Categories
El mundo

El Reino (Des)Unido

Bandera de Reino Unido rota en dos partes.
Reino Unido va camino de romperse internamente desde hace años, y este verano el drama se ha acelerado.

La historia de Reino Unido es una historia convulsa. Reinos divididos y enfrentados, uniónes y desuniones, intrigas… que finalmente llevarían a la progresiva unificación de la isla a partir del siglo XVI (Gales) y XVII (Escocia e Irlanda). Es así extrañamente contradictorio que, siendo la británica la democracia más antigua que existe en el presente, su formación como Estado unitario en realidad es relativamente tardía si se la compara con otros países europeos. Pero para cuando llegamos al siglo XX las islas ya forman una controvertida pero antigua unión, una que sin embargo se encuentra sacudida por profundas divisiones que se manifestaron duramente durante toda la historia del IRA, por ejemplo.

Y una de las piezas que garantizaba el continuo proceso de unidad de las islas era la Unión Europea. Si bien Reino Unido se unió a la misma entre las reticencias de muchos de los miembros (incluído el veto de la Francia de De Gaulle), y siempre sería el bastión del euroscepticismo temprano en la misma, esta unión sirvió para afincar buena parte de las divisiones internas del Reino. La división de las dos Irlandas desaparecía en muchos sentidos debido a que la frontera entre ambas se volvía inexistente dentro del espacio común europeo. La tensión con Escocia desaparecía en la medida en que Escocia es una de las regiones más europeístas.

Todo eso empezó a cambiar con el crecimiento del deseo de salir de la Unión en Reino Unido, de mano del partido UKIP. Esto llevó a un primer referendum en Escocia donde el norte escogía si irse o no de Reino Unido. Uno de los principales argumentos que evitaron que saliese el “si” a la independencia escocesa fue que, de abandonar el Reino Unido tendría que solicitar la adhesión a la UE y Reino Unido, siendo uno de sus integrantes, tenía derecho de veto (la inclusión en la Unión tiene que ser por unanimidad). De modo que si Escocia se salía de Reino Unido no podría entrar a formar parte de la Unión Europea. No fue el único argumento, pero sin duda fue uno de los de mayor peso en el lado unionista.

Eso ocurrió en 2014… en 2016 los británicos votaron abandonar como conjunto la Unión Europea. Permanecer en la misma ganó ampliamente en Escocia e Irlanda, así como en las grandes ciudades inglesas y entre los jóvenes, pero no fue suficiente para ganar en el conjunto. El resultado es el Brexit, como todos sabemos, que llevó a la caída de dos presidentes británicos (Cameron inmediatamente, y Theresa May después) y el ascenso de Boris Johnson y su ala del partido conservador. Pero el problema del Brexit es que, se mire como se mire, es un error. No hay una forma de hacer que funcione bien en un entorno cada vez más globalizado. Solo es una ideología, unas ideas que dicen que si se separan de Europa los británicos recuperarán su soberanía, su poder y serán de nuevo el centro del mundo como en tiempos del Imperio.

Pero esa visión del mundo es muy equivocada. Reino Unido esperaba unas negociaciones de separación fáciles contra una Unión Europea dividida y lo que consiguió es lo contrario. Porque a la Unión se le da muy bien enfrentarse dentro de si misma entre las distintas posturas, como se vio durante la crisis económica de 2007 en adelante, pero si se le da un enemigo externo de pronto recuerda que unida es más fuerte que separada (es el caso de Rusia ahora con su invasión a Ucrania). El resultado es que el Reino Unido se convirtió en ese externo que unió a lo que estaba dentro, porque se abría un precedente que tenía que ser fuerte o se corría el riesgo de que otros buscasen salir también.

Boris Johnson y Ursula von der Leyen posando juntos frente a sus banderas.
Boris Johnson en una de las reuniones con Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea.

