Tribulaciones de la Clase Ociosa

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El Valor de las Cosas - Tribulaciones de la Clase Ociosa

El Valor de las Cosas

November 15th, 2021
Portada del Valor de las Cosas, donde ya se deja claro el tema central del libro.
Portada del Valor de las Cosas, donde ya se deja claro el tema central del libro.

El Valor de las Cosas es un fenomenal libro de Mariana Mazzucato, catedrática de economía en el University College de Londres. Es un libro que sin duda me ha impactado mucho, entre otras cosas porque me ha permitido terminar de poner en su lugar mis ideas sobre la sociedad de narradores de la que hablaba hace un par de meses. Entonces, ¿de qué trata el Valor de las Cosas?

El punto de partida es la historia del pensamiento económico en torno a una cosa en concreto: ¿qué considera una sociedad, en términos económicos, como valioso? ¿Qué actividades son generadoras de valor y cuales lo extraen de la sociedad? Este punto de partida ya es controvertido e interesante porque, como Mazzucato señala desde el principio, aunque la cuestión del valor formaba parte central del pensamiento económico clásico ha ido desapareciendo a partir del auge de los marginalistas y el neoliberalismo a partir, especialmente, de los años 70. Entonces, para plantear este debate, Mazzucato recorre la historia del pensamiento económico desde los primeros economistas a los clásicos como Adam Smith, Marx o Keynes. Todas las escuelas y pensamientos son abordados, mostrando cómo con el paso de los años la narrativa de lo que es el valor va cambiando.

Y es que, al principio, lo que se consideraba generador de valor era lo que estaba directamente relacionado con la generación de bienes: el trabajo, en especial el trabajo agrícola que permitía a la sociedad crecer y comer. En contraposición surgía la idea de las rentas, que consisten en extraer valor de la sociedad por medio de actividades que generan dinero pero no valor por si mismo, un problema central antiguamente donde los grandes terratenientes vivían de los alquileres del campo sin hacer nada socialmente útil por si mismos. Este punto de vista va evolucionando con el tiempo, hasta surgir otros pensamientos como el marxista, donde el valor surge en el proceso económico capitalista dando lugar a la plusvalía, dando un marco social y estructural más amplio a las connotaciones de los economistas clásicos. O la visión keynesiana de intervencionismo en economía, donde el valor surge de la capacidad de la economía para mejorar la vida de las personas, normalmente por medio de la inversión estatal que estimula el crecimiento económico.

Sin embargo, estas visiones del valor se han ido quedando cada vez más en el pasado a medida que se asienta la ideología neoliberal y marginalista. La idea del valor que tiene esta teoría, que domina el mundo actual, es que las cosas “valen lo que la gente paga por ellas”. El valor deja de estar relacionado con el trabajo, con el crecimiento, o con la utilidad y el poder social, y se vincula únicamente al proceso de la transacción y, de esta, únicamente al precio. Esto cambia por completo el marco de la sociedad y cómo entiende la economía y el papel de esta. Si las cosas valen el precio que tienen, el mercado financiero por ejemplo se vuelve un enorme generador de valor, pues las acciones y movimientos en el mismo mueven muchísimo dinero; irónicamente, para los economistas clásicos el mercado financiero hubiera sido visto como un sistema rentista, donde no se genera nada de valor social solo dinero en intermediaciones y, por tanto, rentas que destruyen/extraen valor de la sociedad. Así, en El Valor de las Cosas, Mazzucato no se quiere mojar específicamente sobre cual teoría del valor es mejor, pero la realidad es que lo que acaba haciendo es un ataque frontal a la dinámica de la economía actual y de los marginalistas para defender esa idea del valor como precio.

Y esto lo ilustra con capítulos muy interesantes dedicados a diversos fenómenos de interés. Primero, un ataque frontal y profundo al mercado financiero (que yo considero uno de los mayores males del mundo actual, tal y como está construido hoy en día). Expone los mecanismos por los que se mueve la riqueza en el mercado financiero, cómo se extraen las rentas y cómo se justifica todo ello bajo la premisa de que el mercado financiero es un gran generador de valor (porque se entiende como precio). Apoya sus argumentos con un conocimiento enciclopédico del mercado financiero, con números, historias y ejemplos de todo tipo que dejan claro la validez de sus argumentos. Luego procede con el mismo estilo metódico y cuidado a atacar frontalmente la innovación tecnológica (o la falta de la misma) y los discursos dominantes al respecto, como el papel central de los emprendedores y cómo se oculta el hecho de que muchísimos de ellos no podrían hacer nada sin ayudas estatales. En esta línea, su ataque es feroz y detallado contra el sistema de patentes, que de nuevo se transforma de un sistema que debería incentivar la innovación, a un mecanismo de cierre del mercado y la competencia al mismo tiempo que se extraen rentas y valor de trabajos que ya fueron hechos.

