La sociedad civil ha estado siempre en conflicto con el poder, remodelándolo en la medida en que ha podido. Las huelgas y manifestaciones han sido sus armas principales, como lo han sido posteriormente los sindicatos, las ONGs, o los movimientos sociales más o menos establecidos.
Sin embargo, como dice la canción, the times they are a changing, y estos requieren y proporcionan nuevas armas. Hemos empezado a ver a la sociedad civil organizarse de nuevos modos: las redes sociales han sido clave en el bypass de las medidas de vigilancia de las dictaduras de la Primavera Árabe, y han sido capaces de convocar a muchos miles de personas desde el Tahrir hasta la plaza de Sol o Wall Street. No solo a la hora de convocar han sido útiles, sino que también lo han sido a la hora de informar de las demandas y proyectos, o incluso a la hora de conformarlos, mediante perfiles en las páginas principales, foros, etc.

Esta película nos narra la historia de una compañía financiera ficticia en los días del comienzo de la crisis económica de 2008. Bien podría ser el día antes del colapso de Goldman & Sachs, por ejemplo. Es un drama de una noche, que se dedica a mostrar más la parte personal que la parte económica (explicada de modo sucinto, pero claro, lo cual es de agradecer) de la crisis. Y esa es precisamente su mayor virtud.
Miremos a donde miremos, los escándalos de corrupción se suceden. Bankia, la financiación de Sarkozy, Gürtel, los casos de plagio en Rumanía, etc. Y parece que, junto a esto, nos encontramos con una justicia incapaz de actuar, desde la pérdida de rango de juez de Garzón a los bloqueos del PP a cualquier tipo de investigación en el Parlamento.
Hoy se celebra el 4 de Julio, Día de la Independencia en Estados Unidos, que conmemora la Declaración de Independencia de 1776. Hoy, hace 236 años, el mundo vio nacer la primera democracia moderna (si no contamos el lento evolucionar parlamentario de Gran Bretaña). Se dice rápido, pero hace casi un cuarto de milenio. Y, en un día tan cargado de simbolismo como este, creo que es interesante pararnos a recordar lo que aquel momento histórico ha implicado para la historia.
Escrito por Javier Noya, y supongo que publicado en torno a septiembre de este año, la verdad es que es un libro difícil de comentar en unas líneas como estas. La razón es que, pese a la coloquialidad del discurso en su forma, su contenido es complejo y muy amplio. Así, a lo largo de sus 450 páginas, el autor analiza todas las dimensiones de la imagen de España en el exterior, desde la música a las fuerzas armadas, del soft al hard power, del siglo XVIII al XXI, de la política a la cultura, etc. Abarca así una enorme variedad de temas que configuran la imagen de España en el exterior, desde una imagen tanto objetiva (¿qué dicen los datos duros, económicos y de otro tipo, sobre la situación real?) como subjetiva (¿qué opinión tiene la gente del mundo sobre esas cuestiones?), lo cual le da gran profundidad y riqueza. Es obvio que habrá gente interesada en unos aspectos u otros del texto, pero al ser un análisis tan amplio, hay cosas interesantes para todo el mundo.
Estás tranquilamente reunido con tus amigos o con las compañeras del trabajo, tomando una caña afablemente en una terracita. Y de pronto comenzáis a contar chistes, y uno cuenta uno muy bueno que es racista, sobre gitanos, o negros o lo que sea. Todos os desternilláis, todos menos una. Y la miráis mal, porque se está tomando en serio algo que no lo es. Al fin y al cabo, vosotros no sois racistas, y el chiste sólo es eso, un chiste.
Hay un
A menudo, a lo largo de todos los años que llevo escribiendo en este blog, he hablado en contra de las injusticias del capitalismo, de todos sus desequilibrios y todas sus “maldades”. Y, en efecto, es merecedor de todas esas críticas que se le puedan hacer, especialmente al neoliberalismo más recalcitrante.
La respuesta a esto, en teoría es sencilla. Según la Constitución, si, España es un Estado aconfesional, y punto. Pero, y siempre hay un pero, la misma Constitución reconoce que en el país el Catolicismo juega un papel muy importante en la cultura y demás, y por eso merece un lugar destacado. Esto no es aconfesionalidad, desde luego, más allá de las apariencias.
Esta es una serie muy interesante, que gira en torno al mundo de los publicistas en la década de los 60. Sin una trama muy importante como tal (no hay crímenes, ni grandes giros argumentales, ni ningún artificio de guión), nos mete de lleno en la descripción de cómo era la vida americana en una de las décadas más importantes del siglo XX. Por ello, contiene muchas cosas interesantes sociológicamente.
En numerosas ocasiones he oído decir tato a detractores del movimiento como a sus propios seguidores que el 15-M no es representativo de la sociedad. Al no serlo, no tendría derecho a presionar y actuar políticamente, tratando de forzar un cambio institucional (o más) en un sentido u otro. Sin embargo, esta posición parte o bien de un manifiesto derecho de desprestigiar y desmovilizar al movimiento, o de la ignorancia, o de un excesivo respeto hacia los demás.
Si yo menciono la palabra “hacker”, lo primero que pensarás probablemente será en un chico con gafas, granos, asaltando las bases de datos de las empresas y gobiernos. Dejando de lado que obviamente esa es una dimensión de la palabra hacker (y olvidando que cada vez más la guerra informática la practican los propios gobiernos y empresas), el término va mucho más allá de ese punto.
Mirad a vuestro alrededor y veréis las paredes rojizas y vibrantes del útero materno. Al ritmo del corazón del cambio, nos alejamos de lo conocido para adentrarnos en lo desconocido. Tras nosotros, el viejo mundo yace agonizante tras los golpes que derribaron el Muro de Berlín y las protestas que despertaron a una sociedad civil que se movilizó desde Mayo del 68 a la Primavera Árabe y la Indignación.