Tribulaciones de la Clase Ociosa

Un blog de sociología y ciencia política donde revisar el funcionamiento de la sociedad, las noticias de actualidad española e internacional, así como el análisis de las múltiples dimensiones de eso que llamamos sociedad

El segundo impeachment a Trump

February 14th, 2021
El proceso de impeachment a Trump empezó con su aprobación en el Congreso.
El proceso de impeachment a Trump empezó con su aprobación en el Congreso.

El Senado norteamericano acaba de cerrar el segundo impeachment a Trump, una especie de moción de censura a la americana, y su historia es relevante para algunas de las cosas de las que hablamos en este blog, y tiene implicaciones más amplias que son interesantes. Por eso, vamos a echarle un ojo, en relación además con un post que escribí en otoño acerca del modo en que mueren las democracias, que es particularmente relevante ya que, aunque la norteamericana sobrevivió a Trump (al menos de momento) estos eventos ilustran un proceso peligroso que se puede dar en cualquier democracia y en cualquier momento, y para el cual ya tenemos otros exponentes como Bolsonaro en Brasil.

Os voy a contar toda la historia, resumida, del impeachment para aquellos que puedan no estar familiarizados con ella y lo que llevó a que tuviera lugar. Aquellos que si lo estéis podéis saltar directamente a la sección de Consecuencias.

La historia

El relato del impeachment a Trump (versión 2) empieza en verano de 2020 (una fecha que elijo un poco arbitrariamente, pero hay que empezar por algún sitio). Por aquel entonces, las encuestas electorales llevaban meses señalando que Joe Biden iba a ganar las elecciones, entre otras cosas por el nefasto manejo de la crisis del COVID en Estados Unidos por parte de Trump, de modo que el entonces Presidente pasó a la ofensiva y cambió el relato.

En evento tras evento (porque no se cortó a la hora de juntar a todas las personas que pudo en los meetings electorales, aunque no llevasen mascarillas), el relato que puso sobre la mesa Trump fue el siguiente: somos la fuerza política más querida de Estados Unidos, si perdemos es que los demócratas nos han robado las elecciones. Unas elecciones que, ya desde ese verano, definió como las elecciones más corruptas de la historia de Estados Unidos, olvidando cómodamente la injerencia rusa que le llevó a ganar en 2016. Evento tras evento, él y el resto de candidatos republicanos (pues había también elecciones al Senado y Congreso en algunos distritos) se hicieron eco de esta historia, la cual fue amplificada por canales de televisión y noticias como Fox, AON, etc.

Avanzamos hasta la noche de las elecciones, cuando los resultados a pie de urna daban vencedor a Trump (como se esperaba, ya que el grueso del voto demócrata era voto por correo, que en muchos estados clave se contaba después del voto presencial). Muchos canales de noticias llevaban días avisando que sería una noche electoral cuyos resultados no se sabrían durante días, precisamente por el voto por correo, de modo que la gente tenía que tener paciencia. Sin embargo, para el 4 de noviembre, con los resultados de varios Estados clave todavía en el aire, Trump salió en rueda de prensa a decir que había ganado las elecciones y se las habían robado con votos surgidos de ninguna parte:

Trump: “we were getting ready to win this election, frankly we did win this election”.

Desde entonces comienza el relato de la lucha de Trump por cambiar el resultado de las elecciones que, eventualmente, serían confirmadas como una victoria de Biden. Primero fue una batalla legal, donde él y sus abogados presentaron 60 casos ante los tribunales alegando diversas irregularidades, y perdieron todos menos 1 que era un caso menor que no tenía impacto. Incluso lo intentaron llevar ante el Tribunal Supremo con apoyo de numerosos republicanos importantes y el Tribunal Supremo (con tres miembros elegidos por el propio Trump) desestimó el caso.

Introduzcamos en la historia a sus seguidores. Ya durante ciertas partes del recuento, sus seguidores más acérrimos se habían movilizado bajo el lema “Stop the steal” (les gustan los gritos de tres sílabas, como veréis). Amenazas a los que estaban contando votos en Estados clave, denuncias, testimonios de irregularidades que nunca se confirmaron que fueran ciertos, etc. Todo esto en el medio del apoyo tradicional de ciertos sectores extremistas (como los Proud Boys, o los supremacistas blancos en las manifestaciones donde “había gente buena en ambos lados”). Y Qanon, claro, una teoría conspiratoria absurda (que entre otras cosas habla de grupos de la élite de Hollywood y demócratas que se dedican a comerse niños) que tiene elegido a Trump como su mesías, el salvador que todo lo iba a arreglar cuando llegase The Storm.

Avanzamos los meses y vemos que este caldito que nos estamos preparando de cena, cada vez está más caliente, así que le vamos a subir un poquito más el fuego. Lenguaje cada vez más inflamatorio, presiones a dirigentes literalmente para que cambien votos (como la llamada al representante de Georgia por parte de Trump), denuncias que se hacen por parte de su equipo legal pero fuera de las Cortes de justicia para que no puedan ser verificadas (lo cual llevaría a que la compañía Dominion, de voto electrónico, denunciase a Giuliani por 1,3 mil millones de dólares por defamación), etc. Una lucha tan absurda que llevaría al partido republicano a perder el control del Senado cuando los dos candidatos republicanos de la runoff de Georgia perdiesen sus escaños en el Senado frente a los candidatos demócratas, cambiando con ello la mayoría en la sala.

El asalto al Capitolio el 6 de enero podría haber salido mucho peor de lo que finalmente fue.
El asalto al Capitolio el 6 de enero podría haber salido mucho peor de lo que finalmente fue.

