tras la victoria de Syriza en las elecciones griegas. Una película que intenta convertir en un thriller económico lo que son multitud de reuniones burocráticas y discusiones a puerta cerrada, y logra generar tensión e interés con una historia que, desgraciadamente, todos sabemos cómo acaba. En el camino no solo logra crear un entretenimiento bien llevado aupado por muy buenas interpretaciones de sus actores, sino crear un discurso interesante sobre el funcionamiento de la Unión, los intereses cruzados de su interior, etc. Sesgado, sin duda, al estar basado en el punto de vista de Varoufakis sobre los hechos, pero no por eso menos valioso.

Y, a la hora de analizarla, debo empezar por aclarar que yo soy un europeísta convencido. Creo que la Unión es lo mejor que le ha pasado a Europa y la única vía real de salir de los problemas y retos que el futuro puede plantear, como está manifestando la actual crisis energética (como cambian las cosas cuando las que están en crisis son Alemania y Francia en lugar de Grecia o Portugal). A menudo, sin embargo, hace menos de lo que debería o llega tarde. Y, en el caso de la deuda griega, cometió una auténtica atrocidad que es probablemente una de las peores manchas negras de su historia.

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Libros

Microfísica del poder

Portada de Microfísica del Poder, de Michel Foucault.
Microfísica del Poder no aporta nada que no se haya leído en otros libros de Foucault.

Microfísica del Poder es un librillo fino de Foucault que, en su docena de capítulos, aborda temas muy distintos de un modo bastante más ligero del que Foucault suele tener para tratarlos. Esto se debe a que los capítulos, más que ser un libro del autor francés, son una colección de entrevistas, debates y extractos de clases magistrales, en los que va abordando distintos temas. Siendo conversaciones habladas, sin duda permite ese estilo más sencillo de seguir que el habitual de Foucault, pero al mismo tiempo plantea dos problemas: primero, que como hablan de sus libros y demás, lo normal es que si no sabes de antemano qué sale en esos otros libros, pues no te enteres demasiado; y segundo, que si en cambio te has leído esos otros libros, el contenido de este resulta tremendamente superficial.

Así, aunque tocan temas clave de Foucault como el biopoder, la corporeidad, las instituciones represivas, la historia, la lucha social, etc. lo hacen de un modo que poco aportan a quienes ya conocemos la obra del francés, y probablemente provoque más preguntas que de respuestas a aquellos que no. Además, los capítulos de Microfísica del Poder son directamente estas transcripciones de las conversaciones de Foucault con otros intelectuales, y por ello se presentan sin una coherencia, ni un contexto ni nada que le de un poco más de entidad como libro.

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Libros

El Valor de las Cosas

Portada del Valor de las Cosas, donde ya se deja claro el tema central del libro.
Portada del Valor de las Cosas, donde ya se deja claro el tema central del libro.

El Valor de las Cosas es un fenomenal libro de Mariana Mazzucato, catedrática de economía en el University College de Londres. Es un libro que sin duda me ha impactado mucho, entre otras cosas porque me ha permitido terminar de poner en su lugar mis ideas sobre la sociedad de narradores de la que hablaba hace un par de meses. Entonces, ¿de qué trata el Valor de las Cosas?

El punto de partida es la historia del pensamiento económico en torno a una cosa en concreto: ¿qué considera una sociedad, en términos económicos, como valioso? ¿Qué actividades son generadoras de valor y cuales lo extraen de la sociedad? Este punto de partida ya es controvertido e interesante porque, como Mazzucato señala desde el principio, aunque la cuestión del valor formaba parte central del pensamiento económico clásico ha ido desapareciendo a partir del auge de los marginalistas y el neoliberalismo a partir, especialmente, de los años 70. Entonces, para plantear este debate, Mazzucato recorre la historia del pensamiento económico desde los primeros economistas a los clásicos como Adam Smith, Marx o Keynes. Todas las escuelas y pensamientos son abordados, mostrando cómo con el paso de los años la narrativa de lo que es el valor va cambiando.