En respuesta a estas dinámicas, el Valor de las Cosas pone en el centro del huracán las transformaciones en el modo en que entendemos el Estado como actor económico. A través de sus estudios sobre cómo se calcula el PIB (algunos ejemplos de lo absurdo de este sistema son hilarantes, como el hecho de que dado que nadie cobra por limpiar su propia casa pero si cobras por limpiar la casa de otra persona, si yo limpio la de mi vecino y él limpia la mía el PIB de un país crece aunque en realidad no haya habido ningún aumento de valor real en la sociedad, pues ambas casas están igualmente limpias), Mazzucato muestra cómo se ha tejido un discurso donde se desprestigia el papel económico del Estado. A través de los ataques de los marginalistas y neoliberales, se ha descrito al Estado como un actor económicamente improductivo, que solo gasta dinero (que obtiene de rentas/impuestos), que despilfarra dinero, que es corrupto… que no genera valor, o como mucho, lo que hace es favorecer que las empresas generen valor por medio de la inversión en ciertas infrastructuras. El resultado de este discurso es la discusión dominante hoy en día, donde el Estado debe ser lo más pequeño posible, cobrar los mínimos impuestos y dejar todo en manos de los héroes económicos del mundo actual: las empresas, los inversores y los emprendedores.

Imagen de Mariana Mazzucato, la autora de El Valor de las Cosas
Mariana Mazzucato nos invita a repensar el mundo económico que nos han explicado que “es así” cuando no tiene por qué serlo.

La realidad es, sin embargo, muy distinta. Por mucho que la posición dominante en el discurso defienda que los creadores de valor son esos héroes de los que hablamos, Mazzucato ilustra como la realidad es que el valor se crea en la sociedad en general, por una enorme cantidad de actores distintos, incluyendo especialmente a los trabajadores. Y, en línea con esto, en El Valor de las Cosas, ilustra (siguiendo las líneas de libros pasados como el Estado Emprendedor) el hecho de que el Estado es un creador de valor inmenso. Primero, porque posibilita con sus inversiones en la sociedad que esta prospere y se encamine a puestos de mayor innovación y creación de valor: la educación juega un papel central en esto; luego porque posibilita trabajadores más productivos y con mejores vidas: papel de los servicios sociales, las ayudas, la sanidad… Y, finalmente, porque mediante sus numerosas inversiones en investigación y desarrollo, en proyectos e ideas, favorece multitud de investigaciones en materias como ciencia básica, que las empresas no están dispuestas a hacer. Las empresas, y los inversores, solo invierten en realidad en I+D cuando el invento se encuentra cerca de la fase final cuando se puede hacer algo concreto que vender con él, pero no invierten en la investigación que hace que eso sea posible, ni en las partes iniciales de desarrollo cuando el riesgo de que salga mal es muy alto. El Estado sí que invierte en esas áreas. La historia de Internet es un ejemplo perfecto de ello, desarrollada a lo largo de su historia por multitud de agentes diferentes: desde el ejército norteamericano que creó la base, a las universidades americanas donde se hizo el desarrollo de protocolos como el TCP/IP básico para que los ordenadores se comuniquen, o el CERN europeo donde se inventó el HTML sobre el que funciona la mayoría de internet. Son solo algunos ejemplos. Hoy en día nos quieren hacer creer que internet existe por visionarios como Jeff Bezos, Bill Gates o Mark Zuckerberg, pero la realidad es que ellos solo crearon productos (mejores o peores) sobre las espaldas de multitudes de personas trabajando y creando códigos, ideas, investigando, etc.

El resultado de ello es que, cuando se discute de nuevo qué es lo que una sociedad considera valioso, muchos de los postulados dominantes de la economía actual se tambalean. Ese es el éxito central de El Valor de las Cosas, el hacernos repensar cosas que la economía ha intentado hacer que dejemos de pensar, reabrir debates que nos quieren convencer que están cerrados, etc. Porque la economía, como ciencia, es más bien floja a nivel técnico y metodológico, especialmente porque se construye sobre unos pilares ideológicos extremadamente fuertes que, con sus dogmas cuasi-religiosos, sesgan la interpretación de los datos que tenemos delante. Si la contabilidad del PIB cuenta todo uso económico del Estado como un gasto, inevitablemente veremos al Estado como un gran despilfarrador, que no crea valor; en cambio, veremos como los grandes creadores de valor y agentes productivos a los mercados financieros, a la banca prestamista, a los detentadores de patentes, que en realidad no están creando nada valioso para la sociedad en ningún sentido, o lo están haciendo en menor grado.

Son temas muy interesantes para entender el mundo en el que vivimos, por qué es cómo es, quien sale ganador y quien sale perdedor y qué se puede hacer para cambiarlo. Porque, como cierra Mazzucato El Valor de las Cosas: “A fin de cuentas, si no podemos soñar con un futuro mejor, e intentar que se haga realidad, no hay razón alguna por la que preocuparse del valor. Y esa es quizás la mayor lección de todas”. Así que, si una economista nos dice que soñemos con un mundo mejor y cómo realizarlo, pues habrá que hacerle caso y soñar, luchar y cambiar la realidad, y ella da muchas herramientas en su texto para hacer exactamente eso mismo. Un libro sin duda fascinante.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas sobre El Valor de las Cosas?

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