Tribulaciones de la Clase Ociosa

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Las limitaciones del cambio en nosotros mismos - Tribulaciones de la Clase Ociosa

Las limitaciones del cambio en nosotros mismos

April 25th, 2019
Mahatma Gandhi promueve la idea de que el cambio debe empezar por uno mismo.
Mahatma Gandhi y el cambio social

“Se el cambio que quieres.”

Mahatma Gandhi

Esa frase de Gandhi siempre me ha marcado, pues me parece de una profundidad y potencia incomparables. “Se el cambio que quieres” porque si tú no cambias, no puedes cambiar el mundo. Si no eres tú el que predica con el ejemplo, no puedes guiar a otros al mismo camino. Y otros pensamientos del estilo siempre se han arremolinado en mi cabeza al pensar en ella y, siendo como es el cambio social una de las cosas que más me interesan e importan, he pensado mucho en ella.

El cambio social raramente surge de las estructuras, proclives al contrario a defender los intereses de los poderosos y a mantener el status quo. El cambio surge normalmente de los cambios que la propia sociedad va sufriendo con el tiempo: cambios tecnológicos, ideológicos, en la forma de pensar o actuar, en los valores imperantes, etc. Estos cambios se van acumulando, compartidos cada vez con un mayor número de miembros de esa sociedad, hasta que eventualmente la sociedad como conjunto ha cambiado. Solo después de que se alcance este punto de inflexión, suelen ponerse al día las élites con los cambios necesarios para mantener lo mejor que pueden su posición… si no se encuentran con que han sido demasiado lentas para cambiar y son arrolladas. Ya se sabe que, como dijo Pareto: “la historia es un cementerio de élites”.

Escribiendo el otro día sobre cómo los cánones de belleza son construidos socialmente, me encontré con que no siempre es posible ser el cambio que queremos. Por el contrario, hay ciertos ámbitos de nuestras personalidades que no los escogemos, sino que se forman en algún punto de nuestra infancia y se construyen con tal fuerza que cambiarlos resulta imposible. La sexualidad es un buen ejemplo de esto, pues cada uno encuentra excitante o placentero una serie de cosas que nunca ha elegido racionalmente, pero que sin embargo le afectan de ese modo particular. Lo que encontramos bello sigue ese mismo patrón, pues aunque está construido socialmente, una vez construido para una persona raramente se puede cambiar.

Así, estamos limitados en el abanico de cambios que cada uno de nosotros puede realizar en el interior de si mismo. Estos cambios suelen ser en torno a muchas cuestiones importantes, como la ideología o la forma de relacionarnos con los demás, pero otras muchas cosas quedan grabadas a fuego desde nuestra infancia.

Por supuesto, conzoco casos de gente que se ha intentado forzar a que le gusten cosas que no eran lo que inicialmente les gustaban, por cuestión ideológica. Recuerdo la historia de un chico heterosexual, por ejemplo, que quiso romper con la barrera de género y deconstruirse como bisexual. Y, en aquel caso al menos, no terminó del todo bien, no porque hubiese un drama, sino porque en realidad su sexualidad ya estaba construida y no fue capaz de cambiarla por mucho que lo intentase forzar.

El cambio social puede ser imposible para una persona, pero puede conseguirse para el colectivo.
De cara al cambio, toda la sociedad está vinculada.

¿Qué se puede hacer entonces, para conseguir un cambio que consideramos bueno, y que sin embargo no podemos realizar en nosotros mismos? Cuando uno no puede ser el cambio que quiere, si puede trabajar para generar ese cambio en otros, en aquellos que aún no han sido formados de esa manera. Al fin y al cabo, normalmente, el cambio social depende del paso de las generaciones, raramente muchos de los cambios más profundos se pueden dar en el seno de una misma generación.

Así que, lo que se puede hacer, es cambiar el modo en que se expresan esos valores socialmente, de modo que las nuevas generaciones vean como normal o deseable aquello que a nosotros nos enseñaron que no lo era. Mi concepción de la belleza ya está construida por las imágenes de las actrices de Hollywood o los modelos de las pasarelas de alta costura. Pero si cambiamos quienes se muestran y cómo son en esos (y otros) entornos, podemos construir nuevos cánones de belleza para quienes ahora son pequeños.

Y así, el cambio social se produce normalmente de modo gradual. Se apilan cambios dentro de lo posible en las personas que viven en un momento dado, y aquellos que ellos no pueden realizar, preparan a las generaciones por venir para que los hagan. Y paso a paso, se construye una sociedad distinta, mejor con suerte, que aquella que había.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas sobre los límites del cambio que podemos realizar en nosotros mismos?

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