Tribulaciones de la Clase Ociosa

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La Comisión es un Órgano Colegiado - Tribulaciones de la Clase Ociosa

La Comisión es un Órgano Colegiado

August 6th, 2013

Supongo que, por ser mi ciudad natal, la noticia de que Almunia es considerado persona non grata me ha llamado la atención especialmente. Lo cual, sin embargo, sólo puede significar que los políticos vigueses (ellos siempre tan hábiles…) querían hacer una denuncia vacía con respecto a la decisión sobre el sector naval que ha tomado la UE, y sin embargo no entienden el funcionamiento de la Comisión. Así que, para todos ellos que habitualmente leen este blog (osea, ninguno probablemente), voy a explicar qué significa que la Comisión sea un órgano colegiado, y que implicaciones tiene.

Pero, para entenderlo, debemos remontarnos a los tiempos de la fundación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero. Por entonces, Jean Monnet estaba pensando en cómo crear un órgano que dirigiese a la Comunidad, que velase por los intereses europeos en vez de los estatales, y que fuese capaz de resistir de modo eficaz a la presión de los partidos políticos de cada uno de los países. Así es como nació la Alta Autoridad, que con el tiempo se convertiría en la Comisión, y cuya piedra fundamental es el hecho de que es un órgano colegiado. Ahora me meteré con lo que esto significa, pero es importante entender que su función desde siempre ha sido crear políticos europeos, que velen por los intereses de las Comunidades (ahora de la Unión) y no de cada país por separado.

Ahora bien, en concreto, ¿qué significa que sea colegiado? Básicamente, es una forma de funcionamiento que tiene una institución, en este caso la Comisión. Se basa en el hecho de que las decisiones son tomadas en secreto entre los miembros de la Comisión, todos ellos con igual capacidad de voto y de palabra entre los suyos. El resultado de la decisión, sin embargo, se presenta al público como una decisión de la Comisión en su conjunto, sin indicar quienes votaron a favor o en contra, quienes querían un desarrollo u otro, o incluso si la votación ganó por un amplio o estrecho margen.

Así, una vez sentados en el seno de la Comisión, los países se supone que no tienen modo de presionar a los Comisarios, ya que es teóricamente imposible que sepan quienes deciden qué, y en qué sentido han ido. Con ello, los Comisarios realmente pueden velar por los intereses europeos, del conjunto, y no de los Estados a los que pertenecen.

El hecho de que cada Comisario posea su propio equipo y su propia “cartera ministerial” (a falta de un nombre mejor) es importante, sin embargo. Se supone que cada uno de ellos se especializa en un tema en concreto, lo analiza en profundidad, y ve pros y contras y demás. Con esta información y estos análisis es cuando se va al resto del colegio y se solicita el debate y votación, con cada uno de ellos habiendo hecho el trabajo en sus áreas. Esto es así porque nadie puede saberlo todo de todas las cosas a la vez, y es mejor que haya especialistas en cada campo que puedan traer una gran profundidad en el mismo de cara a que las decisiones que tome el conjunto estén informadas lo mejor posible.

Otra consecuencia importante del hecho de que sea un órgano colegiado y democrático (en su funcionamiento interno, ya que todos sabemos que los Comisarios son elegidos por sus países, no votados) es que todos los Comisarios tienen el mismo peso: 1 voto. Así, allá donde el Consejo Europeo y el Parlamento Europeo ven sus votaciones y su número de representantes sesgado en base a la población del Estado al que representan, en la Comisión todos son iguales. Esto hace que la Comisión sea el órgano favorito de los países pequeños, ya que es en ella donde mejor pueden valer su poder (no en vano fue necesario garantizarle un Comisario siempre a Irlanda, aunque no sea eficiente, para que aprobasen el Tratado de Lisboa), a diferencia de las otras instituciones donde pesan más los países más grandes.

Sin embargo, no nos vamos a equivocar, su diseño a nivel teórico es perfecto, pero en la práctica ha demostrado ser insuficiente. Los lobbies presionan continuamente a los miembros de la Comisión y a sus equipos; el hecho de que los Comisarios se especialicen también hace que cada uno tenga más peso en un tipo concreto de decisiones, de modo que hay carteras más jugosas que otras; el número de Comisarios es excesivo para el buen funcionamiento de la Institución, pero ningún país quiere perder el suyo (pese a que, en teoría, una vez allí ellos dejan de representar a su país).

Pero, sobretodo, la principal debilidad es que los Comisarios pueden hablar. Nada impide que Almunia, o cualquier otro, vaya a su Gobierno y le cuente quien votó a favor o en contra, o que defienda los intereses de España por encima de todos. Al ser elegidos por sus Gobiernos en vez de por el pueblo directamente, su independencia es más una ficción que una realidad, y eso se ha traducido cada vez más en una creciente debilidad de la Comisión frente al Consejo Europeo. El que sea un órgano colegiado sólo funciona si la Comisión es realmente independiente, y para eso la Comisión debe ser elegida de modo diferente: bien con elecciones directas o, como a menudo se postula en la vía federalista, que sea elegida por los miembros del Parlamento Europeo igual que la mayor parte de los Gobiernos europeos son elegidos por sus Parlamentos respectivos.

Sea como sea, hoy por hoy, el hecho de que la Comisión sea colegiada no es suficiente para garantizar la independencia de sus miembros. Y, sin embargo, eso no quita que cualquier decisión tomada por la Comisión la tomó el conjunto de sus Comisarios, no sólo el que tiene la cartera correspondiente. Almunia, por seguir con el ejemplo inicial, bien podría haber votado en contra de esta decisión, aún cuando luego la tuviera que defender en público por haber sido una decisión del conjunto de la Comisión.

Costán Sequeiros Bruna

PD: he de darle las gracias a Sergio Rojo, que fue el que hizo que me enterase de la noticia acerca de la votación que ha dado lugar a este post.

Y tú, ¿qué opinas?

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