Y es que, al principio, lo que se consideraba generador de valor era lo que estaba directamente relacionado con la generación de bienes: el trabajo, en especial el trabajo agrícola que permitía a la sociedad crecer y comer. En contraposición surgía la idea de las rentas, que consisten en extraer valor de la sociedad por medio de actividades que generan dinero pero no valor por si mismo, un problema central antiguamente donde los grandes terratenientes vivían de los alquileres del campo sin hacer nada socialmente útil por si mismos. Este punto de vista va evolucionando con el tiempo, hasta surgir otros pensamientos como el marxista, donde el valor surge en el proceso económico capitalista dando lugar a la plusvalía, dando un marco social y estructural más amplio a las connotaciones de los economistas clásicos. O la visión keynesiana de intervencionismo en economía, donde el valor surge de la capacidad de la economía para mejorar la vida de las personas, normalmente por medio de la inversión estatal que estimula el crecimiento económico.

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Reflexiones personales

Fundación y el peso de la historia

Imagen de la portada de la edición con las tres novelas principales de la saga de Fundación, de Asimov.
En sus novelas sobre Fundación, Asimov hace una muy interesante descripción del funcionamiento de la historia.

Acabo de ver la serie de Fundación y es un insulto a mi inteligencia y la de cualquiera que le dedique un mínimo de atención (y no hablemos de la memoria de Asimov y el significado de su obra). Pero dejando eso de lado, hay un debate social muy interesante en el núcleo de Fundación (que la serie pisotea ampliamente) sobre el que vale la pena hablar hoy un poco aquí.

Fundación fue originalmente escrita en 1951 por Isaac Asimov, en la época que en la sociedad (y la sociología) dominaba la idea funcionalista del mundo. Según esta teoría y visión, si la resumimos mucho, el mundo social es una estructura organizada, donde distintos aspectos de la misma cumplen funciones determinadas. Así el cuerpo de policía por ejemplo garantiza la paz social y el dominio del Estado, las empresas generan riqueza, los estadios de futbol generan entretenimiento, etc. La sociedad tiene una serie de funciones que debe cumplir y cada sociedad concreta difiere en la medida en que crea distintos modos de responder a esas necesidades. Como todo en la sociedad cumple su función, la sociedad es por definición estable. No resulta sorprendente así que, a menudo, a los funcionalistas clásicos (Parsons en especial) se le criticase que su teoría no explicaba una de las partes más importantes de la sociedad: el cambio social.

Pero volvamos a Fundación, que ya estaba perdiendo el hilo por las tierras de la teoría sociológica. El punto de partida de Fundación es la idea de la psicohistoria. Según esta, por medio de complejísimos cálculos matemáticos y estadísticos, se puede crear un modelo que contemple en su interior todas las variables y dinámicas que afectan a una sociedad concreta. Teniendo un modelo tan perfecto, se puede extrapolar cómo ese modelo va a evolucionar porque los errores y beneficios del presente crean tendencias e inercias que se manifiestan en acciones en el futuro. De modo que, siguiendo esta lógica, con ese modelo perfecto (esa “magia” es la parte de ficción de esta novela de ciencia-ficción) por tanto, es posible calcular el futuro. Y lo que Seldon ve en el futuro es que el Imperio galáctico va a colapsar y que se van a venir 30.000 años de oscurantismo, muerte y regresión social y tecnológica.

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Reflexiones personales

Una sociedad de narradores

Imagen explicativa de lo que es un narrador en un cuento
El narrador cuenta la historia del mundo a todos los que escuchan

Desde las ciencias sociales a menudo se han propuesto distintas teorías para intentar entender el mundo en que vivimos y tratar de identificar sus dinámicas principales. Desde la economía se ha llamado al mundo actual una sociedad neoliberal, o de capitalismo tardío. En sociología se la ha llamado la sociedad de la información, donde el centro de todo es el uso y manejo de la susodicha. También se la ha llamado la sociedad del riesgo, acentuando cómo las acciones en el presente a menudo se basan en tratar de prevenir problemas futuros. O se ha dicho que es una sociedad líquida, donde lo que predomina es el cambio y la desaparición de estructuras sólidas. Se ha hablado de sociedades de civilizaciones en choque, de sociedades que han llegado al final de la historia y se preparan ya para el final de la ideología, y al contrario, de sociedades de fuertes valores ideológicos en conflicto. Y muchas más. Hoy voy a proponer quizás una aproximación más micro, la de una sociedad de narradores, de cuentacuentos.