Lo cual nos lleva al día del centro de los hechos, el 6 de enero de 2021. Habiendo fracasado todo, Trump solicita a Mike Pence (su vicepresidente) que anule la certificación de votos que se tiene que dar en el Senado, un evento que es meramente ceremonial. Según recuentos, se lo llega a pedir/ordenar una docena de veces, ante la negativa de Pence a incumplir con su deber constitucional (tras cuatro años de decir que sí a todo lo que Trump quería). Por ello Trump anuncia una manifestación importante para ese 6 de enero en la cual alienta a la gente que atiende a defender américa, a luchar, a marchar hacia el Capitolio… la base del caso de impeachment.

La gente en efecto marcha, asaltan el Capitolio, mueren 7 personas (3 de ellos policías) y hay más de un centenar de heridos, se saquean las salas, se hacen selfies posando en los despachos… y no sirve de nada. Cuando finalmente el orden se restablece en el Capitolio, los Senadores certifican el resultado de las elecciones y proclaman a Biden el próximo Presidente, aún con unas cuantas objeciones. Se siente Qanon, pero tu profecía de la Tormenta no se ha cumplido, como era obvio.

Avanzan los días, buena parte de los republicanos que dijeron que los eventos del 6 de enero eran inaceptables se retractan pasados unos días, el Presidente es sustituido y los demócratas del Congreso plantean exitosamente un impeachment.

El impeachment

El procedimiento de impeachment, resumido, es el siguiente: el Congreso vota que se produzca un impeachment, y si sale adelante, el juicio se celebra en el Senado. En caso de que fuese favorable el resultado en el Senado, al Presidente (o al cargo que se juzgue) se le expulsa del cargo y se le prohibe de nuevo ejercer una oficina de servicio público. El encargado de la mayoría en el Senado, todavía republicano, Mitch McConnel dice que no se puede juzgar tan rápido cuando recibe el caso del Congreso el día 15 de enero, con Trump todavía como Presidente.

Así que el impeachment comienza el 9 de febrero, en un clima muy diferente al que el Senado tenía en enero, con los eventos del día 6 todavía recientes. Durante una semana, los managers del Congreso (que hacen de “fiscales” en el caso) plantean un caso muy sólido por el cual Trump habría incitado y movilizado a la multitud para asaltar el capitolio no solo con la charla del día 6 sino con los meses anteriores incluso, creando ese estado de ánimo. En respuesta, el caso de los defensores de Trump (el tercer equipo, después de que el primero se negase y el segundo abandonase antes del juicio) fue más bien débil, centrado en una cuestión de procedimiento: si se podía o no hacer un impeachment a un ciudadano que ya no tenía cargo.

La diferencia en la calidad de ambos argumentos fue tal, que varios de los defensores de Trump reconocieron que los argumentos de los managers eran muy buenos. Lo cual, sin duda no es una cosa que los abogados defensores suelan hacer en los juicios.

El comienzo del impeachment, con el primer discurso de los House Managers.
El comienzo del impeachment, con el primer discurso de los House Managers.

Sin embargo, se buscaba un juicio lo más rápido posible, porque mientras el impeachment estuviese en marcha el Senado se estaba dedicando a eso en exclusiva, lo cual paralizaba la puesta en marcha del nuevo gobierno. A mayores, numerosos de los republicanos del Senado (14 tenían que votar a favor) ya habían señalado de diversos modos que, dijeran lo que dijesen los managers, ellos iban a proteger a Trump. Llegaron incluso al punto de no prestar atención al juicio sino estar dibujando o leyendo otras cosas mientras este se celebraba, una actitud que sin duda no encaja con su papel como jurado.

Llegamos a ayer, sábado 13 de febrero cuando, tras el sobresalto de unas revelaciones, parecía que el caso se iba a alargar, pero al final quedó solo en eso. Se añadieron esos testimonios a la larga lista de pruebas de negligencia e incitación de Trump a la violencia (bajo el grito de “hang Mike Pence” los asaltantes llegaron a levantar una horca frente al Capitolio) porque Kevin McCarthy le dice en esa llamada que esa es “su gente”, a lo que Trump responde que “será que esa gente está más preocupada por el resultado de las elecciones que tú” mientras el propio asalto al Capitolio se producía y McCarthy solicitaba ayuda para controlar la situación. El caso es que, al final, 7 republicanos votaron a favor del impeachment, pero no los 16 que eran necesarios (conste que es la vez que más gente “del otro bando” a votado a favor de un impeachment en la historia americana).

Así que Trump ha sido absuelto y Mitch McConnel tiene los arrestos para, después del juicio (en el que él votó en contra del impeachment) salir a la palestra para decir, muy resumidamente: todo lo que han dicho los managers es cierto y Trump es culpable de todo eso, pero no se podía hacer así porque es anticonstitucional ya que nos hemos pasado de fecha y ya no se le puede echar de la oficina porque ya no es Presidente. Se ha pasado la fecha porque el propio McConnel retrasó el juicio, y no puede ser anticonstitucional porque en el primer día del juicio el propio Senado votó a favor de la constitucionalidad del mismo.

Consecuencias y la muerte de la democracia

Pero, a lo que importa, porque que Trump iba a salir inocente era algo sabido desde hace días, cuando los republicanos demostraron que nada les haría cambiar de opinión (bueno, si no contamos como cambiar de opinión coger el avión a Mar-A-Lago a pasar unos días con Trump…). ¿Qué significa todo esto y por qué es importante más allá de Estados Unidos?