De modo que el equipo negociador europeo negoció con firmeza y se encontró principalmente con un problema enorme: Irlanda. Para que no hubiese aduanas y fronteras entre las dos Irlandas era necesario que la Irlanda del Norte operase como el mercado común europeo y que se produjesen las aduanas en otras partes (que es lo que se acordó). En caso contrario, entrarían en el mercado común bienes que no habían pasado por aduanas y no tenían que cumplir con las condiciones y requisitos europeos para importaciones y exportaciones. Y eso es un punto que no se puede evitar, por muchas vueltas que Boris Johnson le quisiese dar y por mucho que esperase que la Unión se doblegase a la voluntad británica. Así que, al final, Johnson tuvo que aceptar básicamente el plan que había usado como arma para expulsar a Theresa May del gobierno, tildándolo de inaceptable.

Metemos ahora los conflictos en torno a la pesca, los problemas para mover mercancías, etc. y cada vez más es visible las enormes dificultades que tiene Reino Unido para separarse de la Unión. Pero hay una pieza de importancia que es el hecho de que Boris Johnson se ha visto aquejado por el escándalo de las fiestas durante el COVID, que han minado su escaso apoyo incluso entre los suyos. De modo que, aunque ha superado su moción de censura, su propio partido encuentra su apoyo dividido y él se ha convertido en un presidente muy precario sometido al apoyo del ala más dura del partido, que se encuentra bastante alejada de la realidad.

Y con esto llegamos a la cuestión del Reino DesUnido. Hace dos días Johnson anunció su nuevo plan para renegociar el acuerdo de Irlanda, a lo cual la UE ya ha dicho que no negociará. Y la respuesta, desconectada de la realidad del gobierno británico de nuevo ha suscitado el miedo a que surja una frontera dura en Irlanda, con el propio Sin Feinn (el partido en el gobierno irlandés) diciendo que no apoya las medidas tomadas por Londres.

Y, por si fuera poco, el otro problema se ha reabierto. Traicionados por el Brexit, Escocia lleva jugando un tiempo con convocar un nuevo referendum, y su nuevo gobierno (formado el año pasado), tiene un claro mandato para hacerlo. Sin Reino Unido en la Unión Europea, y teniendo en cuenta que todas las políticas económicas y de homogeneización ya están en su lugar porque Escocia ya era parte de la UE, el proceso de adhesión a la misma si se independiza de Reino Unido podría ser muy rápido. Un proceso basado en la mayoría de escoceses que quieren esa vía.

Lo cual nos lleva ya al presente. El drama tiene claros giros Shakespereanos: un Presidente débil rodeado de quienes pueden rápidamente clavarle un puñal en la espalda como hiciese él con su predecesora; dos reinos antiguamente independientes que han sido traicionados de distinto modo por el Brexit y que podrían optar abiertamente por la independencia de Reino Unido para tratar de encontrar una unidad de nuevo dentro de Europa. Y un pueblo que desaprueba ampliamente la gestión de un gobierno británico aquejado por los escándalos.

Imagen de Boris Johnson cariacontecido.
Boris Johnson se ha encerrado solo en un callejón sin una salida buena, entre el ala dura de su partido, la unión de Reino Unido y su permanencia en Westminster.

El problema de toda esta historia es que hay demasiadas piezas en el aire. Un presidente débil como Johnson puede escoger intentar evitar que haya un referendum en Escocia mientras contenta al ala extrema de su partido con la imposición de su plan en Irlanda. Eso llevaría a una frontera dura en Irlanda, que jugaría a intentar culpar de la misma a Europa, y un creciente problema y debacle. Pero, al menos, habría ganado tiempo, mientras el resentimiento sigue creciendo, en lo que sería una clara huida hacia adelante.

La alternativa, mantener el protocolo europeo pactado y aceptar el referendum en Escocia serían las decisiones acertadas si quiere recuperar apoyo ciudadano, pero le enfrentaría a quienes pueden mantenerle dentro de Westminster dentro de su propio partido. Y podría llevar a la independencia de Escocia, la entrada de esta en la UE y el creciente aislamiento de Reino Unido.

También puede acudir a un gesto de poder y fuerza, quizás no tan extremo como el golpe de estado interno que intentó Trump (con el que a menudo se lo compara), pero que le permita aparentar una posición de dominio que claramente no tiene.

Por supuesto, como siempre, el futuro es imprevisible, pero en este caso está tan candente que probablemente lo vayamos viendo en el paso de unos pocos días, según cómo reaccione el gobierno británico al doble ataque.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de la situación de Reino Unido?

%d bloggers like this: