Internet ha cambiado su cartografía y funcionamiento enormemente desde que se implementase por primera vez y fuese terreno de pioneros y hackers, hasta la actualidad donde dominan las empresas, blogs, youtube, redes sociales… Así que hoy no traigo mis palabras, sino las de John Perry Barlow (sacado del libro de Lawrence Lessig “El Código 2.0”) donde se declara la posición que, en 1996, los usuarios de internet más deseaban para si mismos. Lástima que el tiempo haya transformado esta bella visión en un simple espejismo idealizado de lo que es la realidad.
Gobiernos del Mundo Industrial, vosotros, cansados gigantes de carne y acero, vengo del ciberespacio, el nuevo hogar de la mente. En nombre del futuro, os pido a vosotros, que pertenecéis al pasado, que nos dejéis en paz. No sois bienvenidos entre nosotros. No ejercéis ninguna soberanía allá donde nos reunimos.
No poseemos ningún gobierno electo, ni es probable que lleguemos a tenerlo, así que me dirijo a vosotros sin ninguna otra autoridad que aquella con la que siempre habla la libertad. Declaro el espacio social mundial, que estamos construyendo, independiente por naturaleza de las tiranías que buscáis imponernos. No tenéis derecho moral alguno a gobernarnos ni poseéis tampoco ningún método para hacerlo que debamos temer en verdad.

En su momento ya charlamos de la situación en
La frase que da título a este post es de Wilfredo Pareto, uno de los grandes teóricos de las élites que ha habido en sociología. Y refleja la imagen habitual del proceso de cambio social que ha imperado durante gran parte de la historia: un grupo con el poder debe defenderse contra los grupos de advenedizos que se lo quieren quitar. Es el caso de la burguesía sustituyendo a la nobleza como el centro del poder a partir del Renacimiento, por ejemplo. Sin embargo, ¿sigue siendo válida en el siglo XXI?
El Emperador se sube a su caravana fastuosa, la gente dispara los fuegos artificiales y la comitiva se pone en marcha con gran pompa y circunstancia. La gente aclama a su paso, le vitorea, le anima. Hasta que, entre toda la gente, un niño dice “¡el Emperador va desnudo!”.
Tras trentaicinco años desde que se promulgó la actual Constitución, y aprovechando el final ahora del Puente de la Constitución, creo que es buen momento para hacer un balance de cómo ha sido el papel de la misma, sus luces y sus sombras. Y lo cierto es que un vistazo a nuestra historia reciente, y no tan reciente, a la forma en que se utiliza y maneja, rápidamente muestra una buena cantidad de ambas cosas.
Cada estructura tiene una serie de parámetros que definen su funcionalidad, el orígen de su poder, la forma de organizar su capacidad de acción, etc. Así, la estructura monárquica, por ejemplo, tiene un claro principio jerárquico de arriba a abajo. Pero, ¿cual es el principio que organiza la capacidad de acción y el poder de una red horizontal? Básicamente, hay dos principios que rigen una organización horizontal de cualquier clase.
A menudo, se tiene la sensación de que lo que ocurre en Internet no es algo suficientemente real. Los amigos online no son igual de amigos que los amigos físicos, es un terreno de juegos donde no ocurren cosas reales, donde la gente está sólo para su ocio. Sin embargo, todas estas nociones clásicas del mundo de la red de redes son falsas, como muestran cada vez más los estudios. Como bien dice Lawrence Lessig, la red es muy real.
