Tribulaciones de la Clase Ociosa

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Fascismo vs Autoritarismo - Tribulaciones de la Clase Ociosa

Fascismo vs Autoritarismo

January 20th, 2014

A menudo, es habitual escuchar a alguien llamar a otro fascista cuando el otro le impone su decisión, o usos similares del término porque la sociedad normalmente considera uno sinónimo del otro. Sin embargo, desde la perspectiva sociológica y politológica, y teniendo en cuenta que es un debate abierto de momento, ambos términos son distintos y describen distintos modelos políticos. Autoritarismos ha habido mucho, desde el régimen de Franco al actual de Corea del Norte; en cambio, fascismos sólo ha habido uno en la historia, la Alemania de Hitler. Así que vayamos viendo cómo se construyen ambos sistemas en sus diferencias, para ilustrar cómo uno y otro parecen muy similares, pero al final resultan no serlo.

Autoritarismo, como corresponde a la palabra, viene de autoridad; así, el gobernante tiene cierto tipo de autoridad sobre la sociedad. En el caso de Franco, la autoridad le viene del poder del ejército que le respalda, victorioso tras una Guerra Civil con miles de muertos. Esto le otorga una autoridad real sobre la sociedad, que debe obedecer a esa autoridad para evitar el castigo.

El totalitarismo no se basa en la autoridad, sino que se basa en la totalidad. Hitler no llega al poder por tener una gran fuerza o un soporte militar, sino que es elegido por la población alemana en unas elecciones democráticas (ciertamente, también fruto del miedo a que ganasen los comunistas esas elecciones). Así, su toma del poder es gracias al apoyo del pueblo, no de su supresión.

Este punto inicial es, realmente, el origen de la gran diferencia entre un modelo y otro, que se irá traduciendo en muchas características opuestas.

El autoritarismo, al depender de su autoridad, tiene un poder que fluye de arriba hacia abajo. El órgano/individuo en el poder tiene el poder sobre la sociedad en la medida en que reprima a aquellos miembros de la misma que se le opongan, como un jardinero que poda todas las ramas que no encajen con su visión. Al hacerlo, su poder se solidifica en la medida en que no queda nadie dispuesto o con capacidad para cuestionarlo.

En el caso del fascismo, desde luego también se poda a los enemigos del Estado, pero por una lógica completamente distinta. El poder, en el caso del fascismo, no fluye de arriba a abajo, sino de abajo a arriba; es la sociedad la que quiere a esos dirigentes, la que apoya a esas ideas y es la sociedad la que cree en esa visión. Aunque el dirigente tenga mucho poder a la hora de conformar el sueño y dirigir esa sociedad, es el conjunto de la sociedad la que lleva la iniciativa, y es a la comunidad a la que se ataca al ser un traidor. Todo esto es muy visible en la película La Ola, al verse cómo es la propia clase la que coge sus dinámicas: no es el profesor el que les anima a hacer una pintada en un edificio, por ejemplo, son los alumnos los que deciden que había que hacerla y llevar ese símbolo a la vista de todos. El fascismo tiene fiestas de barrio, tiene desfiles, tiene movilización… hace a la sociedad partícipe del sueño, porque es la sociedad la base del mismo, no son meros espectadores.

Este sueño, esta visión, es la base de la movilización permanente que se da en el fascismo. Se hace creer a la sociedad en un ideal, en el caso alemán la hegemonía aria por ejemplo, y por tanto debes mantener a la sociedad permanentemente viviendo ese sueño, luchando por alcanzar esa utopía. Y creyendo que pueden hacerlo. Porque, en el momento en que pares, en que aceptes que quizás hay que ir más lento o no es alcanzable, la gente puede empezar a pensar, a tener ideas alternativas, etc. Mientras mantengas el sueño vivo, puedes reducir la represión del Estado a ciertos sectores concretos, disidentes y traidores a ojos de todos, porque el resto de la sociedad seguirá empujando por alcanzar el sueño.

