A menudo, se escucha el argumento de que, cada vez más, la política importa poco; así, el argumento continúa, en lugar del peso de esta, cada vez más la que manda es la economía. Los centros de decisión políticos se inclinan ante las bolsas, ante las primas de riesgo y las agencias de rating, que cada vez más dominan el mundo, desdemocratizándolo en el camino. Y todo con el simple objetivo de aumentar sus ganancias privadas y enviarlas a paraísos fiscales por todo el mundo.
Aunque hay mucho de cierto en el argumento que acabo de resumir, lo que no es cierto es el modo en que este mecanismo funciona o, lo que es similar, el por qué.
Por tanto, cambiemos un poco el prisma. Vamos a jugar al juego de “dónde se deciden las cosas”. La respuesta tradicional desde el siglo XVI en adelante es que la decisión se toma en el seno del Estado (monárquico o democrático), y que es el poder político el que decide cómo y cuando actuar. Si observamos el hoy en día, lo que encontramos es que, en efecto, el poder político sigue siendo el que decide, el que hace las leyes, el que aprueba medidas. Sin embargo, si comparamos las medidas que se toman con su efectividad, lo que vemos es que existe un abismo: las medidas de reforma del mercado laboral, por ejemplo, siguen sin reducir el paro, ni las medidas económicas están paliando la crisis. Se deciden cosas, pero estas son incapaces de detener o modificar la voracidad de los mercados financiero, del poder económico desatado que ha iniciado esta crisis. Así que, si se decide, pero importa poco.

Para responder a esta pregunta, lo primero que debemos decidir que es real. En este contexto, voy a usar real como “objetivo” o “externo”. Una pared es real, independientemente de las personas, la pared está en su lugar. Y si no crees en ella y quieres atravesarla, te vas a dar un buen bofetón. Dicho esto, empecemos por el principio. ¿Cómo se contruye la sociedad? La sociedad se construye de la interacción de dos dinámicas: las personas, y las instituciones. Veámoslas por partes:
Hace algo más de una semana hablaba sobre cómo
El otro día, hablando con un amigo mío sobre el futuro, el presente, y la vinculación entre sociología y ciencia-ficción salió a colación este trabajo que hice durante mi año de Doctorado para la asignatura de Sociología de la Literatura. Como me pidió que se lo enviase, he pensado que mejor lo cuelgo aquí, por si acaso a alguien más le pueda interesar el tema.
Durante dos horas, Charles Ferguson construye una enormemente elaborada visión sobre la crisis financiera de 2008 que inició la actual crisis económica. Así, lentamente comienza con los precedentes, los mecanismos que la hicieron posibles, y las mecánicas que llevaron a su aparición; a medida que avanza y gana fuerza, pasa a la crisis en si, a los responsables, y a las medidas que (no) se tomaron para solucionarla; y, finalmente, llega a las consecuencias, al lugar que ocupan esas personas en la actualidad, a las contradicciones del sistema.
Los economistas Mundell y Fleming propusieron un
Últimamente, parece que la marca España ha colonizado la prensa, y miremos donde miremos allí está. Sin embargo, la idea de la marca España no es nueva, simplemente se le ha dado una cierta prioridad política dentro de la agenda del gobierno. ¿Y por qué se ha hecho esto? Para entender esta política, hay que entender de qué se trata, y qué busca lograr.
En estos días, parece que los mercados quieren muchas cosas, exigen sacrificios, y demandan cambios. Y yo que aún no me he encontrado con ningún mercado para preguntarle qué le gusta…
Esta película nos narra la historia de una compañía financiera ficticia en los días del comienzo de la crisis económica de 2008. Bien podría ser el día antes del colapso de Goldman & Sachs, por ejemplo. Es un drama de una noche, que se dedica a mostrar más la parte personal que la parte económica (explicada de modo sucinto, pero claro, lo cual es de agradecer) de la crisis. Y esa es precisamente su mayor virtud.