Cuando escribía en otoño acerca de la muerte de la democracia, decía que normalmente estas no mueren por un golpe de estado o un alzamiento militar (aunque a veces si, véanse los recientes eventos en Myanmar). Las democracias, como todo sistema político, económico o social, mueren cuando se combinan ciertas cosas, la primera de las cuales es la deslegitimación del sistema.

Una crisis sanitaria, una crisis laboral y económica generan fuertes energías destructivas. Combinadas con el aislamiento hacen que la gente tenga mucho tiempo para investigar en internet, pero como usamos círculos de información restringidos, el resultado es que nos alimentamos de un cierto tipo de fuentes. Cuando no lidiamos con gente de modo habitual porque estamos aislados, es fácil que todas las fuentes que usamos se retroalimenten, creándonos la sensación de que ciertas cosas son muy reales. Si eres un consumidor de noticias de Fox, por ejemplo, llevan meses diciéndote que los demócratas iban a robar tus elecciones, que te iban a robar el país, que vienen inmigrantes y les iban a abrir las puertas… lo cual te acerca a las posiciones e ideas de Qanon y otros grupos, que proceden a llevarte más lejos en tu radicalización.

Durante el asalto al Capitolio, numerosa gente llevaba banderas americanas.
Durante el asalto al Capitolio, numerosa gente llevaba banderas americanas.

El resultado es que puedes creer que el acto más patriótico que puedes hacer, es asaltar el Capitolio para defender tu país, tu democracia y tu mundo. Cuando, en realidad, esa es una insurrección contra el gobierno democráticamente elegido por la mayoría de los ciudadanos americanos (hay más de 7 millones de votos de diferencia entre Trump y Biden).

Este salto entre deslegitimación del sistema y violencia no se da en el aire, simplemente. Los nazis tuvieron a Hitler animando a dar ese salto antes de la noche de los cristales rotos, igual que los fascistas italianos tuvieron a Mussolini organizando a los camisas negras. En este caso, la incitación a la violencia (que es la causa primaria del impeachment) la hicieron Trump y sus allegados al reforzar continuamente la idea de que las elecciones habían sido robadas y que la única forma de recuperar el país era, en sus palabras, “fight like Hell”. En la convocatoria de la manifestación del 6 de enero se prohibía expresamente la marcha sobre el Capitolio y, sin embargo, Trump les dijo que marcharían hacia allí y que él iría con ellos (cosa que, obviamente, no hizo y se quedó viendo los eventos en la televisión).

La deslegitimación funciona, entonces, como un montón de hojas secas. Trump, o el líder de turno, lo que hacen es encender una cerilla y lanzarla sobre esas hojas, dejando que la deslegitimación se convierta en violencia contra el sistema.

Pero es que hay un tercer pie a esta historia, que se vio claramente en el impeachment: la importancia del relato. La cerilla tiene que tener ciertos elementos que hacen que la gente de el salto y se lance a la acción. Y el tercer elemento en esta ecuación, en línea con la deslegitimación, es la sensación de que te están robando algo: tu país, tu identidad, tu cultura, tus privilegios… Si eres un hombre blanco protestante americano de la zona rural, es fácil ver como el discurso de ciertas élites te están quitando privilegios: el discurso de la igualdad (sea en términos de género, raciales, de riqueza o cualquier otro) es, por definición, una lucha contra los privilegios de los que no son iguales. Pero no solo eso sino que la globalización está poniendo en jaque muchas identidades locales, que se ven influidas cada vez más por ideas traídas de fuera a través de la migración, de las redes sociales e internet, etc.

El mundo de alguien que se ancla a la tradición, es un mundo que lentamente está desapareciendo, y eso genera miedo, rabia, angustia. Y, con ello, la necesidad de actuar. Esta necesidad de actuar, que hará que se transformen en hojas secas listas para el incendio, se alimenta con ciertos discursos: “nosotros (los hombres americanos blancos conservadores heterosexuales protestantes, por ejemplo) somos los buenos y ellos (los negros/los migrantes/las mujeres/los ateos/los progres…) son los malos”. Esto se oye en cualquier discurso político del planeta si buscas a los partidos adecuados, como Vox en España, Le Pen en Francia, etc.

Esto divide cada vez más a la población entre un nosotros bueno y un ellos malo, se definan cada grupo como se defina. La polarización es una herramienta muy útil políticamente para aquellos que piensan estratégicamente: si tienes un electorado muy polarizado, tus fieles van a seguirte hasta las últimas consecuencias (por ejemplo, asaltando el Capitolio). Da igual lo que hagas una vez en el poder o de camino al mismo, el fin (defender esa identidad amenazada, sea nacional o de otro tipo) justifica los medios por radicales que estos sean. “Estamos en guerra contra…”, “debemos luchar por defender las tradiciones…” y otras frases del estilo son típicas en estos discursos, que pintan un mundo en blancos y negros.

Al radicalizar a tus bases, lo que consigues es movilizarlas hasta en puntos y extremos inesperados, como por ejemplo el grupo que intentó derrocar/secuestrar a la gobernadora de Michigan en Octubre. Y esto es clave en el impeachment porque lo que se trataba de demostrar es que Trump activamente incitó a la violencia. La incitación a la violencia no se hace a base de decir a la gente “id a saquear el Capitolio” sino que se hace creando un estado de ánimo, una ideología y una situación donde grupos independientes lleguen a la conclusión de que algo tan extremo es necesario. Es como funciona el terrorismo islámico post-ISIS por ejemplo.

Si la gente cree que las elecciones han sido robadas, que las crisis en las que viven no tienen solución, que les están robando el país… entonces, actuar con fuerza puede ser una conclusión natural a la que diversos grupos extremos puedan llegar por si mismos. No tienes que decirles que lo hagan, lo van a hacer, sea en octubre como en el caso de Michigan, o en enero como el asalto al Capitolio.

Esta radicalización se nutre de los cálculos políticos y económicos de quienes deberían oponerse a la misma. A Fox le interesa seguir alentando ese estado de ánimo porque le asegura una audiencia fiel, aunque tenga que defender en un jurado que uno de sus presentadores principales no hace noticias, y todo el mundo tiene una razón clara para saber que lo que dice en antena no es cierto (como ocurrió en el caso de Tucker Carlson). Pero saben que no es verdad, que gran parte de los espectadores de Tucker Carlson lo ven precisamente porque creen que él es el que está diciendo las verdades que otros callan, llevando a un incremento del radicalismo de esa base, la lealtad a la cadena y, con ello, la audiencia (no en vano Trump podía llamar al programa Fox & Friends cuando quisiese y siempre le ponían).

Pero el cálculo político es casi más insidioso, porque el económico es obvio. En política, radicalizar a tu base sirve para dos cosas: garantizar que voten por ti, y garantizar su movilización. A menudo, ganar unas elecciones no depende de ser el grupo cuyas ideas estén más extendidas, sino el grupo al cual sus seguidores vayan a votar y no se abstengan por pereza, falta de motivación, etc. De hecho, en España siempre se dice en politología que “la derecha no gana, es la izquierda la que pierde” porque demográficamente, España solía ser un país de centro-izquierda (aunque empiezo a pensar que cada vez menos).

Si tus votantes creen que les roban el país, van a ir a votar en masa. Y da igual que tu no tengas un plan político, una campaña con objetivos claros o que seas la persona más corrupta del mundo, van a ir a votar porque a sus ojos la alternativa es peor, son los malos. Por eso estas últimas elecciones han tenido el mayor número de votantes de la historia americana.

Los extremistas pueden acabar pensando que algo extremo es "natural", "correcto" o "inevitable".
Los extremistas pueden acabar pensando que algo extremo es “natural”, “correcto” o “inevitable”.

Con este cálculo en mesa, el partido Republicano lleva años radicalizando a su base, hasta el extremo de que en muchas circunscripciones hablar en contra de Trump o con un republicanismo clásico (como el de Bush, ni siquiera digo alguien con el que yo pueda estar de acuerdo) son vistas como traiciones por el electorado, gente que no habla de lo que a ellos les preocupa: el robo del país, de su estilo de vida. El último discurso de McConnel tras el impeachment refleja precisamente esto, que él dijo en voz alta aunque seguro que otros callaron opinando lo mismo: sabemos que Trump es culpable, pero no tenemos el valor de actuar en consecuencia por temor a que nuestras bases se vuelvan contra nosotros ahora que se han radicalizado. Y eso cuando no nos vamos a casos como el de Ted Cruz y similares, que tienen todas las papeletas para intentar presentarse en 2024 y quieren que esa base les apoye.

Este uso tacticista de lo que es, básicamente, un polvorín a punto de explotar está en la base del cambio de la mayoría de los republicanos durantes estos 4 años de trumpismo. El propio partido republicano se ha vuelto una presa de la base que ellos mismos radicalizaron, hasta el extremo que muchos de los que denunciaron a Trump antes de su elección han sido sus más fervientes defensores tras la misma: el monstruo puede ahora devorar al creador. Y Trump es el que, en buena medida, sostiene las riendas del mismo en este momento, de modo que dentro y fuera del poder, sigue controlando el partido. Así, los intereses de los políticos republicanos se anteponen e incluso se oponen a lo que saben que es correcto, y la mayoría claudican ante esta situación como llevan años haciendo.

La claudicación tacticista llega en el caso de McConnel al mayor extremo cuando dice que Trump ha salido absuelto del impeachment pero ahora se abre a todos los procesos legales que puedan surgir (por ejemplo, ya hay uno importante en marcha en Georgia por interferir en las elecciones). Esto es algo obvio, McConnel no tiene que decirlo en su discurso para que sea verdad, pero le sirve como escudo para delegar la responsabilidad de controlar a Trump a instituciones ajenas al juego político, donde el partido republicano no tenga que mancharse las manos a la hora de controlar a la base de seguidores que ellos han radicalizado. ¡Que otros limpien nuestro desastre, que nosotros queremos poder seguir cobrándonos los réditos de su apoyo incondicional!

Cerrando este tocho

En resumen, que si nos vamos al núcleo de la historia de Trump y el impeachment lo que nos encontramos es una base que es común en todo el mundo: una serie de condiciones materiales (crisis económica, COVID, etc.) permiten que ciertas ideologías extremas se extiendan (nacionalismo, supremacismo…) y si la gente permanece en sus burbujas informativas, resulta una sala de eco que repite esas ideas. Esto crea un estado de ánimo en un grupo que cada vez se va radicalizando más dentro de esa sala de eco, a menudo en contraposición al resto de colectivos de esa sociedad. Y esto, finalmente, crea el caldo de cultivo necesario para que los líderes que movilizan a ese grupo puedan prender la mecha de cambios y revoluciones en un sentido u otro.

De hecho, muchos de los asaltantes al Capitolio el 6 de enero lo hacían defendiendo que eran verdaderos patriotas, que esto era una revolución para devolver América a donde tenía que estar, que era una repetición de 1776. Muchos alardearon de sus actos en redes sociales (así se encontró a muchos de ellos) porque no entendían que lo que hacían “porque el Presidente se lo ha pedido” era ilegal o incluso anti-patriótico.

