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Black Mirror: simulacros y realidades

Portada del nuevo capítulo de Black Mirror
Joan is Awful, el primer capítulo de la nueva temporada de Black Mirror.

Acaba de estrenarse la nueva temporada de Black Mirror y el primer capítulo de la misma, Joan is Awful, trata un montón de cosas que resultan sociológicamente interesantes en el mundo en el que vivimos. Y todo con un poco de humor y detalles sobre la realidad que sin duda habrían hecho al gran autor de ciencia ficción Philip K. Dick muy feliz. Pero, si no lo has visto y tienes intención de hacerlo, ve a verlo antes de leer este post para hacerte tus propias ideas y porque aquí va a haber unos cuantos spoilers.

Black Mirror siempre ha tratado el impacto de distintas tecnologías en la sociedad y este capítulo no es diferente en eso. El punto de partida tiene que ver con las plataformas de streaming de video (con una muy clara referencia a Netflix) y cómo consumimos los productos allí colgados en variedad de lugares. Esto por si mismo no sería especialmente interesante a nivel social, sino lo que hay detrás de ello, por lo que tenemos que avanzar hasta casi el final del capítulo cuando se empieza a explicar todo.

Joan is Awful es un programa de televisión que narra, al día, los hechos que ha ido haciendo la protagonista (Joan) en ese día, sin su consentimiento. La base para esto es un hecho que todos cometemos con cierta frecuencia: la aceptación de las condiciones y términos de uso sin leerlas. Cada vez que instalamos una app, compramos un producto en una tienda online, etc. estamos aceptando ese documento, que nos pide confirmación de que lo hemos leído, pero nadie lo hace realmente. Esperamos que diga más o menos lo habitual y que si hubiera algo excepcional ya nos avisarían los expertos, pero de hecho Gamestation es dueña de un montón de almas porque lo incluyó en su documento legal durante un April’s Fools en 2010, así que esta esperanza en los expertos no siempre llega a tiempo.

Black Mirror toma esa base legal para conectarla con el desarrollo de nuevas tecnologías, porque la Joan de la serie está interpretada por Salma Hayek, que no es realmente la actriz de la misma, sino que ha licenciado su imagen a la compañía de streaming. Toda la serie, como dicen, es CGI, construyendo unos deep fakes impresionantes para recrear las imágenes y situaciones de la vida de Joan. En los años 90, Baudrillard hablaba de los simulacros: eventos que se pueden crear (en platós de cine por ejemplo) y que, si se distribuyen por los canales adecuados, son completamente indistinguibles de la realidad. Uno de los ejemplos que utilizaba era un ave que se hizo famosa durante la Guerra de Irak porque salía cubierta en petróleo, y que en realidad nunca había ocurrido durante esa guerra, solo lo habían lanzado los medios de comunicación como parte de la campaña de justificación de la misma.

Este es el centro del capítulo de Black Mirror, una crítica a través de la doble vida de Joan, del papel de las distintas tecnologías a la hora de construir nuestra percepción de la realidad. Los datos de la vida de Joan son recopilados por su móvil que la escucha y espía (como ya hacen hoy en día para Google), la reconstrucción de las escenas se hace por medio de inteligencias artificiales que buscan reforzar el lado negativo y el drama para aumentar la implicación del público (ya tenemos IAs generativas, no de ese nivel pero llegarán ahí) y todo eso se monta y elabora en una plataforma computacional tan rápida que puede coger los datos de la vida de Joan casi en tiempo real para reconstruir la serie con todos sus personajes, actores y demás en el interior, usando todos los deep fake.

La escena, en la sede de “Netflix” en que Black Mirror explica el proceso por el que se crea la identidad y la serie de Joan y por qué es tan negativa ya que engancha más al público.

El poder de los simulacros no se basa en la tecnología que los elabora, sino en las consecuencias sociales que tienen. La gente que ve Joan is Awful actúan como si lo que ocurre en la serie fuese lo que realmente ocurrió en la realidad, al margen de que la serie lo decore y refuerce. Nadie sospecha que esté guionizada, exagerada, etc. la toman casi como un documental sobre la vida de Joan. El resultado es que actúan con respecto a Joan como si todo lo de la serie fuese real (que, técnicamente, no es del todo un error), con lo que la ficción televisiva pasa a tener consecuencias reales en su vida.

Simulacros como este son parte de nuestra vida diaria continuamente. Todo el debate sobre las fake news es un gran ejemplo, donde la ficción llega a un punto que la gente no la distingue de la realidad y asume que lo que dicen es cierto. Pero no solo eso, nuestra vida online en las redes sociales es un simulacro de nuestras propias vidas que proyectamos al exterior, una performance que hacemos para mostrarnos como queremos ante los demás, escogiendo qué momentos compartimos y cómo los enmarcamos. La diferencia principal es que a Joan se lo hacen sin su control y consentimiento, pero en menor medida a los demás también nos puede ocurrir cuando un amigo sube una foto a Facebook con nosotros, está contribuyendo al simulacro de nuestra vida.

Así que los simulacros son parte de nuestra vida y, aunque sean ficticios, tienen consecuencias reales en la misma. Incluso sin llegar al extremo de Black Mirror donde la realidad misma de la serie es ficción (ella es el nivel 1 de simulación de la Joan real), toda nuestra realidad es consensual, se basa en lo que todos aceptamos como real, el espacio intersubjetivo. Y las nuevas tecnologías permiten crear cada vez simulacros más indistinguibles de la realidad, como señalaba Baudrillard, que pasan a formar parte de ese espacio intersubjetivo porque la gente las toma como reales. Aunque nuevas herramientas y entornos permiten comprobar la fiabilidad de las fuentes que usamos para informarnos, poca gente usa esas herramientas con asiduidad o dedica ese tiempo adicional a confrontar la información de una fuente con cómo la está narrando otra fuente diferente.

La verdadera Joan en el mundo real, uno de los pocos personajes con final feliz de la historia de Black Mirror.

Como estamos continuamente expuestos a información que no podemos corroborar directamente (la guerra de Ucrania, por ejemplo, yo no tengo modo alguno de comprobar que realmente está ocurriendo) lo que ocurre es que el espacio de simulacros se va potencialmente ampliando a medida que las nuevas tecnologías permiten hacerlos mejor, más rápido, más complejos y detallados. Y esto se encuentra en el centro de procesos como el aumento del descreimiento entre ciertas poblaciones en torno a los medios de comunicación tradicionales, pues esas poblaciones son seducidas por narrativas alternativas que se difunden desde otras fuentes y que no son verificadas (por ejemplo, usando la vía secundaria de la persuasión a través de una noticia que nos envía un amigo por redes sociales). Ya todo esto tuvo un impacto enorme en la campaña del Brexit como la tuvo en la que llevó a Trump a la Casa Blanca, y el crecimiento de fuentes alternativas de información que no necesariamente cumplen los estándares periodísticos establecidos pero son indistinguibles de las fuentes más serias ha conllevado el aumento de narrativas alternativas sobre la realidad en la que todos vivimos.

Así que, aunque aun no hay un quanputer que pueda crear nuestras vidas simuladas como le pasa a Joan en Black Mirror, lo cierto es que ya vivimos en un entorno lleno de simulacros como ese, simplemente no somos conscientes de ello la mayor parte del tiempo.

Costán Sequeiros Bruna

Y tú, ¿qué opinas de este primer capítulo de la nueva temporada de Black Mirror?

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