Pero empecemos por el principio. En el pasado ya he hablado sobre cómo la sociedad es intersubjetiva, debido a que no existe una realidad objetiva que todo el mundo vea. Al contrario, cada persona ve el mundo de un modo, su subjetividad. Allá donde los puntos de vista de mucha gente coincide surgen acuerdos sociales y culturas organizadas en torno a esas ideas, que definen que esa sociedad es de tal modo, o que tiene esos valores. Entonces esas subjetividades crean una serie de puntos en común sobre los que asientan esa intersubjetividad, esa percepción compartida de lo que es el mundo en el que viven. Y luego las subculturas lo que vienen es a crear variaciones internas de esos acuerdos, enfatizando ciertos valores, debilitando otros, etc.

Es aquí donde entra la visión del poder de Foucault, cuando dice que el biopoder (el tipo de poder dominante en la actualidad) se basa no en el castigo y la represión sino en la creación de identidades. Nos enseñan a pensar y a sentir de ciertos modos a través de la educación (desde la familia, al colegio, etc.) y, con eso, improntan nuestras identidades para hacernos ver el mundo de cierto modo, acorde en principio con la cultura en la que vivimos. El biopoder se basa así en esa gestión de los sueños, los deseos, etc. que tiene la gente, y en la gestión de los modos legítimos de alcanzar esos sueños. Y aquí podemos apoyarnos en Merton, cuando habla de la desviación en sociedad. Él dice que la sociedad fija unos objetivos para ser una persona “exitosa” en sociedad, y establece unos mecanismos para llegar a ellos. En el momento en que aceptamos esos fines y esos caminos nos conformamos a la sociedad, mientras que aquellos que aceptan unos y no los otros, o no aceptan ningunos, son desviados. Por tanto, vivimos en un mundo donde el poder establece nuestras identidades y donde se define como desviados a aquellos que no siguen las vías establecidas para llevar una “buena vida”.

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Actualidad

Judicialización de la política

La Justicia movida por los hilos de un titiritero.
La judicialización de la política y la politización de la justicia son dos oscuras realidades.

En el mundo actual, desde una punta al otro, cada vez es más fácil ver el modo en que la justicia (entendida como institución judicial, no como valor social en este caso) y la política van de la mano. Aunque usaré en este post los ejemplos de Trump en Estados Unidos y de la judicialización de la política en España, lo cierto es que es un fenómeno que va mucho más lejos.

El punto de partida de esta historia se encuentra en la manera en que se entiende en el presente la separación de poderes o, mejor dicho, la falta de la misma. En el siglo XVII y XVIII, cuando comenzaban las teorías que llevarían a las democracias modernas, una de las preocupaciones centrales de los filósofos de la época era el que el poder no se aglutinase en unas pocas manos, en un nuevo “rey”. La idea del mandato imperativo fue un paso importante aunque luego se deshiciese y pasase a constituirse el mandato representativo; y el otro de los principios centrales era la idea de la separación de poderes, que separaba en personas diferentes el poder ejecutivo, el legislativo y el judicial. La realidad que encontramos, sin embargo, es que la partitocracia es el sistema real que tenemos en el mundo actual, de modo que desde uno de los poderes se controlan todos los demás. En el caso español, los miembros del Tribunal Constitucional y el Supremo son nombrados, directa o indirectamente (a través del Consejo General del Poder Judicial) por el Congreso, que a su vez elige al Presidente del Gobierno, de modo que desde el Legislativo se controlan tanto el Ejecutivo como el Judicial. E incluso el cuarto poder, la prensa, se encuentra hoy en día alineada en sus líneas editoriales con ciertos partidos, como se ve claramente en la línea de Fox News en Estados Unidos. Así, el poder no está realmente en manos de la ciudadanía (la base de la democracia) sino en la de los partidos políticos que controlan las instituciones (de ahí que sea una partitocracia).

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Detroit: Become Human, un análisis social

Carátula de Detroit: Become Human
Detroit: Become Human tiene un poderoso discurso sobre el cambio social y la opresión.