Estas salas de eco, este proceso de deslegitimación, este crecimiento del extremismo no es algo exclusivo de Estados Unidos. Aquí y allá a lo largo del texto he puesto ejemplos de otros sitios, como Le Pen, Vox o Bolsonaro, pero hay infinidad más. Desde la Liga Norte en Italia a grupos más fuertes y extremos con mayor poder, asentados incluso en el gobierno de diversos países como Polonia (y su lucha contra la independencia del poder judicial, por ejemplo) o Turquía (y su transformación de república más o menos laica como la veía Ataturk en la república islámica de Erdogan). Vivimos en tiempos interesantes, como decía la antigua maldición china, y esto abre la puerta a procesos sociales muy complicados, convulsos y que sacan lo mejor y lo peor de las sociedades en las que se dan. Según salen los equilibrios y balances podemos encontrarnos motivos para la esperanza (como los movimientos pro-democráticos en algunos países) al mismo tiempo que otros para la desesperanza (como el resultado de la Primavera Árabe en Siria).

Al final, el impeachment no ha podido con la democracia norteamericana como no pudo con ella el golpe del 6 de enero que lo alimentó. Pero, en última instancia, este ejemplo ilustra procesos que se están dando por todo el mundo, a medida que las crisis y los discursos se van globalizando y las sociedades del presente deben buscar nuevas respuestas para viejas y nuevas preguntas.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas del segundo impeachment a Donald Trump?

The Comey Rule (La Ley de Comey)

February 4th, 2021
The Comey Rule nos introduce en un interesante momento histórico de EEUU.
The Comey Rule nos introduce en un interesante momento histórico de EEUU.

The Comey Rule nos cuenta la historia de James Comey, quien fue director del FBI desde el comienzo de la presidencia de Obama hasta principios de la de Trump. Si bien su historia se centra especialmente en el periodo de la investigación de los emails de Hillary Clinton y cómo eso influyó en las elecciones de 2016 que harían que Trump ganase, el centro de la serie es una discusión muy interesante sobre la ley, el respeto, la interferencia rusa en las elecciones, etc. Para contar esta historia, que en el fondo tiene pocos “hechos interesantes” a nivel cinematográfico, pocos momentos épicos y que además cubre largos periodos de tiempo, especialmente el último año de Comey en el FBI, la serie se sostiene durante sus cuatro horas en un conjunto de actores que están simplemente soberbios, en una puesta en escena muy trabajada y en un papel suave pero apropiado de la música. Todo esto hace que nos metamos de lleno en lo que nos está narrando, y nos deja espacio a cada uno para llegar a nuestras propias conclusiones.

Y es que, en este sentido, The Comey Rule pone sobre la mesa muchas cuestiones importantes no solo para entender ese momento histórico sino para todas las sociedades del mundo. El primero de cuyos puntos, quizás el más importante, es la cuestión de los valores. Comey sale descrito como la clase de persona que tiene unos valores muy fuertes (la independencia del FBI, el deber de proteger a los ciudadanos, hacer lo correcto…) que guían sus acciones y las de la institución a su cargo durante el tiempo que en ella está. Y, durante buena parte de ese tiempo, esos valores son eficaces en granjearle el apoyo de los miembros del FBI e incluso del Presidente Obama.

Sin embargo, el centro de la historia surge porque, en realidad, en el mundo moderno los valores normalmente chocan contra la eficacia política. La cuestión de los emails es uno de los momentos que mejor lo reflejan: todos en el FBI saben que es un mal asunto meterse a investigarlo, que es una bomba que no se puede manejar bien dentro del plazo de unas elecciones que ya están en marcha. Es, a nivel objetivo, un error estratégico… y, sin embargo, es lo correcto. La política es la base sobre la que se construye el mundo en el que vivimos, es mucho más que simplemente las instituciones de gobierno, y buena parte del territorio político es un territorio ideológico donde los valores se enfrentan entre si por alcanzar una hegemonía en la ideología de una sociedad (es la base del funcionamiento de la sociedad civil).

Cyberpunk 2077

January 25th, 2021
Cyberpunk 2077 es un juego que vale la pena experimentar y reflexionar sobre el mundo que nos describe.
Cyberpunk 2077 es un juego que vale la pena experimentar y reflexionar sobre el mundo que nos describe.

Cyberpunk 2077 es probablemente el mejor juego de rol al que he jugado en mi vida, y van muchísimos, con una narrativa muy cuidada, una construcción de personajes brutal, muchos sistemas roleros que permiten distintos desarrollos para el personaje, muchísimas quests muy bien hechas, etc. Tiene bugs, sin duda, pero no quitan de lo buena que es la experiencia y explorar todos los temas que aborda el juego que justo, es lo que aquí nos ocupa.

Y es que ya en el pasado había escrito sobre cómo el cyberpunk como género distópico habla de muchos de los problemas que nos vamos a encontrar, probablemente, en el mundo que se nos viene encima. Y todos estos temas se encuentran perfectamente reflejados en la construcción del mundo de Cybperunk 2077, cuando hacen referencia a cosas como el cambio climático, la desaparición de buena parte de la fauna, la contaminación de las aguas, y muchos otros riesgos que hoy en día vemos cada vez más cercanos.

Uno de sus discursos principales, como suele ocurrir en todo el género, es en torno al papel del neoliberalismo económico llevado a sus últimas consecuencias. En el universo de Cyberpunk 2077 encontramos que el gobierno ha sido reducido a su mínima expresión, hasta el extremo de que Estados Unidos se ha partido y Night City se ha convertido en una ciudad independiente. El único ámbito político (en el sentido institucional de la palabra) que encontramos en su historia es relativa a las elecciones a alcalde, pero incluso esa trama rápidamente nos muestra que los que tiran de los hilos de los políticos son las grandes corporaciones.

