Hace un par de semanas ya hablamos de subculturas, pero tras una interesante conversación con Diego de Haro ayer, creo que es momento de retomar el tema. Volvamos al punto de partida original: en cada tiempo y lugar, hay una cultura dominante. Esta es sutil, y se extiende por un espacio, dotándolo de sentido, limitando lo que es posible pensar o las formas en que se entienden las cosas. Es lo que Foucault llamó una episteme. En el mundo habría una serie limitada de epistemes en cada momento histórico, a menudo consideradas por muchos autores como civilizaciones, por ejemplo Huntington (por poco que me guste).
Cada una de esas epistemes se construye en una forma de entender el mundo, una cosmología. Determina los valores principales, los métodos legítimos de operar dentro de esa área, los espacios abiertos a la innovación y el cambio, etc. Cosas como el imperio de la ley, el derecho, la democracia, los derechos humanos, el respeto, etc. son valores propios de la episteme occidental/democrática/capitalista/cristiana en la que vivimos.

Una subcultura es, como su nombre indica, un subconjunto dentro de otro mayor, en este caso un subconjunto cultural. Y, todo esto, ¿cómo se come? Básicamente, hay una cultura general que tiene una serie de ideas, valores, problemas, objetivos, etc. Podemos poner como ejemplo a la cultura española (aunque podría bien argumentarse que esta es, realmente, una subcultura de la cultura occidental/capitalista/demócrata).
El post de hoy es en respuesta a la
Fruto de una de las muchas interesantes discusiones con Lucas, hoy toca abordar el tema de la lucha contra el sistema. Después de haber hablado sobre alternativas
Para responder a esta pregunta, lo primero que debemos decidir que es real. En este contexto, voy a usar real como “objetivo” o “externo”. Una pared es real, independientemente de las personas, la pared está en su lugar. Y si no crees en ella y quieres atravesarla, te vas a dar un buen bofetón. Dicho esto, empecemos por el principio. ¿Cómo se contruye la sociedad? La sociedad se construye de la interacción de dos dinámicas: las personas, y las instituciones. Veámoslas por partes:
Hace algo más de una semana hablaba sobre cómo
El otro día, hablando con un amigo mío sobre el futuro, el presente, y la vinculación entre sociología y ciencia-ficción salió a colación este trabajo que hice durante mi año de Doctorado para la asignatura de Sociología de la Literatura. Como me pidió que se lo enviase, he pensado que mejor lo cuelgo aquí, por si acaso a alguien más le pueda interesar el tema.
Detrás de la fachada de ciencia ficción cercana y de serie de policías de animación (muy adulta, eso si), Psycho Pass atesora un corazón que va mucho más allá. A medida que avanzan sus 22 capítulos y los discursos y diálogos entre personas, se va mostrando lentamente una muy compleja y lúcida reflexión acerca del sistema social, de las leyes, de la forma de interactuar de las personas, de la voluntad, de la obediencia, la vigilancia o la psicología, por mencionar sólo algunos de los aspectos que se abordan.
Los Estados, organizaciones interestatales, y acuerdos no surgen de la noche a la mañana tal como los conocemos. Al contrario, son el fruto de un largo proceso, que incluye infinidad de modificaciones, actualizaciones y cambios que van permitiendo que, lentamente, aparezcan tal como ahora son. El motor de estos cambios es, la necesidad.
“La historia es un cementerio de élites”, decía Pareto, pero bien podríamos decir que es también un cementerio de potencias. Un imperio ha sucedido a otro, dominando partes más o menos grandes del mundo por medio de la guerra, la economía y la diplomacia. Roma, el Imperio Otomano, la España del XVI, la Francia napoleónica, el imperio chino, el azteca, el maya… Grandes nombres, para las grandes potencias de sus épocas.