En el autoritarismo, al contrario, los regímenes tienden a ser más bien estáticos, lo que hacen es encerrarse en su espacio. Al basarse en la represión por la fuerza en vez de la represión por la voluntad, se afianzan en su territorio y se aislan del mundo exterior buscando reducir las influencias perniciosas que este pueda generar, y creando una población cautiva a la que es más fácil reprimir. En vez de la movilización continua, busca un inmovilismo continuo, como si pudiese detener el tiempo. La sociedad se captura, así, lo más parecida posible a la imagen que el dictador quiere que ella tenga.

Por tanto, como se ve, ambos modelos son aparentemente similares: ambos llevan a una policía política, limitaciones o destrucción de los derechos de los ciudadanos, etc. Sin embargo, ambos lo hacen con una lógica muy diferente, fruto de un tipo de poder muy distinto.

La sociedad en un régimen autoritario está suprimida por el poder, por el miedo al poder, el miedo al castigo. En uno totalitario, la sociedad está suprimida por la voluntad: ellos desean eso, esa visión, y lo que hay por el camino son los sacrificios necesarios para alcanzar lo que anhelan. Es la oposición entre 1984 y Mundo Feliz de la que hablábamos recientemente. Y la voluntad, desde luego, siempre es más poderosa que el miedo. El miedo siempre genera movimientos internos de oposición fuertes, mientras que la voluntad los anula. Desde luego, en la historia del nazismo hay momentos y movimientos opositores, como el intento de asesinato durante la Operación Valkiria,  en realidad la gran fuerza de oposición a Alemania es exterior, es la Segunda Guerra Mundial; por el contrario, en casi todas las dictaduras se encuentran movimientos de oposición internos más fuertes o débiles, y en muchos casos son estos los causantes del fin de la misma, como ocurrió con Franco (al anularse la posibilidad de heredarse la dictadura deslegitimada) o con la Primavera Árabe. Y es que el miedo sólo puede durar cierto tiempo, la gente eventualmente supera los shocks y empieza a reconstruir su vida de un modo u otro, con más herramientas o menos, buscando alternativas.

En el fascismo no existe este shock exterior. La sociedad, o al menos amplios sectores de la misma, están convencidos de su sueño y de sus sacrificios. De manera que, el shock es exterior, bien en la Guerra o bien en grupos no considerados como parte de la comunidad; cuando los judíos desaparecen, la sociedad alemana no lo ve como malo porque no son parte de la sociedad, no son arios, no son la raza elegida sino que sólo sirven para retrasarte. Sin embargo, en el autoritarismo, el que desaparece es tu vecino, si sería un rojo o un anarquista, pero no existe esa percepción tan clara del ellos y del nosotros. Así, en el autoritarismo, cada vez que desaparece un ciudadano, los vecinos saben que podrían haber sido ellos; sin embargo, en el totalitarismo, no es que podrías haber desaparecido, sino que con cada negro o judío desaparecido la raza aria puede progresar, estás beneficiado como colectivo, como sociedad, con su desaparición.

En resumen, el autoritarismo ve un Estado y debe construir la sociedad a imagen y semejanza de ese Estado. El totalitarismo, en cambio, tiene una comunidad, y esa comunidad es la que articula un gobierno que la guíe. El autoritarismo acepta más de una comunidad, siempre y cuando todas acepten sus reglas del juego, mientras que el totalitarismo parte de una comunidad y seguirá siendo una comunidad al final.

Desde luego, en la realidad nunca hay blancos y negros, y todos los modelos políticos al plasmarse en la realidad son híbridos, o se mueven entre los extremos. No es lo mismo la Alemania Nazi del 36 que la del 45, o la evolución desde un fascismo inicial de Musolini a su claro autoritarismo posterior. Sin embargo, eso no quita que, a nivel teórico y analítico, hay que tener en cuenta que son realidades muy diferentes. Y que el fascismo es, en todos los niveles, aún peor y más peligroso que el autoritarismo, lo cual no es precisamente poco.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de esta división?

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