Orwell: vigilancia en la sociedad del siglo XXI

January 20th, 2021
Orwell nos plantea el debate entre vigilancia y libertad en la sociedad moderna.
Orwell nos plantea el debate entre vigilancia y libertad en la sociedad moderna.

Orwell es, sin duda, un videojuego muy interesante. El punto de partida es que nos contratan como investigadores en La Nación para resolver unos atentados que tienen lugar en nuestro primer día y para ello ponen a nuestra disposición el programa Orwell. Este lo que hace, básicamente, es acceder a las redes sociales, páginas webs, y otros elementos digitales para extraer información, hacer perfiles y agregarlos. Al hacer esto, vamos juntando las pistas de lo que está ocurriendo, y avanzamos una historia que se va desarrollando con cada día de juego ante nuestros ojos. Es un juego cortito, de hecho da la sensación de que se acaba cuando está llegando a su mejor momento, que con su peculiar estética consigue transmitir muy bien las sensaciones de que estamos observando una sociedad real desde un panóptico digital.

Pero desde un punto de vista social, del mensaje, el desarrollo de Orwell va mucho más allá de la investigación de los atentados, para ser una muy interesante reflexión sobre varios puntos centrales de nuestro mundo actual: el dilema que enfrenta vigilancia e intimidad, y el que se refiere a libertad y seguridad.

El paso del tiempo histórico

January 2nd, 2021
El tiempo historico es muy diferente al tiempo como lo vivimos las personas.

A priori, el tiempo es una magnitud objetiva que podemos contrastar simplemente mirando un reloj. Tic, tac, un segundo dura exactamente un segundo, y una hora lo que corresponde a sesenta minutos. Así, mientras nos mantengamos lejos de las naves espaciales, la velocidad luz y todas las cosas que la teoría de la relatividad demuestra que distorsionan el tiempo, podemos más o menos confiar en la predictabilidad del mismo.

Sin embargo, la realidad es que, aunque es una magnitud física muy previsible, no la vivimos de un modo tan claro y objetivo. Al contrario, la experiencia del tiempo es extremadamente subjetiva, así si nos divertimos el tiempo pasa muy rápido y si nos aburrimos lo hace despacio. No vivimos el tiempo como es, sino como lo sentimos, lo cual por ejemplo es muy visible cuando llega el solo de guitarra de una canción de rock, que da la sensación de que la canción es más rápida cuando no es el caso sino que simplemente se están dando más notas dentro de cada compás, no se ha alterado el tempo.

Esta percepción subjetiva del tiempo ha ido cambiando con las épocas. No se percibía y sentía igual el tiempo, por ejemplo, en la antigua Grecia (cuando creían que el tiempo era circular y no lineal) o en la Edad Media (cuando pensaban que el tiempo no cambiaba, simplemente llegaría algún día el fin del mundo). Al fin y al cabo, la misma idea de progreso social, la noción de trabajar en el presente para construir un futuro mejor, es un invento de la Ilustración, así que no tiene ni 500 años.

Democracia, deslegitimación y cambio social

November 15th, 2020
Nuestro artículo, publicado en la revista Barataria.

Hoy comparto con vosotros el último artículo que nos han publicado a Héctor Puente y a mi, titulado “Democracia, deslegitimación y cambio social: el videojuego como dispositivo de cuestionamiento político”. Ya se que el título es un poco largo, pero es lo que hay. Fue publicado en el número 29 de la revista Barataria, Revista Castellano-manchega de Ciencias Sociales. Está dedicado a ilustrar cómo los jugadores de videojuegos pueden aprender muchas lecciones muy valiosas sobre la política y la democracia según los juegos a los que juegan, y cómo esto conlleva unos aprendizajes que luego se transforman en motores de un cambio social real fuera de las pantallas. De hecho, el resumen del artículo dice:

Tradicionalmente, el Estado ha organizado una serie de instituciones que garantizan el aprendizaje y adoctrinamiento en el sistema. Pero las democracias llevan en crisis de legitimidad desde la crisis económica de 2007/08, una deslegitimación que crece a medida que las TIC llevan nuevos modelos políticos e ideas de un lado a otro del mundo. Un entorno digital que transporta valores culturales a través de todos los productos mediáticos, siendo los videojuegos uno de los más importantes hoy en día. Esto los ha convertido en un campo de aprendizaje y experimentación que ha llevado a la aparición de espacios políticos en los videojuegos (como manifestaciones o escenarios de lucha y activismo), exigencias a las compañías desarrolladoras, estructuras de relaciones más horizontales y muchos espacios de discusión identitaria (como el género). Aprendizajes que los ciudadanos obtienen en su tiempo de ocio pero que no se olvidan cuando desconectan de sus juegos, sino que quedan insertados en sus identidades.

Para los que estéis interesados en este tema, como siempre os dejo los links para que podáis descargarlo gratuitamente.

Este es de la revista Barataria

Y este es el de mi página de Academia

¡Espero que os sea interesante la lectura!

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas sobre este artículo sobre cómo los videojuegos afectan a la forma en que entendemos la política?

Debatiendo la naturaleza de la sociedad civil

November 7th, 2020
Debatiendo la naturaleza de la sociedad civil forma parte de este número de la revista.
Debatiendo la naturaleza de la sociedad civil forma parte de este número de la revista.

