Tribulaciones de la Clase Ociosa

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Desglobalizar o el poder del miedo - Tribulaciones de la Clase Ociosa

Desglobalizar o el poder del miedo

February 1st, 2017

desglobalizarAbrimos las noticias y el mensaje desde hace unos años es claro: lo global es malo, lo global es peligroso, lo global amenaza nuestro estilo de vida milenario… así que, en todos los rincones del mundo se alzan las voces que claman por dividir lo que se ha unido (Cataluña, brexit, incluso parece que los independentistas de California quieren separarse) mientras que otros claman por aislarse de los demás (Trump y su muro, la extrema derecha europea, el muro de Israel).

Todos estos movimientos tienen en común el punto de partida: el miedo a los demás. Te quieres separar porque tienes miedo de que el conjunto amenace tu estilo de vida tradicional, pones muros porque tienes miedo de que la inmigración amenace tu identidad o tu trabajo, etc. No importa que no tenga razón de ser, ni lógica ni sentido, el miedo es así, es irracional. Así que procedemos a intentar desglobalizar, a balcanizar el mundo en defensa de un mundo pasado que se veía como más puro, más independiente, más real y deseable. Pero eso es una mentira.

Miremos unos cuantos milenios atrás. El mundo está dividido en tribus nómadas o estables que viven tratando sólo con las tribus cercanas. Emigran (¡mira, las primeras emigraciones cuan antiguas son!) y conquistan el mundo lentamente al extender a la humanidad fuera de su cuna en África (lo siento, gente preocupada por la pureza de la “raza” y demás, pero todos somos africanos, es de donde surge el Homo Sapiens Sapiens, así que si hay una raza más “pura” que los demás son los negros no los blancos). Pero de sus continuos tratos, esas tribus van generando idearios compartidos, dioses y panteones que se extienden más allá de cada aldea, para darle una cohesión mínima a las distintas regiones. Las ciudades-estado helenas son buen ejemplo, cada una de ellas independientes pero todas compartiendo una unión conjunta contra el exterior, un mismo panteón de dioses con domicilio en el Olimpo (aunque la religión variase y se matizase según las zonas), un cierto estilo de vida, etc.

Pero cruza el Mediterráneo hacia el sur de Atenas o cruza el Peloponeso y encontrarás el Egipto faraónico o el imperio persa. Territorios inmensos donde el poder estaba centralizado en un único líder que imponía su cultura al resto de los territorios conquistados, llevando a sus dioses y su forma de vida. Roma, si queréis, es otro buen ejemplo ya que, aunque no imponía su panteón, si que imponía claramente su estilo de vida. ¿Y qué son esos imperios sino claros ejemplos de las primeras olas de globalización?

desglobalizarAsí que ahora queremos desglobalizar el mundo defendiendo nuestra identidad… Señores ingleses que apoyan el brexit, su identidad es fruto de los choques globalizadores de las tribus celtas y pictas de las islas británicas, con la llegada de los italianos del Imperio Romano, las conquistas francesas medievales de los normandos y los vikingos escandinavos, las relaciones con una nobleza sajona, el renacimiento italiano y francés, la ilustración inglesa pero también francesa y alemana, la conquista del mundo al cual impusisteis la paz británica, la descolonización y las guerras mundiales que fueron resultado de vuestro imperialismo… ¿Cuál es vuestra supuesta “identidad inglesa”? ¿La del siglo XIX de la Reina Victoria, hija de un rey inglés y de una reina alemana? ¿La de la edad media fruto de invasiones normandas, vikingas y sajonas? Lo siento, por mucho que temáis la llegada del trabajador del este de Europa que viene a quitaros el trabajo… vosotros no sois ingleses tampoco, sino inmigrantes de cierta generación.

Podríamos seguir con el resto. ¿Por qué Florida o Los Ángeles se llaman así, si Estados Unidos es verdaderamente inglés nacido de los tripulantes del Mayflower? ¿Y en serio los alemanes de AfD quieren un estado sin inmigrantes y verdadera esencia alemana cuando Alemania misma estaba partida en dos hace menos de 30 años? ¿Cuál de las dos es la verdadera alemana, o acaso es la del Sacro Imperio que llegó a ser gobernado por un español? ¿Y a la señorita Le Pen que le preocupa tanto la Unión Europea, alguien le ha explicado que los galos han desaparecido hace mucho bajo las botas romanas, las migraciones de bárbaros germanos, etc.? Tampoco Cataluña tiene más sentido, lo siento, pero es igual fruto de unas tribus locales invadidas por fenicios, romanos, bárbaros, árabes, fruto de largas interacciones con la italia renacentista y con Castilla, y unificada políticamente antes de que siquiera la gente entendiese el concepto de nación (que, me temo, no se inventa hasta el XVIII).

Pero el miedo no se basa en la memoria. Cuando hablamos de desglobalizar, lo que importa no es la realidad de nuestro pasado ni de nuestra identidad. No, lo que importa es un pasado idealizado y reciente que nos hemos inventado, donde unir los sensaciones de que “todo pasado fue mejor” y de que “ahí era cuando de verdad todo funcionaba cuando debía”. Y si hay que inventarlo, como hizo la Liga Norte en Italia, pues se inventa. Lo que importa es conectar con ese miedo, con ese temor a lo diferente que viene a integrarse con nosotros, a lo que podría traer novedades y cambios. Porque claro, todo cambio nos aleja de ese momento pasado de pureza real, de seguridad, de libertad, de bienestar.

desglobalizarEl primer paso por tanto es declararle la guerra a la historia y a la verdad. Trump es particularmente obvio en esto, ya que la cantidad de veces que contradice cosas que son claramente visibles como ciertas es increíble (como las fotos de su toma de posesión). Pero todo el resto lo harán también, quizás de modo más sutil, pero es imprescindible renunciar a la verdad y a la historia para poder inventarnos una historia alternativa de una pureza pasada a la que tenemos que regresar. Al fin y al cabo, si cogemos la historia de verdad, lo que vemos es un enorme proceso globalizador que va desde la antigüedad más antigua hasta el futuro previsible, como atestigua por ejemplo el desarrollo de las comunicaciones o la desaparición cada vez más acelerada de muchos de los idiomas que ha habido en el planeta.

Una vez que rechazamos los datos y la historia como inventos de quienes “quieren mantenernos oprimidos” o “quienes tienen discursos que van contra nuestra identidad histórica real” podemos rellenar el hueco con lo que nos de la gana. Nuestro pasado glorioso a la carta, con sus héroes “olvidados por los opresores” o aquellos que en realidad son bastante intrascendentes pero que vamos a alzar al rango de héroes o mártires de la causa, nuestros momentos fundacionales y batallas luchadas por el bien de una identidad y una nación absorbidas por las corrientes de la globalización, etc.

En resumen, inventamos un pasado bonito para justificar que vamos a proceder a desglobalizar lo que en su momento estuvo globalizado. Sea por miedo a las grandes empresas que se llevan sus trabajos fuera del país (y, por tanto, recurrimos a proteccionismos absurdos como el de Trump y los coches hechos en México) o porque no queremos ver entrar a gente que contamine nuestra identidad con ideas novedosas o prácticas diferentes. Como todos esos ni hacían eso en el pasado (“¡cuando los buenos coches americanos se hacían en América!”) ni venían con sus extrañas o peligrosas prácticas (“¡malditos Méxicanos que son todos violadores, asesinos y traficantes!”), podemos recurrir a un mundo donde esas amenazas no existían o estaban bajo el control de los buenos (osea, nosotros).

desglobalizarY como todo esto lo vamos a bañar y regar con un buen caldo de demagogia que llegue a los sentimientos de la gente y no a la razón, debemos saber muy bien cuál es nuestro público objetivo. Primero, nos benefician aquellos que sientan que su vida se encuentra amenazada: los trabajadores que creen que van a perder el trabajo por los inmigrantes o por la deslocalización de las empresas, por ejemplo. Y, segundo, queremos gente que probablemente no haya tenido mucho trato con esas fuentes de amenaza, inmigrantes especialmente, de modo que su opinión se base mucho más en prejuicios que en la realidad. No resulta sorprendente que dos de las ciudades con más inmigración del mundo, Nueva York y Los Ángeles, fueran de las primeras en reaccionar en contra del cierre de frontera de Trump, ya que la gente de esas ciudades sabe muy bien todo lo bueno que llega también con la inmigración y cómo los estereotipos son falsos.

Así que este cóctel es la clave para poder desglobalizar con éxito: un pasado al que queramos regresar, un presente y un futuro que resulten amenazantes y fuente de miedo para la población, estereotipos no fundamentados sobre la realidad que hace que ese presente suponga un peligro y un discurso siempre demagógico que se ponga pronto del lado de los ciudadanos contra el sistema que siempre ha ido en su contra.

Agítese y mézclese con cuidado, eso si, que tantas mentiras y falsedades a menudo pueden explotar.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas sobre la ola desglobalizadora actual?

Comments

2 Comments

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  • power_frontier says on: 09/02/2017 at 13:53

     

    No coincido para nada en tu idea de que una parte de la población de Cataluña quiera la independencia porque tienen miedo de los demás. Yo diría que es porque quieren un gobierno y control más cercano y no uno como el actual que les oprima desde la distancia.

    • Costan Sequeiros says on: 09/02/2017 at 17:03

       

      No es miedo a los demás, en el sentido de personas, sino a los demás en el sentido de quienes viven fuera y condicionan sus vidas. Obviamente, el caso catalán es diferente del Brexit por ejemplo, o del muro de Trump, pero el resultado es el mismo: una identidad local que se siente amenazada por una identidad más global (la española), en torno a la cual se crean y difunden discursos que sirven para crear y fomentar ese miedo por intereses políticos. No responde a una realidad en ningún sentido (la identidad catalana es fruto de la identidad española, igual que lo es la gallega, la vasca o la andaluza) y por tanto se reconstruye la historia para redefinir a esas otras identidades ya no como parte del “nosotros” sino del “ellos”. Una vez ellos son ellos se potencia el miedo que generan (en su terminología, opresión por ejemplo, que se sacude como el miedo a que te controlen los que no te conocen ni se interesan por ti) a la vez que se desarrolla una nueva historia. Y como el mundo está con la postverdad, pues se procede a negar las evidencias (como las declaraciones europeas de que Cataluña no entrará directamente en la UE sino que tendrá que seguir todo el proceso de solicitud de ingreso) y a movilizar emocionalmente y no racionalmente al electorado en una dirección.

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