Detroit: Become Human es un gran juego de toma de decisiones, una experiencia cinematográfica donde el jugador tiene que escoger y decidir en cuestiones muy interesantes sobre las que vale la pena reflexionar. Elementos como la filosofía, la identidad, la confianza, el amor, los sentimientos, el miedo… en resumen, como dice el propio subtítulo del juego, lo que nos hace ser humanos. Y nos lo hace vivir desde el otro lado del telón, desde el colectivo que, en el universo del juego, teóricamente no tiene nada de todo eso: los androides.

Pero, más allá de su buen guión, de los momentos dramáticos y de tensión, de la buenísima banda sonora o el excelente trabajo de los actores, Detroit: Become Human plantea algunas cuestiones sociológicas y sociales muy interesantes, sobre las que vamos a hablar aquí. Y sobre las que vale la pena jugarlo para enfrentarse “dentro de la piel de los personajes” a esos puntos y conflictos.

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Reflexiones personales

Progreso, la idea en el centro del mundo

Imagen de la revolución francesa, momento clave para el desarrollo del concepto de progreso.
El progreso es una idea central del siglo XVIII y desde entonces, presente en todas las grandes revoluciones

Aunque parezca muy obvia hoy en día, la idea de progreso no nos ha acompañado demasiado tiempo en términos históricos. Al contrario, el concepto de progreso fue inventado a lo largo del siglo XVIII, cuando la Ilustración cambió el modo en que se entendía la vida y la sociedad. En la Edad Media, por ejemplo, se entendía el tiempo en términos estancos, estábamos atados a este valle de lágrimas hasta que finalmente llegase el Fin del Mundo. Los griegos lo entendía en términos de decadencia circular, desde la era de oro de los dioses, a la de plata de los héroes, a la de bronce en la que vivían ellos. Sin embargo, a partir de que el ser humano se ponga en el centro de las cosas en el Renacimiento, la idea de que las cosas pueden cambiar fue surgiendo y para la Ilustración, se colocó en el centro de muchas de las ideologías novedosas, desde la lucha liberal contra la opresión a la idea de derechos inalienables de las personas en jurisprudencia o la creación de la misma idea de la democracia moderna.

La idea de progreso se sostiene sobre dos pilares muy distintos y complementarios. El primero de ellos es la idea de progreso como avance que nos permite llegar a donde nunca antes habíamos llegado. Poner un hombre en la Luna fue un reflejo de esta visión del progreso, que permite que la humanidad vaya más allá de sus límites.

En este sentido, la clave del progreso es el avance tecnológico. La clave para llevar a una persona a donde ninguna ha llegado es precisamente desarrollar los inventos y tecnologías necesarios para que los límites que lo ataban cambien de sitio, se vayan más lejos. No se puede llegar a la Luna sin inventar el cohete espacial, los ordenadores, desarrollar la astrofísica, etc. Nuevos conocimientos e inventos se combinan a lo largo de los años para ir cambiando la sociedad en la que vivimos, permitiéndonos hacer cosas que antes hubieran sido imposibles. Cuando se inventó y empezó a difundirse el teléfono móvil, por ejemplo, era algo carísimo y limitado en sus funcionalidades, en aquellos tiempos difícilmente podrías explicarles a las personas cómo sería el mundo unas pocas décadas después con los smart phone, internet y que todo el mundo tenga uno o más dispositivos.

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The Comey Rule (La Ley de Comey)

The Comey Rule nos introduce en un interesante momento histórico de EEUU.
The Comey Rule nos introduce en un interesante momento histórico de EEUU.

The Comey Rule nos cuenta la historia de James Comey, quien fue director del FBI desde el comienzo de la presidencia de Obama hasta principios de la de Trump. Si bien su historia se centra especialmente en el periodo de la investigación de los emails de Hillary Clinton y cómo eso influyó en las elecciones de 2016 que harían que Trump ganase, el centro de la serie es una discusión muy interesante sobre la ley, el respeto, la interferencia rusa en las elecciones, etc. Para contar esta historia, que en el fondo tiene pocos “hechos interesantes” a nivel cinematográfico, pocos momentos épicos y que además cubre largos periodos de tiempo, especialmente el último año de Comey en el FBI, la serie se sostiene durante sus cuatro horas en un conjunto de actores que están simplemente soberbios, en una puesta en escena muy trabajada y en un papel suave pero apropiado de la música. Todo esto hace que nos metamos de lleno en lo que nos está narrando, y nos deja espacio a cada uno para llegar a nuestras propias conclusiones.