Hoy comparto con vosotros el más reciente artículo que nos han publicado a Héctor Puente Bienvenido y a mi. En este caso, “Debatiendo la naturaleza de la sociedad civil: una aproximación desde la teoría de campos de Bourdieu” fue publicado en la revista Política y Sociedad de la Universidad Complutense, y está dedicado a debatir y entender cómo funciona la sociedad civil desde un punto de vista más teórico. El resumen del artículo es:

En el presente artículo abordamos la definición de un espacio útil para el estudio y el debate en torno a la sociedad civil. Para ello, planteamos las cuestiones que quedan abiertas en las teorías clásicas y proponemos como respuesta el uso de la teoría de campos de Pierre Bourdieu como medio de construir un entorno donde las distintas teorías puedan ser puestas en relación. Esta aproximación resulta útil porque sirve para unir muchas de las divergencias (como la diferencia entre macrosociológico y microsociológico), así como para poner en relación de un modo más nítido varios de los elementos que otras teorías habían manejado de manera ambigua.

Para los que pueda interesaros leerlo, aquí tenéis los links para poder acceder de manera gratuita al mismo:

Página del artículo en la revista Política y Sociedad

Link al artículo dentro de mi página de Academia

Espero que os sea interesante y pueda ayudaros en vuestras reflexiones e ideas.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de este debate sobre la naturaleza de la sociedad civil?

La muerte de la democracia

November 3rd, 2020
Franco y Hitler son historias muy distintas sobre cómo se produce la muerte de una democracia.
Franco y Hitler son historias muy distintas sobre cómo se produce la muerte de una democracia.

La imagen más habitual de cómo se produce la muerte de una democracia suele tener que ver con un general inspirado, que saca los tanques a las calles y da un golpe de estado. Ejemplos de esto hay numerosos, desde Franco en España a Pinochet en Chile. Sin embargo, aunque el final pueda ser por medios militares, la realidad es que esas democracias ya estaban heridas de gravedad antes de los eventos que llevaron a su final.

La democracia, como sistema, es al mismo tiempo muy fuerte y muy frágil, y ambas cosas por la misma razón: la legitimidad. La legitimidad, si lo resumimos mucho, es el conjunto de razones que llevan a que la población de un Estado acepte que el gobierno que tiene en un momento dado es válido y aceptable. Sea por motivos tradicionales o motivos legales, porque ha sido elegido por el pueblo o cualquier otra razón, la legitimidad es clave para todo sistema político si no se quiere estar enfrentando a continuas revueltas y disturbios.

La moción de censura de Vox

October 23rd, 2020
La moción de censura de Vox no buscaba realmente cambiar el gobierno.
La moción de censura de Vox no buscaba realmente cambiar el gobierno.

Estos días hemos asistido a lo que oficialmente es el intento por parte de Vox de derribar un gobierno y sustituirlo por otro, siguiendo los caminos democráticos para ello. En contra de lo que se dijo en su momento de golpismo y demás en torno a la moción de censura que pone fin al anterior gobierno popular, es una vía perfectamente válida y perfectamente democrática (al menos, si consideramos lo que tenemos una democracia y no la partitocracia que he defendido a menudo que es). Sin embargo, esta moción es extremadamente diferente a la anterior en el punto clave: el objetivo a alcanzar.

En España, la moción de censura es de caracter constructivo. Esto no significa que el debate tenga que ser civilizado o con ideas propositivas de caminos para mejorar, sino que lo que se vota es la sustitución de un gobierno por otro específico. En este caso, la sustitución del PSOE por Vox. Si se tratase de una moción que llevase simplemente a la convocatoria de nuevas elecciones, el análisis sería muy diferente, pero no es el caso.

La Unidad

August 26th, 2020
La Unidad aborda mucha de las complejidades de un fenómeno como el terrorismo.
La Unidad aborda mucha de las complejidades de un fenómeno como el terrorismo.

Las series españolas han ido ganando calidad en todos los sentidos con el paso de los años. La Unidad se une a esta colección de series recomendables no solo por su buena factura sino porque nos invitan a reflexionar sobre temas relevantes del mundo en el que vivimos. En este caso, lo hace narrando una historia ficticia sobre la unidad de contraterrorismo de la policía española, que es una unidad muy real y con bastante buena reputación (no en vano España tiene una larga, aunque trágica, historia de lucha contra el terrorismo).

Como entretenimiento, sin duda La Unidad es recomendable. Hace un muy buen trabajo de recrear el aspecto de la profesión y darle a la vez un cierto toque humano detrás, sostenido sobre unas interpretaciones sólidas y una buena dirección. Quizás el constante uso de un filtro algo apagado la hace algo cansina a nivel estético, pero nada grave en una serie que en general resulta bastante redonda.

The Red Strings Club

August 3rd, 2020
The Red Strings Club nos introduce en un mundo noire y cyberpunk donde decidir cuestiones morales y sociales.
The Red Strings Club nos introduce en un mundo noire y cyberpunk donde decidir cuestiones morales y sociales.

Sin duda, The Red Strings Club no es un videojuego al uso y, en muchos sentidos, como juego se lo podría considerar pobre. Primero, por su escasa duración, que hace que parezca más el prólogo al juego principal que un producto completo. Segundo, porque buena parte de la jugabilidad se basa en la toma de unas decisiones que, sin embargo, en buena medida el juego no explora a posteriori pues sus consecuencias se sentirían tras el final del mismo. Y porque los tres tipos de minijuegos en los que basa su jugabilidad son desiguales y no demasiado ricos, siendo sin duda el mejor el de hacer bebidas con lo que ello implica.

