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Reflexiones personales

Los Españoles ante las Instituciones, Relaciones Internacionales y Amenazas Externas

LRI1guadalajaraA la hora de entender las relaciones internacionales, hay dos perspectivas teóricas principales para explicarlas. Por un lado, están los realistas, que creen que el mundo es anárquico y reina el todos contra todos; herederos de la teoría de Hobbes, creen que el Estado es un lobo para el Estado, y como no hay Leviatán por encima del Estado no puede haber orden ni paz, sólo lucha por la hegemonía y la supervivencia. Sin sorpresa, su foco es el hard power, la capacidad militar y económica que permite que un Estado fuerce a otros a hacer lo que desea.

La otra cara de la moneda es la teoría constructivista y su hermana, la liberal-institucionalista. Estas creen que las relaciones internacionales se basan en las percepciones y las construcciones que todos hagan en conjunto: leyes internacionales, instituciones, ONGs, opinión pública global, etc. Como entre las personas, el conflicto es el juego de los Estados, pero también pueden serlo la cooperación y la ayuda. La importancia es la legitimidad, y su foco a menudo es el soft power, la capacidad de un actor global para convencer y seducir a otros para que actúe como él desea que lo hagan.

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¿Cómo son la Teoría Realista y Constructivista?

Estas dos son las principales teorías actualmente de explicación de las relaciones internacionales, y aunque raramente sean mencionadas como tales, están permanentemente en las noticias de un modo u otro. Así que vale la pena echarles un buen ojo.

Empecemos por el realismo, que es la más antigua de las dos y, de hecho, podríamos rastrearlo hasta Maquiavelo y su Príncipe, por ejemplo. Esta teoría parte del supuesto de que el mundo internacional es anárquico, porque no existe ningun sistema de autoridad central que pueda obligar a los Estados a obedecer y cumplir leyes, y por tanto los únicos actores que importan son los Estados. Al ser anárquico, impera el más fuerte, llevando a una visión donde destaca el papel de las potencias. Por supuesto, los demás países no suelen estar de acuerdo con la preponderancia de otro, de modo que compiten y luchan entre sí para incrementar su poder. Al querer todos ocupar los lugares hegemónicos, lo que surge es un conflicto permanente donde el engaño y la competencia (o, al menos, la sospecha de la misma) hacen imposibles las colaboraciones a largo plazo, debido a que es un juego de suma cero (osea, cuando uno gana es porque otro pierde). En este juego, el principal poder que importa es el duro: cañones, barcos, regimientos de infantería, divisiones aéreas… eso es lo que determina la capacidad de defenderse y agredir a otros y, con ello, la capacidad de controlar la política mundial. Política que debe buscar garantizar el control de los puntos estratégicos y el acceso a los recursos primordiales, dando una enorme importancia a la geoestrategia.

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