Y es que, en este sentido, The Comey Rule pone sobre la mesa muchas cuestiones importantes no solo para entender ese momento histórico sino para todas las sociedades del mundo. El primero de cuyos puntos, quizás el más importante, es la cuestión de los valores. Comey sale descrito como la clase de persona que tiene unos valores muy fuertes (la independencia del FBI, el deber de proteger a los ciudadanos, hacer lo correcto…) que guían sus acciones y las de la institución a su cargo durante el tiempo que en ella está. Y, durante buena parte de ese tiempo, esos valores son eficaces en granjearle el apoyo de los miembros del FBI e incluso del Presidente Obama.

Sin embargo, el centro de la historia surge porque, en realidad, en el mundo moderno los valores normalmente chocan contra la eficacia política. La cuestión de los emails es uno de los momentos que mejor lo reflejan: todos en el FBI saben que es un mal asunto meterse a investigarlo, que es una bomba que no se puede manejar bien dentro del plazo de unas elecciones que ya están en marcha. Es, a nivel objetivo, un error estratégico… y, sin embargo, es lo correcto. La política es la base sobre la que se construye el mundo en el que vivimos, es mucho más que simplemente las instituciones de gobierno, y buena parte del territorio político es un territorio ideológico donde los valores se enfrentan entre si por alcanzar una hegemonía en la ideología de una sociedad (es la base del funcionamiento de la sociedad civil).

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Cyberpunk 2077

Cyberpunk 2077 es un juego que vale la pena experimentar y reflexionar sobre el mundo que nos describe.
Cyberpunk 2077 es un juego que vale la pena experimentar y reflexionar sobre el mundo que nos describe.

Cyberpunk 2077 es probablemente el mejor juego de rol al que he jugado en mi vida, y van muchísimos, con una narrativa muy cuidada, una construcción de personajes brutal, muchos sistemas roleros que permiten distintos desarrollos para el personaje, muchísimas quests muy bien hechas, etc. Tiene bugs, sin duda, pero no quitan de lo buena que es la experiencia y explorar todos los temas que aborda el juego que justo, es lo que aquí nos ocupa.

Y es que ya en el pasado había escrito sobre cómo el cyberpunk como género distópico habla de muchos de los problemas que nos vamos a encontrar, probablemente, en el mundo que se nos viene encima. Y todos estos temas se encuentran perfectamente reflejados en la construcción del mundo de Cybperunk 2077, cuando hacen referencia a cosas como el cambio climático, la desaparición de buena parte de la fauna, la contaminación de las aguas, y muchos otros riesgos que hoy en día vemos cada vez más cercanos.

Uno de sus discursos principales, como suele ocurrir en todo el género, es en torno al papel del neoliberalismo económico llevado a sus últimas consecuencias. En el universo de Cyberpunk 2077 encontramos que el gobierno ha sido reducido a su mínima expresión, hasta el extremo de que Estados Unidos se ha partido y Night City se ha convertido en una ciudad independiente. El único ámbito político (en el sentido institucional de la palabra) que encontramos en su historia es relativa a las elecciones a alcalde, pero incluso esa trama rápidamente nos muestra que los que tiran de los hilos de los políticos son las grandes corporaciones.

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Explicando tu vida

El paso del tiempo histórico

El tiempo historico es muy diferente al tiempo como lo vivimos las personas.

A priori, el tiempo es una magnitud objetiva que podemos contrastar simplemente mirando un reloj. Tic, tac, un segundo dura exactamente un segundo, y una hora lo que corresponde a sesenta minutos. Así, mientras nos mantengamos lejos de las naves espaciales, la velocidad luz y todas las cosas que la teoría de la relatividad demuestra que distorsionan el tiempo, podemos más o menos confiar en la predictabilidad del mismo.

Sin embargo, la realidad es que, aunque es una magnitud física muy previsible, no la vivimos de un modo tan claro y objetivo. Al contrario, la experiencia del tiempo es extremadamente subjetiva, así si nos divertimos el tiempo pasa muy rápido y si nos aburrimos lo hace despacio. No vivimos el tiempo como es, sino como lo sentimos, lo cual por ejemplo es muy visible cuando llega el solo de guitarra de una canción de rock, que da la sensación de que la canción es más rápida cuando no es el caso sino que simplemente se están dando más notas dentro de cada compás, no se ha alterado el tempo.

Esta percepción subjetiva del tiempo ha ido cambiando con las épocas. No se percibía y sentía igual el tiempo, por ejemplo, en la antigua Grecia (cuando creían que el tiempo era circular y no lineal) o en la Edad Media (cuando pensaban que el tiempo no cambiaba, simplemente llegaría algún día el fin del mundo). Al fin y al cabo, la misma idea de progreso social, la noción de trabajar en el presente para construir un futuro mejor, es un invento de la Ilustración, así que no tiene ni 500 años.

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Reflexiones personales

La muerte de la democracia

Franco y Hitler son historias muy distintas sobre cómo se produce la muerte de una democracia.
Franco y Hitler son historias muy distintas sobre cómo se produce la muerte de una democracia.

La imagen más habitual de cómo se produce la muerte de una democracia suele tener que ver con un general inspirado, que saca los tanques a las calles y da un golpe de estado. Ejemplos de esto hay numerosos, desde Franco en España a Pinochet en Chile. Sin embargo, aunque el final pueda ser por medios militares, la realidad es que esas democracias ya estaban heridas de gravedad antes de los eventos que llevaron a su final.

La democracia, como sistema, es al mismo tiempo muy fuerte y muy frágil, y ambas cosas por la misma razón: la legitimidad. La legitimidad, si lo resumimos mucho, es el conjunto de razones que llevan a que la población de un Estado acepte que el gobierno que tiene en un momento dado es válido y aceptable. Sea por motivos tradicionales o motivos legales, porque ha sido elegido por el pueblo o cualquier otra razón, la legitimidad es clave para todo sistema político si no se quiere estar enfrentando a continuas revueltas y disturbios.

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Ocio

The Red Strings Club

The Red Strings Club nos introduce en un mundo noire y cyberpunk donde decidir cuestiones morales y sociales.
The Red Strings Club nos introduce en un mundo noire y cyberpunk donde decidir cuestiones morales y sociales.

Sin duda, The Red Strings Club no es un videojuego al uso y, en muchos sentidos, como juego se lo podría considerar pobre. Primero, por su escasa duración, que hace que parezca más el prólogo al juego principal que un producto completo. Segundo, porque buena parte de la jugabilidad se basa en la toma de unas decisiones que, sin embargo, en buena medida el juego no explora a posteriori pues sus consecuencias se sentirían tras el final del mismo. Y porque los tres tipos de minijuegos en los que basa su jugabilidad son desiguales y no demasiado ricos, siendo sin duda el mejor el de hacer bebidas con lo que ello implica.

Pero eso todo, que en buena medida lo convierte en un juego mediocre, no deja de hacer de él una experiencia interesante, por una razón central: nos obliga a pensar sobre el mundo en el que vivimos.

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Reflexiones personales

El revisionismo histórico

El revisionismo histórico muestra que el pasado es parte activa del presente.
El revisionismo histórico muestra que el pasado es presente.

La historia es un elemento vivo de nuestro presente. De hecho, muchos de los dichos comunes la incluyen de un modo u otro: “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”, “la historia la escriben los vencedores”, etc. Esto implica una cuestión central de la misma: que cuando miramos hacia atrás no lo hacemos de modo objetivo.

La razón de esto es que precisamente porque es en el presente cuando miramos hacia atrás, lo hacemos con una mirada condicionada por los prejuicios y nociones del presente, que busca en el pasado respuestas, ejemplos y casos que nos sean útiles ahora. Por ello, el revisionismo histórico es inevitable, es algo que no es ni de lejos nuevo y nos va a acompañar probablemente durante mucho tiempo.

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