Pero eso todo, que en buena medida lo convierte en un juego mediocre, no deja de hacer de él una experiencia interesante, por una razón central: nos obliga a pensar sobre el mundo en el que vivimos.

El revisionismo histórico

June 24th, 2020
El revisionismo histórico muestra que el pasado es parte activa del presente.
El revisionismo histórico muestra que el pasado es presente.

La historia es un elemento vivo de nuestro presente. De hecho, muchos de los dichos comunes la incluyen de un modo u otro: “quien no conoce la historia está condenado a repetirla”, “la historia la escriben los vencedores”, etc. Esto implica una cuestión central de la misma: que cuando miramos hacia atrás no lo hacemos de modo objetivo.

La razón de esto es que precisamente porque es en el presente cuando miramos hacia atrás, lo hacemos con una mirada condicionada por los prejuicios y nociones del presente, que busca en el pasado respuestas, ejemplos y casos que nos sean útiles ahora. Por ello, el revisionismo histórico es inevitable, es algo que no es ni de lejos nuevo y nos va a acompañar probablemente durante mucho tiempo.

La imagen de la guerra en los videojuegos

June 16th, 2020
La guerra ha centrado la atención del arte y la cultura desde la antigüedad
La guerra ha centrado la atención del arte y la cultura desde la antigüedad

Desde tiempos inmemoriales, la guerra es algo a lo que los humanos nos hemos dedicado con ahínco, habilidad e ingenio. Y como corresponde a estas situaciones tan extremas para el futuro de todos los colectivos involucrados, ha capturado la imaginación de la gente desde el principio de los tiempos, como muestran historias como la Ilíada.

Pero cuando avanzamos en el tiempo y llegamos al siglo XX, nos encontramos con que es el siglo en el que más gente ha muerto debido a la guerra. Y, consecuentemente, la opinión pública ha ido cambiando su forma de entenderla y racionalizar sobre ella. El resultado es que surgieron numerosas narrativas sociales al respecto, contraponiendo dos discursos principales: por un lado la perspectiva que describe la guerra como algo heroico e importante como se hacía antiguamente (con ejemplos como Top Gun) y la perspectiva contrapuesta donde se describe la guerra como algo brutal y terrible y se busca una denuncia al respecto (como en las películas de la guerra de Vietnam, como Apocalypse Now). Incluso surgieron las narrativas centradas en los civiles capturados en la guerra, como ocurre en la novela de H. G. Wells La Guerra de los Mundos.

Racismo y poder en Estados Unidos

June 2nd, 2020
En plena pandemia del COVID, el racismo se ha convertido en una noticia aún más acuciante.

Parece increíble que tengamos que hablar de esto en este momento. Racismo, en el país más afectado por el coronavirus. Un país que ha tenido una de las peores respuestas y planificaciones al respecto, que acumula más muertos por la enfermedad que durante toda la Guerra de Vietnam, que tiene un presidente que prefiere no hacer nada o recomendar cosas absurdas a realmente planificar y tratar de solucionar un problema tremendo. Y, sin embargo, pese a todo ello, desde hace unos días, la noticia es el racismo.

El 25 de mayo de 2020, George Floyd fue asesinado en Minneapolis. El asesino, un policía blanco, mantuvo su rodilla sobre su cuello con la colaboración de otros compañeros, durante nueve minutos, aunque Floyd señalaba que no podía respirar y ya estaba totalmente reducido. El “crimen terrible” por el que Floyd perdió la vida es que, supuestamente, compró un paquete de cigarrillos con un billete de 20 $ falso. La policía, cuyo lema en Estados Unidos es “servir y proteger”, mató a un hombre negro que estaba cooperando y estaba inmovilizado, sin que hubiera ninguna razón para ello. Y las calles de Estados Unidos estallaron a medida que se extendieron las protestas y escalaban en fuerza y violencia, pese a la pandemia presente. Sus últimas palabras, tal y como salen reflejadas en el video de su asesinato, son “no puedo respirar”, que actualmente se han vuelto uno de los lemas de las protestas, junto con el slogan “las vidas negras importan”.

La Guerra de los Mundos y la importancia del contexto

May 23rd, 2020
La Guerra de los Mundos es una obra maestra fruto de su tiempo, el siglo XIX.
La Guerra de los Mundos es una obra maestra fruto de su tiempo, el siglo XIX.

Publicada originalmente en 1898, esta novela de H. G. Wells pronto se convirtió en un clásico de un género que estaba siendo inventado por aquella época, con obras como Frankenstein de Mary Shelley. La ciencia ficción estaba naciendo, y dando de la mano dos conceptos que creaban nuevos tipos de historias: la ciencia y la ficción.

Así, la buena ciencia ficción se basa en introducir una serie de premisas de ficción en el interior de una visión científica del mundo. Con eso no se refiere a que toda novela de ciencia ficción se base en desarrollos científicos, Neuromante por ejemplo no trata de ese tema, sino que se basa en una comprensión del mundo tal y como es en el momento en que se escribe. Y esta pieza es clave, La Guerra de los Mundos se escribe a finales del siglo XIX. Aviso, ya de antemano, que voy a hacer algunos spoilers de la novela a la hora de analizarla aquí, entiendo que habéis tenido más de un siglo para leerla, pero si no queréis spoilers no sigáis leyendo.

Tribulaciones de la Clase Ociosa

Un blog de sociología y ciencia política donde revisar el funcionamiento de la sociedad, las noticias de actualidad española e internacional, así como el análisis de las múltiples dimensiones de eso que llamamos sociedad

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
%d bloggers like this: